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“Impulsando el pensamiento crítico”. Cuenta2:@MisColumnas Cuenta3:@Math_Physics_1

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CHILEVISIÓN EN VIVO: Despacho desde el estadio nacional…se escucha a la multitud al unísono: ¡CHÚPALO KAST! ¡CHÚPALO KAST! ¡CHÚPALO KAST! 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣

CHILEVISIÓN EN VIVO: Despacho desde el estadio nacional…se escucha a la multitud al unísono: ¡CHÚPALO KAST! ¡CHÚPALO KAST! ¡CHÚPALO KAST! 🤣🤣🤣🤣🤣🤣🤣

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VERGONZOSO ENTREGUISMO La inconsecuencia hecha gobierno. José Antonio Kast ha pasado una vida opinando sobre naciones y sobre mandatarios extranjeros. Sobre Venezuela y sobre Cuba tiene un largo historial de críticas. Ha opinado sobre Lula en Brasil, sobre Sheinbaum en México, y fue a un foro a España organizado por Vox donde criticó a Pedro Sánchez y su esposa. Ejemplos sobran, pero le preguntan por las inaceptables palabras amenazantes de Trump contra Irán, y dice que no opina sobre declaraciones de terceros. Esta gente no tiene dignidad, son unos pobres bufones del poder. Será recordado como el peor gobierno en democracia reciente, y como el más grande entreguista de nuestra historia.

VERGONZOSO ENTREGUISMO La inconsecuencia hecha gobierno. José Antonio Kast ha pasado una vida opinando sobre naciones y sobre mandatarios extranjeros. Sobre Venezuela y sobre Cuba tiene un largo historial de críticas. Ha opinado sobre Lula en Brasil, sobre Sheinbaum en México, y fue a un foro a España organizado por Vox donde criticó a Pedro Sánchez y su esposa. Ejemplos sobran, pero le preguntan por las inaceptables palabras amenazantes de Trump contra Irán, y dice que no opina sobre declaraciones de terceros. Esta gente no tiene dignidad, son unos pobres bufones del poder. Será recordado como el peor gobierno en democracia reciente, y como el más grande entreguista de nuestra historia.

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Senador Carter, Rodolfo Carter 🇨🇱 Sería aconsejable que usted se entere de lo que implica participar del escudo de las Américas. Si usted cree que es sólo temas de seguridad y narcotráfico, entonces no ha hecho bien la pega, lea, infórmese, comprenda y vuelva a opinar. Si no tiene tiempo de hacerlo, aquí se lo resumo: La declaración establece tres pilares: económico, seguridad y coordinación multilateral. Allí el Escudo adquiere otra dimensión. Los países plantean controles de inversiones, cadenas de suministro de minerales críticos con proveedores confiables, regulaciones digitales y coordinación internacional. Para Chile esto no es un detalle. Somos productores fundamentales de cobre y litio, y mantenemos una intensa relación comercial con China (nuestro principal socio comercial). China representa cerca del 35% de nuestras exportaciones y Estados Unidos el 16%, no creo que sea muy complejo de entender. Mezclar seguridad con inversiones, minerales críticos, infraestructura digital y “proveedores confiables” introduce una variable geopolítica en decisiones que Chile siempre ha procurado manejar con autonomía, y que al parecer usted ha omitido en la entrevista que dio a CNN Chile. Estados Unidos está redefiniendo su posición frente a Latinoamérica. Donald Trump ha hablado de reafirmar la primacía estadounidense en el hemisferio y vincula esa estrategia al combate contra organizaciones narcotraficantes, en una lógica que remite a la Doctrina Monroe. ¿La conoce? Senador, Washington no propone solamente compartir información sobre delincuentes. Construye una red que entrelaza seguridad, inteligencia, inversiones, minerales estratégicos, tecnología y diplomacia. Al final, será Estados Unidos quien defina o simplemente busque autorizar con quién podemos o no hacer negocios, esa es la intención de fondo, disfrazada de seguridad y narcotráfico. Lea e infórmese, es una sana medida, y tratándose de un honorable senador de la República, resulta impresentable que siga hablando de oído. No todo es apoyo ideológico irrestricto. La ceguera voluntaria suele ser la peor de todas. Atte. RX. cc Vlado Mirosevic

Senador Carter, Rodolfo Carter 🇨🇱 Sería aconsejable que usted se entere de lo que implica participar del escudo de las Américas. Si usted cree que es sólo temas de seguridad y narcotráfico, entonces no ha hecho bien la pega, lea, infórmese, comprenda y vuelva a opinar. Si no tiene tiempo de hacerlo, aquí se lo resumo: La declaración establece tres pilares: económico, seguridad y coordinación multilateral. Allí el Escudo adquiere otra dimensión. Los países plantean controles de inversiones, cadenas de suministro de minerales críticos con proveedores confiables, regulaciones digitales y coordinación internacional. Para Chile esto no es un detalle. Somos productores fundamentales de cobre y litio, y mantenemos una intensa relación comercial con China (nuestro principal socio comercial). China representa cerca del 35% de nuestras exportaciones y Estados Unidos el 16%, no creo que sea muy complejo de entender. Mezclar seguridad con inversiones, minerales críticos, infraestructura digital y “proveedores confiables” introduce una variable geopolítica en decisiones que Chile siempre ha procurado manejar con autonomía, y que al parecer usted ha omitido en la entrevista que dio a CNN Chile. Estados Unidos está redefiniendo su posición frente a Latinoamérica. Donald Trump ha hablado de reafirmar la primacía estadounidense en el hemisferio y vincula esa estrategia al combate contra organizaciones narcotraficantes, en una lógica que remite a la Doctrina Monroe. ¿La conoce? Senador, Washington no propone solamente compartir información sobre delincuentes. Construye una red que entrelaza seguridad, inteligencia, inversiones, minerales estratégicos, tecnología y diplomacia. Al final, será Estados Unidos quien defina o simplemente busque autorizar con quién podemos o no hacer negocios, esa es la intención de fondo, disfrazada de seguridad y narcotráfico. Lea e infórmese, es una sana medida, y tratándose de un honorable senador de la República, resulta impresentable que siga hablando de oído. No todo es apoyo ideológico irrestricto. La ceguera voluntaria suele ser la peor de todas. Atte. RX. cc Vlado Mirosevic

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FUERTE & CLARO. José Antonio Neme pregunta en vivo a una señora emprendedora: ¿Cómo ve el país? Escuchen la elocuencia de su respuesta… Nada como la sabiduría popular.

FUERTE & CLARO. José Antonio Neme pregunta en vivo a una señora emprendedora: ¿Cómo ve el país? Escuchen la elocuencia de su respuesta… Nada como la sabiduría popular.

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NOS GOBIERNA UN ESTÚPIDO. • PERIODISTA: ya que está a punto de cumplir seis meses en la moneda, ¿cuál ha sido su principal acierto y su mayor error en este tiempo? • KAST: yo creo que mi principal acierto fue irme a vivir a La Moneda…jajaja. (Sic)

NOS GOBIERNA UN ESTÚPIDO. • PERIODISTA: ya que está a punto de cumplir seis meses en la moneda, ¿cuál ha sido su principal acierto y su mayor error en este tiempo? • KAST: yo creo que mi principal acierto fue irme a vivir a La Moneda…jajaja. (Sic)

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LA INJUSTICIA DEL AZAR Y LA CRUDEZA DEL DESTINO Hay muertes que no admiten explicación moral. No enseñan, no redimen, no ordenan el mundo. Ocurren y ya. Son la expresión más desnuda del azar, esa fuerza impersonal que reparte tragedias sin criterio, como si el universo jugara a lanzar dados sobre la vida humana. Un accidente —así lo llamamos, con una palabra pequeña— basta para recordarlo. Un choque. Un transporte de gas. Un líquido contenido a baja temperatura y alta presión que, al liberarse, deja de obedecer. Se convierte en nube. En manto invisible. En abrazo mortal. Avanza pegado al suelo, pesado, silencioso, cubriendo todo lo que encuentra: autos detenidos, personas apuradas, ciclistas concentrados en el equilibrio, peatones pensando en el almuerzo o en llegar a casa. Y luego, en un instante que no alcanza a ser medido, una chispa. Cualquiera. Una bujía, un cigarro, un motor que insiste en girar. Y el mundo cambia para siempre. La combustión no avisa. No da tiempo a comprender, menos a huir. La reacción se propaga más rápido que el pensamiento, más rápido que el miedo. El fuego corre donde antes había rutina. El estruendo queda grabado en la memoria de quienes sobreviven, como una cicatriz sonora que nunca termina de cerrarse. Y para quienes estaban ahí, en ese punto exacto del mapa y del tiempo, ya no hay memoria: sólo destino cumplido. Eso es lo que duele. No el accidente en sí, sino su arbitrariedad. La injusticia radical de estar en el lugar incorrecto en el momento nefasto. No por imprudencia, no por decisión, no por error propio. Simplemente por estar. Por coincidir. Por haber salido cinco minutos antes o después. Por haber elegido esa ruta y no otra. Por haber detenido el auto en ese semáforo y no en el siguiente. Minutos antes, esas personas pensaban en cosas pequeñas y humanas. En llegar a tiempo. En una llamada pendiente. En una deuda, en un mensaje, en una cita. La vida en su forma más simple y cotidiana. Nada anunciaba el final. Ninguna señal, ningún presagio. El destino no envía notificaciones. Sólo cae. Nos cuesta aceptar que la muerte, a veces, no tiene relato ni causa profunda. Que no hay enseñanza proporcional al dolor. Que no todo ocurre “por algo”. Hay tragedias que no explican nada: sólo interrumpen. Cortan biografías a mitad de frase. Dejan objetos huérfanos de dueños y palabras sin destinatario. Frente a eso, el ser humano intenta ordenar el caos con conceptos nobles: azar, destino, fatalidad. Son intentos de nombrar lo innombrable, de darle forma al absurdo. Pero en el fondo sabemos que no hay consuelo suficiente. Sólo queda el respeto por quienes no tuvieron opción. La memoria de esas vidas detenidas sin consentimiento. Y la conciencia, incómoda y persistente, de que la línea que separa un día cualquiera de una catástrofe es infinitamente delgada. Hoy fueron otros. Mañana, nadie lo sabe. El azar no distingue, el destino no explica. Y quizá por eso, entender su crueldad no nos vuelve cínicos, sino más atentos. Más frágiles. Más conscientes de que vivir —simplemente vivir— es un privilegio precario, sostenido por una combinación misteriosa de rutinas, coincidencias y silencios que, cuando se rompen, nos recuerdan cuán poco control tenemos sobre el final. Mis Columnas

LA INJUSTICIA DEL AZAR Y LA CRUDEZA DEL DESTINO Hay muertes que no admiten explicación moral. No enseñan, no redimen, no ordenan el mundo. Ocurren y ya. Son la expresión más desnuda del azar, esa fuerza impersonal que reparte tragedias sin criterio, como si el universo jugara a lanzar dados sobre la vida humana. Un accidente —así lo llamamos, con una palabra pequeña— basta para recordarlo. Un choque. Un transporte de gas. Un líquido contenido a baja temperatura y alta presión que, al liberarse, deja de obedecer. Se convierte en nube. En manto invisible. En abrazo mortal. Avanza pegado al suelo, pesado, silencioso, cubriendo todo lo que encuentra: autos detenidos, personas apuradas, ciclistas concentrados en el equilibrio, peatones pensando en el almuerzo o en llegar a casa. Y luego, en un instante que no alcanza a ser medido, una chispa. Cualquiera. Una bujía, un cigarro, un motor que insiste en girar. Y el mundo cambia para siempre. La combustión no avisa. No da tiempo a comprender, menos a huir. La reacción se propaga más rápido que el pensamiento, más rápido que el miedo. El fuego corre donde antes había rutina. El estruendo queda grabado en la memoria de quienes sobreviven, como una cicatriz sonora que nunca termina de cerrarse. Y para quienes estaban ahí, en ese punto exacto del mapa y del tiempo, ya no hay memoria: sólo destino cumplido. Eso es lo que duele. No el accidente en sí, sino su arbitrariedad. La injusticia radical de estar en el lugar incorrecto en el momento nefasto. No por imprudencia, no por decisión, no por error propio. Simplemente por estar. Por coincidir. Por haber salido cinco minutos antes o después. Por haber elegido esa ruta y no otra. Por haber detenido el auto en ese semáforo y no en el siguiente. Minutos antes, esas personas pensaban en cosas pequeñas y humanas. En llegar a tiempo. En una llamada pendiente. En una deuda, en un mensaje, en una cita. La vida en su forma más simple y cotidiana. Nada anunciaba el final. Ninguna señal, ningún presagio. El destino no envía notificaciones. Sólo cae. Nos cuesta aceptar que la muerte, a veces, no tiene relato ni causa profunda. Que no hay enseñanza proporcional al dolor. Que no todo ocurre “por algo”. Hay tragedias que no explican nada: sólo interrumpen. Cortan biografías a mitad de frase. Dejan objetos huérfanos de dueños y palabras sin destinatario. Frente a eso, el ser humano intenta ordenar el caos con conceptos nobles: azar, destino, fatalidad. Son intentos de nombrar lo innombrable, de darle forma al absurdo. Pero en el fondo sabemos que no hay consuelo suficiente. Sólo queda el respeto por quienes no tuvieron opción. La memoria de esas vidas detenidas sin consentimiento. Y la conciencia, incómoda y persistente, de que la línea que separa un día cualquiera de una catástrofe es infinitamente delgada. Hoy fueron otros. Mañana, nadie lo sabe. El azar no distingue, el destino no explica. Y quizá por eso, entender su crueldad no nos vuelve cínicos, sino más atentos. Más frágiles. Más conscientes de que vivir —simplemente vivir— es un privilegio precario, sostenido por una combinación misteriosa de rutinas, coincidencias y silencios que, cuando se rompen, nos recuerdan cuán poco control tenemos sobre el final. Mis Columnas

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ACLARACIÓN La alcaldesa de Vitacura, Camila Merino, nos cuenta que ella también cuando joven jugó al “Ring Raja”, pero aclara que ahora de adulta no lo hace. Gracias por la aclaración alcaldesa, era necesaria. 🤦🏻‍♂️

ACLARACIÓN La alcaldesa de Vitacura, Camila Merino, nos cuenta que ella también cuando joven jugó al “Ring Raja”, pero aclara que ahora de adulta no lo hace. Gracias por la aclaración alcaldesa, era necesaria. 🤦🏻‍♂️

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CARTA ABIERTA A: JOSÉ ANTONIO KAST Presidente José Antonio Kast Rist 🖐️🇨🇱 Su entrevista radial nos permitió conocer una faceta hasta ahora desconocida de usted: la prudencia. Después de años opinando sobre presidentes, gobiernos y dirigentes extranjeros, descubrimos que también sabe guardar silencio. Quién lo hubiera imaginado. Le preguntaron por Javier Milei, quien en Chile volvió a exhibir esa delicadeza republicana que lo caracteriza: trató a sus adversarios de “zurdos mugrosos”, habló del “cáncer de la izquierda” y reivindicó el derrocamiento de Allende y el período de Pinochet. Y usted, Presidente, súbitamente se quedó sin opinión. Dijo que “no lo habría dicho”, pero que no comentaría las palabras de Milei. Admirable prudencia. Lástima que haya aparecido tan tarde y, curiosamente, funcione sólo con algunos. Porque usted ha opinado sobre Boric, Bachelet, Lula, Sheinbaum y tantos más. Durante años su capacidad para comentar la política ajena pareció inagotable. Nunca conocimos esa doctrina de abstenerse de juzgar a otro mandatario. Hasta que habló Milei. Entonces nació el estadista prudente. Y llegó su explicación: fue un “acto privado con connotación pública”. Magnífica categoría. Un foro político, con dirigentes, periodistas y cámaras sería un acto privado. Siguiendo esa lógica, La Moneda podría ser considerada su residencia particular con ciertas connotaciones administrativas. Pero aquí aparece algo más interesante: la Doctrina Kast del Silencio Selectivo. Funciona así: Si habla un adversario, usted condena y pontifica. Si habla un amigo, se activa la prudencia y la súbita afonía republicana. Una doctrina eficiente: permite tener principios sin la incomodidad de aplicarlos a los amigos. El problema no son sólo las groserías del mandatario argentino. Nadie espera refinamiento de quien convirtió el insulto en herramienta política. Usted no necesitaba compartir una idea de izquierda para decir algo elemental: los adversarios democráticos no son mugre, millones de ciudadanos no son un cáncer que deba extirparse y una dictadura responsable de graves violaciones a los derechos humanos no merece reivindicación. Eso no era izquierda ni derecha. Era democracia. Tampoco necesitaba un conflicto con Argentina. Bastaban veinte segundos de independencia. Pero prefirió decir que usted “no lo habría dicho”. Qué alivio. Podemos dormir tranquilos: si nuestro Presidente debiera insultar a media sociedad, probablemente elegiría otros adjetivos. Esa es la maravilla: cuestionó la forma sin condenar el fondo. Milei podía hablar de cáncer, degradar adversarios y reivindicar a Pinochet; aparentemente el inconveniente era estilístico. Presidente, la diplomacia no consiste en quedar mudo frente a los amigos. Consiste en conservar relaciones incluso expresando discrepancias. Lo otro tiene un nombre bastante menos solemne: condescendencia. Y la comparación resulta inevitable. Con Bachelet hubo palabras. Con Boric hubo palabras. Con Lula hubo palabras. Con Sheinbaum hubo palabras. Con otros presidentes también hubo palabras. Con Milei hubo silencio. Extraña coincidencia. La doctrina tiene otra ventaja: evita explicar por qué lo intolerable en un adversario se vuelve apenas incómodo en un aliado. Es relativismo moral con pasaporte diplomático. Pudo decir que Chile respeta al adversario democrático y no trivializa una dictadura. No necesitaba un discurso. Ni una cadena nacional. Ni siquiera una declaración oficial. Necesitaba una frase. Pero esa frase nunca llegó. Después de escucharlo opinar durante años sobre casi todo, cuesta creer que frente a Milei se haya quedado sin palabras. Tal vez no le faltaron. Tal vez la doctrina establece que las convicciones se expresan siempre, salvo cuando incomodan a los amigos. En política exterior eso podrá llamarse prudencia. En castellano tiene nombres bastante menos diplomáticos. Mis Columnas

CARTA ABIERTA A: JOSÉ ANTONIO KAST Presidente José Antonio Kast Rist 🖐️🇨🇱 Su entrevista radial nos permitió conocer una faceta hasta ahora desconocida de usted: la prudencia. Después de años opinando sobre presidentes, gobiernos y dirigentes extranjeros, descubrimos que también sabe guardar silencio. Quién lo hubiera imaginado. Le preguntaron por Javier Milei, quien en Chile volvió a exhibir esa delicadeza republicana que lo caracteriza: trató a sus adversarios de “zurdos mugrosos”, habló del “cáncer de la izquierda” y reivindicó el derrocamiento de Allende y el período de Pinochet. Y usted, Presidente, súbitamente se quedó sin opinión. Dijo que “no lo habría dicho”, pero que no comentaría las palabras de Milei. Admirable prudencia. Lástima que haya aparecido tan tarde y, curiosamente, funcione sólo con algunos. Porque usted ha opinado sobre Boric, Bachelet, Lula, Sheinbaum y tantos más. Durante años su capacidad para comentar la política ajena pareció inagotable. Nunca conocimos esa doctrina de abstenerse de juzgar a otro mandatario. Hasta que habló Milei. Entonces nació el estadista prudente. Y llegó su explicación: fue un “acto privado con connotación pública”. Magnífica categoría. Un foro político, con dirigentes, periodistas y cámaras sería un acto privado. Siguiendo esa lógica, La Moneda podría ser considerada su residencia particular con ciertas connotaciones administrativas. Pero aquí aparece algo más interesante: la Doctrina Kast del Silencio Selectivo. Funciona así: Si habla un adversario, usted condena y pontifica. Si habla un amigo, se activa la prudencia y la súbita afonía republicana. Una doctrina eficiente: permite tener principios sin la incomodidad de aplicarlos a los amigos. El problema no son sólo las groserías del mandatario argentino. Nadie espera refinamiento de quien convirtió el insulto en herramienta política. Usted no necesitaba compartir una idea de izquierda para decir algo elemental: los adversarios democráticos no son mugre, millones de ciudadanos no son un cáncer que deba extirparse y una dictadura responsable de graves violaciones a los derechos humanos no merece reivindicación. Eso no era izquierda ni derecha. Era democracia. Tampoco necesitaba un conflicto con Argentina. Bastaban veinte segundos de independencia. Pero prefirió decir que usted “no lo habría dicho”. Qué alivio. Podemos dormir tranquilos: si nuestro Presidente debiera insultar a media sociedad, probablemente elegiría otros adjetivos. Esa es la maravilla: cuestionó la forma sin condenar el fondo. Milei podía hablar de cáncer, degradar adversarios y reivindicar a Pinochet; aparentemente el inconveniente era estilístico. Presidente, la diplomacia no consiste en quedar mudo frente a los amigos. Consiste en conservar relaciones incluso expresando discrepancias. Lo otro tiene un nombre bastante menos solemne: condescendencia. Y la comparación resulta inevitable. Con Bachelet hubo palabras. Con Boric hubo palabras. Con Lula hubo palabras. Con Sheinbaum hubo palabras. Con otros presidentes también hubo palabras. Con Milei hubo silencio. Extraña coincidencia. La doctrina tiene otra ventaja: evita explicar por qué lo intolerable en un adversario se vuelve apenas incómodo en un aliado. Es relativismo moral con pasaporte diplomático. Pudo decir que Chile respeta al adversario democrático y no trivializa una dictadura. No necesitaba un discurso. Ni una cadena nacional. Ni siquiera una declaración oficial. Necesitaba una frase. Pero esa frase nunca llegó. Después de escucharlo opinar durante años sobre casi todo, cuesta creer que frente a Milei se haya quedado sin palabras. Tal vez no le faltaron. Tal vez la doctrina establece que las convicciones se expresan siempre, salvo cuando incomodan a los amigos. En política exterior eso podrá llamarse prudencia. En castellano tiene nombres bastante menos diplomáticos. Mis Columnas

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CON DEMASIADA TOLERANCIA Acabo de ver la entrevista a Javier Olivares en el programa Tolerancia Cero, y definitivamente es un imbécil superlativo, de tomo y lomo, como pocas veces se puede ver en TV. Mis respetos a los 4 panelistas que por mantener las formas no lo ridiculizaron como cualquiera lo hubiese hecho. Quizá el programa debería cambiar de nombre a Demasiada Tolerancia, o Tolerancia Infinita. Tener que entrevistar a un idiota debe ser muy complejo y muy difícil. Mónica Rincón González Rocío Montes Pepe Auth #ToleranciaCero

CON DEMASIADA TOLERANCIA Acabo de ver la entrevista a Javier Olivares en el programa Tolerancia Cero, y definitivamente es un imbécil superlativo, de tomo y lomo, como pocas veces se puede ver en TV. Mis respetos a los 4 panelistas que por mantener las formas no lo ridiculizaron como cualquiera lo hubiese hecho. Quizá el programa debería cambiar de nombre a Demasiada Tolerancia, o Tolerancia Infinita. Tener que entrevistar a un idiota debe ser muy complejo y muy difícil. Mónica Rincón González Rocío Montes Pepe Auth #ToleranciaCero

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El elector de Kast. (Concluya usted)

El elector de Kast. (Concluya usted)

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“Los gobiernos que NO comunican lo que NO hacen no tienen buena receptividad ciudadana”. Claudio Alvarado. Min. Interior y Vocero. Señor Alvarado. Claudio Alvarado A. Es como decir: No le diré al médico lo que no me duele… ¿Qué tipo de lógica es esa? No hay caso, el lenguaje no se les dio, no se les da y no se les dará. Clases de lógica urgente para el nuevo vocero.

“Los gobiernos que NO comunican lo que NO hacen no tienen buena receptividad ciudadana”. Claudio Alvarado. Min. Interior y Vocero. Señor Alvarado. Claudio Alvarado A. Es como decir: No le diré al médico lo que no me duele… ¿Qué tipo de lógica es esa? No hay caso, el lenguaje no se les dio, no se les da y no se les dará. Clases de lógica urgente para el nuevo vocero.

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LA VERDADERA EMERGENCIA ES EL LENGUAJE Gobernar en gerundio, pensar en borrador. Cuando el poder conjuga mal los verbos, la realidad termina mal escrita. Hay gobiernos que tropiezan en la gestión, otros en la estrategia, algunos en la ética. Este, en cambio, tropieza —y con estrépito— en algo más primario: el lenguaje. Y cuando la palabra falla, no solo se erosiona la forma; se desnuda el fondo. Desde la irrupción de José Antonio Kast y su cohorte ministerial, hemos asistido a un fenómeno curioso: la progresiva degradación del discurso público. No se trata de una cuestión estética ni de elitismo retórico, como apresuradamente podrían caricaturizar algunos, sino de un problema funcional. Gobernar es, en esencia, comunicar. Y aquí, la comunicación no alcanza siquiera el umbral de lo aceptable. Lo que en un inicio pudo interpretarse como inexperiencia, hoy se revela como una constante estructural. Ministros con posgrados —al menos en el papel— que balbucean ideas inconexas; subsecretarios que convierten el exordio en un campo minado de muletillas; vocerías que parecen improvisaciones de sobremesa mal iluminada. La pobreza léxica es apenas la superficie de un problema más profundo: la incapacidad de articular pensamiento con claridad. Porque el lenguaje no es un adorno: es pensamiento en voz alta. Y cuando la sintaxis se desmorona, lo que cae no es sólo la frase, sino la idea misma. Escuchar a ciertas autoridades es asistir a una suerte de naufragio semántico, donde las palabras flotan sin dirección, sin ritmo, sin jerarquía. No hay cadencia, no hay intención, no hay estructura. Sólo ruido. En columnas anteriores —pienso particularmente en aquella dedicada a la vocera Mara Sedini— ya advertíamos esta tendencia: una retórica que abdica de toda aspiración a la precisión y se refugia en una falsa cercanía, como si la informalidad fuese sinónimo de autenticidad. Pero no lo es. Es, más bien, la coartada de la mediocridad. El caso del propio presidente Kast no es mejor, un exordio plano, simplón, facilista, un discurso poco elaborado y pobre en su contenido y técnica, en las antípodas de un estadista de verdad. No hay profundidad, no hay precisión ni conocimiento, menos agudeza ni exactitud. El caso del hoy diputado Orrego es patético, verbaliza mal, no modula y lo peor, no logra salir del mismo lugar común cada vez que habla. Hasta para insultar se requiere cierta lucidez diría el gran Schopenhauer. El problema no es que hablen “como la gente”. Es que hablan peor que la gente cuando la gente intenta hablar bien. Hay en ello una paradoja inquietante: quienes detentan el poder parecen haber renunciado a la responsabilidad de elevar el estándar del discurso público, optando en cambio por mimetizarse con su versión más precaria. Se dirá —y con algo de razón— que la gestión importa más que la elocuencia. Pero esta es una falsa dicotomía. La buena gestión necesita ser explicada, defendida, persuadida. Sin lenguaje, no hay política, hay administración muda. Y un gobierno que no sabe decir lo que hace, termina no sabiendo qué hacer. Lo más preocupante, sin embargo, no es el diagnóstico, sino el pronóstico. No hay señales de corrección. No hay autoconciencia. No hay, siquiera, incomodidad. Se habla mal con la tranquilidad de quien no percibe el error, de quien ha vivido siempre en un ecosistema donde la precariedad lingüística es norma y no excepción. Así, el problema deja de ser individual y se vuelve cultural. No estamos ante ministros que hablan mal, sino ante una élite que ha naturalizado hablar mal. Y cuando eso ocurre, la política pierde una de sus herramientas más nobles: la palabra como instrumento de construcción común. En definitiva, este gobierno no solo desafina: ha olvidado que existe una partitura. Y en ese olvido, cada intervención pública se convierte en una disonancia, en un ejercicio involuntario de descomposición. Porque cuando el lenguaje se empobrece, la política no tarda en seguirle el paso. Mis Columnas

LA VERDADERA EMERGENCIA ES EL LENGUAJE Gobernar en gerundio, pensar en borrador. Cuando el poder conjuga mal los verbos, la realidad termina mal escrita. Hay gobiernos que tropiezan en la gestión, otros en la estrategia, algunos en la ética. Este, en cambio, tropieza —y con estrépito— en algo más primario: el lenguaje. Y cuando la palabra falla, no solo se erosiona la forma; se desnuda el fondo. Desde la irrupción de José Antonio Kast y su cohorte ministerial, hemos asistido a un fenómeno curioso: la progresiva degradación del discurso público. No se trata de una cuestión estética ni de elitismo retórico, como apresuradamente podrían caricaturizar algunos, sino de un problema funcional. Gobernar es, en esencia, comunicar. Y aquí, la comunicación no alcanza siquiera el umbral de lo aceptable. Lo que en un inicio pudo interpretarse como inexperiencia, hoy se revela como una constante estructural. Ministros con posgrados —al menos en el papel— que balbucean ideas inconexas; subsecretarios que convierten el exordio en un campo minado de muletillas; vocerías que parecen improvisaciones de sobremesa mal iluminada. La pobreza léxica es apenas la superficie de un problema más profundo: la incapacidad de articular pensamiento con claridad. Porque el lenguaje no es un adorno: es pensamiento en voz alta. Y cuando la sintaxis se desmorona, lo que cae no es sólo la frase, sino la idea misma. Escuchar a ciertas autoridades es asistir a una suerte de naufragio semántico, donde las palabras flotan sin dirección, sin ritmo, sin jerarquía. No hay cadencia, no hay intención, no hay estructura. Sólo ruido. En columnas anteriores —pienso particularmente en aquella dedicada a la vocera Mara Sedini— ya advertíamos esta tendencia: una retórica que abdica de toda aspiración a la precisión y se refugia en una falsa cercanía, como si la informalidad fuese sinónimo de autenticidad. Pero no lo es. Es, más bien, la coartada de la mediocridad. El caso del propio presidente Kast no es mejor, un exordio plano, simplón, facilista, un discurso poco elaborado y pobre en su contenido y técnica, en las antípodas de un estadista de verdad. No hay profundidad, no hay precisión ni conocimiento, menos agudeza ni exactitud. El caso del hoy diputado Orrego es patético, verbaliza mal, no modula y lo peor, no logra salir del mismo lugar común cada vez que habla. Hasta para insultar se requiere cierta lucidez diría el gran Schopenhauer. El problema no es que hablen “como la gente”. Es que hablan peor que la gente cuando la gente intenta hablar bien. Hay en ello una paradoja inquietante: quienes detentan el poder parecen haber renunciado a la responsabilidad de elevar el estándar del discurso público, optando en cambio por mimetizarse con su versión más precaria. Se dirá —y con algo de razón— que la gestión importa más que la elocuencia. Pero esta es una falsa dicotomía. La buena gestión necesita ser explicada, defendida, persuadida. Sin lenguaje, no hay política, hay administración muda. Y un gobierno que no sabe decir lo que hace, termina no sabiendo qué hacer. Lo más preocupante, sin embargo, no es el diagnóstico, sino el pronóstico. No hay señales de corrección. No hay autoconciencia. No hay, siquiera, incomodidad. Se habla mal con la tranquilidad de quien no percibe el error, de quien ha vivido siempre en un ecosistema donde la precariedad lingüística es norma y no excepción. Así, el problema deja de ser individual y se vuelve cultural. No estamos ante ministros que hablan mal, sino ante una élite que ha naturalizado hablar mal. Y cuando eso ocurre, la política pierde una de sus herramientas más nobles: la palabra como instrumento de construcción común. En definitiva, este gobierno no solo desafina: ha olvidado que existe una partitura. Y en ese olvido, cada intervención pública se convierte en una disonancia, en un ejercicio involuntario de descomposición. Porque cuando el lenguaje se empobrece, la política no tarda en seguirle el paso. Mis Columnas

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LA CÁPSULA DEL TIEMPO. Mara Sedini del pasado le habla a Mara Sedini del presente.

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Vergüenza ajena…que cresta votaron. Argentina expaís. Encierren a ese weón…los va a destruir a todos.

Vergüenza ajena…que cresta votaron. Argentina expaís. Encierren a ese weón…los va a destruir a todos.

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Cada vez que Renato Garín pasa por esta red, es imposible olvidar el debate que ha “Abrío”.

Cada vez que Renato Garín pasa por esta red, es imposible olvidar el debate que ha “Abrío”.

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CARTA ABIERTA A LA MINISTRA DE CIENCIA, TECNOLOGÍA CONOCIMIENTO E INNOVACIÓN. Ximena Lincolao. @Ximenatech Señora Ministra: Hay frases que, por su ligereza, se desvanecen en el aire. Y hay otras —como la suya— que, por su torpeza, merecen ser detenidas, observadas y, si es necesario, desarmadas pieza por pieza. Usted ha señalado que: “uno de los mejores regalos que recibió en su vida fue haber sido pobre”. Permítame decirle, con toda franqueza y respeto, que no es una frase inspiradora; es una afirmación profundamente equivocada y absolutamente errada. La pobreza no es un regalo. No lo ha sido nunca. No lo es en la literatura, ni en la estadística, ni en la experiencia concreta de millones de personas que no pueden darse el lujo de reinterpretarla como una metáfora edificante. La pobreza es carencia: de oportunidades, de acceso, de tiempo, de dignidad. Es restricción acumulativa, no una escuela de virtudes. Cuando una autoridad pública decide romantizarla, lo que hace no es dignificar la adversidad, sino trivializarla. Transforma una condición estructural que el Estado debe combatir en una suerte de anécdota formativa, casi pedagógica. Como si la escasez fuera un curso intensivo de carácter. Como si el hambre tuviera valor didáctico. Como si la precariedad fuese, en el fondo, una bendición mal comprendida. ¿Se da cuenta de la paradoja que encierra su afirmación? Si la pobreza fuese realmente un “regalo”, entonces el esfuerzo institucional por erradicarla carecería de sentido. Bastaría con distribuirla. Convertirla en política pública. Democratizar ese supuesto beneficio. Pero no lo hacemos —y usted lo sabe— porque la pobreza no fortalece: limita y condiciona, en definitiva, reduce horizontes. Hay, además, un error de razonamiento que resulta particularmente inquietante en alguien que encabeza una cartera vinculada al conocimiento. Haber desarrollado resiliencia o disciplina a pesar de la pobreza, no convierte a la pobreza en una causa virtuosa. Confundir ambas cosas es caer en una trampa elemental: atribuirle al obstáculo el mérito del que logra superarlo. Es como elogiar la enfermedad por haber producido un sobreviviente. Pero quizá lo más delicado de su frase no es su debilidad lógica, sino su trasfondo moral. Porque en ella se percibe una forma sutil de autocelebración: una narrativa donde la biografía personal se eleva a categoría de ejemplo universal. Usted salió adelante, y eso es valioso. Pero de ahí a concluir que la condición que es en sí misma una limitante, fue en realidad, un “regalo”, es una conjetura que no resiste el menor análisis. Mientras usted resignifica su pasado, hay miles —millones— que no pueden hacerlo. Que no encuentran en la pobreza ni épica ni redención. Que no la recuerdan como un peldaño, sino como un peso. Y para ellos, escuchar a una ministra hablar de “regalos” en medio de la carencia no es inspirador, es, francamente, ofensivo. Señora ministra, el lenguaje importa. Y más aún cuando se ejerce desde el poder. No se trata de censurar su historia personal, sino de exigirle rigor al momento de interpretarla en público. Si su intención era destacar la resiliencia, bastaba con decirlo. Si quería subrayar el valor del esfuerzo, había caminos mucho más precisos. Pero elegir la pobreza como metáfora positiva no es valentía discursiva, es un descuido intelectual imperdonable. Porque, al final, lo que está en juego no es una frase aislada, sino la manera en que entendemos los problemas que decimos querer resolver. Y en eso, conviene ser precisos y categóricos: la pobreza no es un regalo. Es un problema. Y tratarla como lo primero es olvidar —o peor aún, ignorar— la urgencia de lo segundo. Atentamente, Un ciudadano que espera más rigor, y bastante más lucidez, de sus autoridades. Mis Columnas

CARTA ABIERTA A LA MINISTRA DE CIENCIA, TECNOLOGÍA CONOCIMIENTO E INNOVACIÓN. Ximena Lincolao. @Ximenatech Señora Ministra: Hay frases que, por su ligereza, se desvanecen en el aire. Y hay otras —como la suya— que, por su torpeza, merecen ser detenidas, observadas y, si es necesario, desarmadas pieza por pieza. Usted ha señalado que: “uno de los mejores regalos que recibió en su vida fue haber sido pobre”. Permítame decirle, con toda franqueza y respeto, que no es una frase inspiradora; es una afirmación profundamente equivocada y absolutamente errada. La pobreza no es un regalo. No lo ha sido nunca. No lo es en la literatura, ni en la estadística, ni en la experiencia concreta de millones de personas que no pueden darse el lujo de reinterpretarla como una metáfora edificante. La pobreza es carencia: de oportunidades, de acceso, de tiempo, de dignidad. Es restricción acumulativa, no una escuela de virtudes. Cuando una autoridad pública decide romantizarla, lo que hace no es dignificar la adversidad, sino trivializarla. Transforma una condición estructural que el Estado debe combatir en una suerte de anécdota formativa, casi pedagógica. Como si la escasez fuera un curso intensivo de carácter. Como si el hambre tuviera valor didáctico. Como si la precariedad fuese, en el fondo, una bendición mal comprendida. ¿Se da cuenta de la paradoja que encierra su afirmación? Si la pobreza fuese realmente un “regalo”, entonces el esfuerzo institucional por erradicarla carecería de sentido. Bastaría con distribuirla. Convertirla en política pública. Democratizar ese supuesto beneficio. Pero no lo hacemos —y usted lo sabe— porque la pobreza no fortalece: limita y condiciona, en definitiva, reduce horizontes. Hay, además, un error de razonamiento que resulta particularmente inquietante en alguien que encabeza una cartera vinculada al conocimiento. Haber desarrollado resiliencia o disciplina a pesar de la pobreza, no convierte a la pobreza en una causa virtuosa. Confundir ambas cosas es caer en una trampa elemental: atribuirle al obstáculo el mérito del que logra superarlo. Es como elogiar la enfermedad por haber producido un sobreviviente. Pero quizá lo más delicado de su frase no es su debilidad lógica, sino su trasfondo moral. Porque en ella se percibe una forma sutil de autocelebración: una narrativa donde la biografía personal se eleva a categoría de ejemplo universal. Usted salió adelante, y eso es valioso. Pero de ahí a concluir que la condición que es en sí misma una limitante, fue en realidad, un “regalo”, es una conjetura que no resiste el menor análisis. Mientras usted resignifica su pasado, hay miles —millones— que no pueden hacerlo. Que no encuentran en la pobreza ni épica ni redención. Que no la recuerdan como un peldaño, sino como un peso. Y para ellos, escuchar a una ministra hablar de “regalos” en medio de la carencia no es inspirador, es, francamente, ofensivo. Señora ministra, el lenguaje importa. Y más aún cuando se ejerce desde el poder. No se trata de censurar su historia personal, sino de exigirle rigor al momento de interpretarla en público. Si su intención era destacar la resiliencia, bastaba con decirlo. Si quería subrayar el valor del esfuerzo, había caminos mucho más precisos. Pero elegir la pobreza como metáfora positiva no es valentía discursiva, es un descuido intelectual imperdonable. Porque, al final, lo que está en juego no es una frase aislada, sino la manera en que entendemos los problemas que decimos querer resolver. Y en eso, conviene ser precisos y categóricos: la pobreza no es un regalo. Es un problema. Y tratarla como lo primero es olvidar —o peor aún, ignorar— la urgencia de lo segundo. Atentamente, Un ciudadano que espera más rigor, y bastante más lucidez, de sus autoridades. Mis Columnas

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LOS 10 SEGUNDOS. Quiero mis 10 segundos… Dónde están mis 10 segundos… Me ofreció 10 segundos… Ya po’h, quiero mis 10 segundos… ¡MIS 10 SEGUNDOS!!!!! Jajajjajaja…pobre weón. Edad mental: 3 años. #DebateAnatel2025

LOS 10 SEGUNDOS. Quiero mis 10 segundos… Dónde están mis 10 segundos… Me ofreció 10 segundos… Ya po’h, quiero mis 10 segundos… ¡MIS 10 SEGUNDOS!!!!! Jajajjajaja…pobre weón. Edad mental: 3 años. #DebateAnatel2025

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Nos quieren convencer que la pobreza, los recortes y la precariedad son una bendición. • Quiroz: Con menos recursos se hace más. • Lincolao: La bendición de haber sido pobre. • Carter: Un país más pobre pero más feliz. • Barchiesi: Los recortes afectarán a los hospitales pero no a los pacientes. “En tiempos de Inteligencia Artificial, esta gente se esmera en la Estupidez Natural”.

Nos quieren convencer que la pobreza, los recortes y la precariedad son una bendición. • Quiroz: Con menos recursos se hace más. • Lincolao: La bendición de haber sido pobre. • Carter: Un país más pobre pero más feliz. • Barchiesi: Los recortes afectarán a los hospitales pero no a los pacientes. “En tiempos de Inteligencia Artificial, esta gente se esmera en la Estupidez Natural”.

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¿Este tipo es periodista? Qué horror…el —Sacohuevismo— en televisión abierta se ha hecho una constante. Mega

¿Este tipo es periodista? Qué horror…el —Sacohuevismo— en televisión abierta se ha hecho una constante. Mega

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En Italia se ha propuesto que la edad de imputación de delitos se rebaje a 14 años de edad. La periodista de Mega, Marianne Schmidt señala: “…esto no va a quedar a criterio del juez, sino que tú cometes un acto delictual, matas al alguien que se yo…a los 14 años eres imputable…” El tono con que señala el delito, “Matar a alguien, que se yo”…suena que asesinar fuese cómo robar un chocolate o pasar un semáforo…que se yo… Esta gente no tiene noción de lo que habla.

En Italia se ha propuesto que la edad de imputación de delitos se rebaje a 14 años de edad. La periodista de Mega, Marianne Schmidt señala: “…esto no va a quedar a criterio del juez, sino que tú cometes un acto delictual, matas al alguien que se yo…a los 14 años eres imputable…” El tono con que señala el delito, “Matar a alguien, que se yo”…suena que asesinar fuese cómo robar un chocolate o pasar un semáforo…que se yo… Esta gente no tiene noción de lo que habla.

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EL CHASCARRO DE LA SEMANA.

ReneX

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CARTA ABIERTA A LA MINISTRA XIMENA LINCOLAO. Sra. Ministra: Ximena Lincolao No es la primera misiva abierta que le dirijo, y seguro, no será la última. Usted acaba de aportar una sorprendente frase: profesores y profesionales de humanidades podrían reinventarse como vendedores o trabajar en servicio al cliente. Extraordinario. Siglos construyendo universidades para descubrir que el destino del humanista estaba entre la caja y el mesón de informaciones. Así, un profesor de Filosofía podría cambiar a Kant por la garantía extendida; uno de Literatura, a Cervantes por el manejo de inventario; el historiador abandonar la Revolución Francesa para explicar el Cyber y el lingüista aplicar semántica preguntando: “¿Desea agregar un seguro?”. Hablar de reconversión laboral no es escandaloso. La tecnología destruye ocupaciones y crea otras. Lo inquietante es que la ministra del conocimiento reduzca una disciplina académica al empleo comercial que consiga quien la decidió estudiar. Más curioso aún porque usted estudió Pedagogía en Castellano y Filosofía. Cuando recomienda a humanistas convertirse en vendedores, podría predicar con el ejemplo. Tal vez sea el nuevo concepto de transferencia tecnológica: del aula al retail sin escalas. Su frase tampoco cae del cielo. Hace pocos días su ministerio modificó Fondecyt Postdoctorado 2027, concentrando el 70% de los recursos en áreas supuestamente prioritarias. El CRUCH advirtió riesgos para la diversidad disciplinaria e internacionalización. También se cuestionó exigir residencia definitiva a investigadores extranjeros. Ahora entendemos el ecosistema: si una disciplina no coincide con la prioridad gubernamental, siempre queda Servicio al Cliente. El problema, ministra, no es Falabella, Ripley ni un call center. Son trabajos dignos. Lo ofensivo es imaginar que años de formación intelectual encuentran allí su reconversión natural. Un profesor no es un vendedor frustrado. Un filósofo no es un ejecutivo esperando capacitación. Un historiador tampoco es capital humano ocioso portando audífonos usando una contraseña de CRM. Las humanidades aportan aquello que la inteligencia artificial hace más necesario: pensamiento crítico, comprensión del lenguaje, ética, argumentación y capacidad para distinguir conocimiento de propaganda. La paradoja es magnífica: mientras la IA ejecuta cada vez mejor tareas rutinarias, usted propone desplazar hacia ellas a quienes fueron formados para pensar. Siguiendo la doctrina Lincolao, profundicemos la política pública. Licencia clase C para filósofos y mochila térmica para historiadores: delivery con pensamiento crítico. Los antropólogos podrían conducir Uber mientras estudian movilidad urbana; a los lingüistas les reservamos cobranzas, pues dominan la buena retórica. Y los matemáticos, si también incomodan, a cajas: al menos calcularán el vuelto. Quizás el próximo Fondecyt incorpore Postdoctorado en Reposición de Góndolas, Magíster en Atención de Reclamos y Doctorado en Venta Consultiva de IA. Chile necesita vincular conocimiento, innovación y empresa. Pero eso no significa subordinar la universidad al mostrador ni medir el conocimiento por su rentabilidad inmediata. Los países que innovan protegen investigación básica, atraen talento y estudian incluso aquello cuya utilidad aún desconocen. De allí surgen descubrimientos que transforman economías. Una ministra de Ciencia debería comprenderlo antes que nadie. Su declaración preocupa más de lo que divierte. No porque vender sea indigno, sino porque pensar es indispensable. Cuando el ministerio del conocimiento sugiere que ciertas disciplinas pueden resolver su futuro atendiendo clientes, el problema deja de ser laboral y pasa a ser intelectual. Tal vez los profesores puedan reinventarse, ministra. Siempre han sabido hacerlo. La pregunta es si puede reinventarse el Ministerio de Ciencia. Porque profesores tenemos. Lo que empieza a faltarnos es una política científica a la altura del pizarrón. Mis Columnas

ReneX

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Señor Canciller José Francisco Pérez Mackenna Estimado Ministro: El problema del Escudo de las Américas ya no es sólo lo que Chile aceptó, sino cómo usted ha intentado explicarlo. Ante la Cámara declaró: “Para firmar se necesita un papel y un lápiz. En este caso no hubo firma”. Y de esa ausencia concluyó que estamos ante una declaración política no vinculante. La frase sería pintoresca en una sobremesa, pero en boca del canciller de Chile, resulta bastante menos. Porque el derecho internacional no funciona como la recepción de un refrigerador: la existencia de efectos jurídicos no depende simplemente de que alguien encuentre un papel, saque un lápiz y estampe una rúbrica. La Corte Internacional de Justicia lo estableció hace décadas. Una declaración de un Estado puede producir obligaciones cuando existe intención de obligarse; incluso ha señalado que, respecto de ciertos actos unilaterales, que la manifestación sea oral o escrita no constituye una diferencia esencial. La discusión jurídica seria no es si apareció un lápiz sobre una mesa, sino: (1) cuál fue la voluntad manifestada por Chile, (2) cuál es el contenido de la declaración y (3) qué consecuencias puede producir. Eso no significa que el Escudo sea automáticamente un tratado ni vinculante. Pero reducir la discusión a la existencia física de papel y lápiz resulta muy precario para una Cancillería. Aquí aparece el segundo problema. El Gobierno presentó inicialmente el Escudo bajo el amable envoltorio del combate al narcotráfico y al crimen organizado. Sin embargo, el documento contiene bastante más: revisión de inversiones, cadenas de suministro de minerales críticos, abastecimiento mediante fuentes “diversificadas y confiables”, infraestructura digital y coordinación multilateral. Es decir, cobre, litio y otros recursos estratégicos; inversión extranjera; tecnología y alineamiento geoeconómico. Demasiado equipaje para describirlo como una sencilla coordinación contra narcotraficantes. Estados Unidos tiene derecho a defender sus intereses estratégicos. Chile también. La pregunta es si nuestra adhesión preserva esa autonomía, especialmente cuando China representa cerca del 40% de nuestro comercio exterior, cifra que usted mismo mencionó ante la Cámara. Le recuerdo que Estados Unidos no llega al 17%. Además usted conocía las objeciones. Hubo consultas con excancilleres y advertencias sobre las implicancias de incorporar a Chile a una arquitectura hemisférica promovida por Washington. Sabía que aquello iba bastante más allá que perseguir carteles de la droga. Por eso resulta insuficiente refugiarse en si Chile “firmó”, “adhirió” o “declaró su intención”. En relaciones internacionales las palabras importan porque expresan posiciones de los Estados. El propio texto publicado por Estados Unidos señala que los participantes “declaramos conjuntamente nuestra intención” de realizar determinadas acciones. Chile aparece entre esos países. Entonces discutamos lo importante: qué intención manifestó Chile, qué alcance político posee, qué efectos jurídicos podría producir y hasta dónde condicionará futuras decisiones sobre inversiones, minerales críticos, proveedores tecnológicos y relaciones comerciales. Responder esas preguntas requiere derecho internacional, diplomacia y estrategia. El lápiz es lo de menos. Señor Pérez, usted ha insistido en que el Escudo no es un tratado y no genera obligaciones vinculantes. Esa posición puede intentar argumentarse jurídicamente. Lo difícil de defender es que la razón sea simplemente que nadie tomó un lápiz para firmar un papel. Los Estados también pueden comprometerse mediante actos y declaraciones cuando concurre la intención jurídica correspondiente. Quizás el problema no sea que faltaron papel y lápiz. Quizás el problema sea que sobró obediencia y sumisión. Y mientras usted discute cómo llamar al acto, permanece intacta la pregunta que realmente importa. No dónde estaba el lápiz. Sino, qué comprometió Chile. Atte., Mis Columnas

ReneX

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Sr. José Antonio Kast Rist cc Gobierno de Chile Aquí un video de sólo 2 minutos y 24 segundos sobre el descalabro que vuestra administración ha causado en sólo seis meses. Y si no lo puede oír, aquí se lo transcribo para que lo lea. (* Ver Resumen al final.) Medio: CNN Chile. CNN Chile Programa: Tolerancia Cero. Panelista: Pepe Auth. Pepe Auth TRANSCRIPCIÓN: En septiembre del año pasado, la muy probable alternancia del poder comenzaba ya a producir un alza del optimismo respecto de la recuperación del crecimiento y del empleo. En 2025 el país había crecido al 2,5% y en el último trimestre del Gobierno de Boric el desempleo alcanzaba el 8,3%, cifras que fueron calificadas como mediocres por aquellos que gobiernan hoy día. Pero el cambio de gobierno no produjo el resultado esperado. Este primer semestre de 2026 salió de Chile el triple de capitales que en el mismo período de 2025, mostrándonos que había razones distintas al descontento político que originaba la fuga de capitales. La decisión impulsada por el ministro Quiroz de trasladar a los consumidores todo el alza del petróleo causado por la incursión del gobierno de Trump en Irán sin ninguna amortiguación ni gradualidad, provocó un cambio brusco de las expectativas económicas. Volviendo a dominar la escena el pesimismo del periodo previo, el informe de política monetaria de junio pasado del Banco Central proyectaba una tasa de crecimiento para 2026 que iba de 1% de piso a 1,75% de techo. El IPoM de septiembre recién conocido bajó bruscamente la cifra y ahora va de 0,25% a 0,75%, si llegáramos al techo proyectado, estaríamos creciendo 3,3 veces menos que el último año del gobierno de Boric. Y si nos quedamos en el piso proyectado, el crecimiento del PIB sería 10 veces menor que en 2025. Y el desempleo, que es más importante para la gente, pasó de 8,3% el último trimestre del gobierno anterior a 9,5% hoy día. Con estas cifras se le hace difícil al gobierno culpar de esto a la administración precedente. Las encuestas ya lo están mostrando. Porque los resultados no son ajenos a la contracción de la demanda y a la disminución de la inversión pública provocada por la conducción económica actual. Va a ser todo un drama para el gobierno de Kast, que fustigó duramente las cifras económicas de Mario Marcel cerrar su primer año con un crecimiento 3 a 10 veces menor que el de los 2 últimos años de Boric, y con un desempleo significativamente mayor que podría incluso romper la barrera simbólica de los 2 dígitos. ————————————— * RESUMEN: Se lo resumo en una palabra, su gobierno ha producido en seis meses una «ESTANFLACIÓN» La estanflación es una situación económica en la que coinciden al mismo tiempo: una inflación elevada, un bajo crecimiento económico o estancamiento del PIB y un alto nivel de desempleo. Presidente, remueva a Quiroz, no sabe y está llevando el país a una situación crítica y muy difícil de resolver y revertir para su gobierno y para el banco central, ya que las medidas para bajar la inflación (como subir las tasas de interés) suelen empeorar el estancamiento económico y viceversa. No diga después que no lo vio venir y que no se lo dijimos. ————————————— #ToleranciaCero #Tolerancia0

ReneX

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CARTA ABIERTA A MARÍA JOSÉ HOFFMANN Sra. Hoffmann: María José Hoffmann Antes de escribir estas letras pensé sobre la importancia de las mismas, y no pude quedar indiferente frente a sus desafortunadas y vergonzosas declaraciones, que además revelan una inquietante concepción de la historia, y peor aún, una posición llena de contradicción. Al explicar su sorpresa porque el Gobierno no realizaría un acto el 11 de septiembre, usted dijo: “¿Pero cómo? Si es nuestra fiesta. Si somos gobierno, somos de derecha, nos toca celebrar a nosotros”. Luego sostuvo que la decisión presidencial buscaba superar una fecha que divide a los chilenos. Es difícil concebir una contradicción mayor: llamar “fiesta” al acontecimiento que usted misma reconoce como una gran fractura de nuestra convivencia nacional. ¿Fiesta de qué, señora Hoffmann? El 11 de septiembre de 1973 no fue una efeméride partidaria. Fue el quiebre del orden democrático, el bombardeo de La Moneda y el comienzo de una dictadura de diecisiete años durante la cual agentes del Estado asesinaron, hicieron desaparecer, torturaron y encarcelaron a miles. Muchos debieron partir al exilio. Hubo familias quebradas y biografías mutiladas. Puede usted ser de derecha y juzgar severamente al gobierno de Salvador Allende. Eso pertenece al debate democrático. Lo inadmisible es transformar el derrumbe de la democracia y el comienzo de violaciones sistemáticas de los derechos humanos en una “fiesta” que atribuye a su sector. Porque allí aparece otra irresponsabilidad. Cuando dice “nuestra fiesta”, no habla únicamente por usted: arrastra a toda la derecha chilena hacia una afirmación que muchos ciudadanos de derecha, democráticos, seguramente rechazan. Ser de derecha no obliga a celebrar una dictadura. Condenar el golpe y la tortura tampoco convierte a nadie en militante de izquierda. Los derechos humanos no tienen domicilio partidario. Su frase es aún más grave porque usted fue diputada y hoy es vicepresidenta de la UDI. Debería comprender que las palabras políticas construyen legitimidades y enseñan qué considera aceptable una sociedad. Alemania ofrece una lección pertinente: su legislación sanciona determinadas formas de apología del nazismo, negación de sus crímenes y uso de símbolos anticonstitucionales. No implica que cualquier frase produzca automáticamente una detención, pero el principio es claro: los crímenes de una dictadura no son patrimonio festivo de una corriente política. Y aquí está lo desconcertante: usted pide “encuentro” mientras habla de celebración. Pretende superar divisiones mientras llama fiesta al día que abrió una de las heridas más profundas de Chile. Es apagar un incendio con bencina y luego preocuparse por el humo. No, señora Hoffmann. El 11 de septiembre no es “su fiesta”, ni la fiesta de la derecha, ni debería ser la fiesta de ningún demócrata. Es una fecha para la memoria, la reflexión y el compromiso de que nunca más las armas sustituyan las urnas; nunca más el Estado torture a sus ciudadanos; nunca más un adversario político sea convertido en enemigo al que se puede encarcelar, hacer desaparecer o matar. Una democracia madura puede discutir el pasado. Lo que no puede hacer es frivolizar el horror. Sus palabras no ofenden sólo a la izquierda. Ofenden a las víctimas, a sus familias y también a ciudadanos de derecha que entienden que democracia y dictadura no son alternativas equivalentes. Podrá explicar que fue una expresión coloquial, una ironía o una reacción espontánea. Pero hay palabras que, precisamente por surgir espontáneamente, revelan demasiado. Y “fiesta” es una de ellas. Chile necesita reconciliación, sí. Pero reconciliar no significa borrar, relativizar ni festejar. Significa reconocer el dolor y establecer un límite civilizatorio que no dependa de quién gobierna. Los golpes de Estado no se celebran. Las dictaduras no se festejan. Las víctimas no se relativizan. Y la democracia, señora Hoffmann, se defiende siempre. Mis Columnas

ReneX

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CARTA ABIERTA AL DIPUTADO JAVIER OLIVARES Diputado Javier Olivares A Lo escuché en CNN Chile hablar del régimen de Pinochet con esa fascinación que algunos reservan para los héroes. Dijo que le “gustó el gobierno militar”, que se hicieron “muy buenas cosas” y, respecto de su famosa capa, preguntó cuál sería el pecado si fuese la del general. Curiosa pregunta. El problema nunca fue la capa, diputado. El problema es lo que parece haber debajo. Usted nació en 1983. Cuando Pinochet llegó al poder, faltaban diez años para que usted naciera. Cuando se realizó el plebiscito de 1988, usted tenía cinco años. Es decir, mientras Chile decidía en las urnas terminar con la dictadura, usted probablemente estaba aprendiendo a leer. Por eso resulta fascinante su nostalgia. Usted recuerda políticamente una época que no vivió políticamente. Su pinochetismo no puede ser memoria: es una convicción adquirida posteriormente. Es nostalgia de segunda mano, una especie de souvenir ideológico comprado muchos años después de terminado el viaje. Y aquí aparece una paradoja magnífica: un diputado elegido democráticamente que admira un régimen que clausuró el Congreso. Usted cobra una dieta gracias a una institucionalidad que su admirado gobierno militar consideró perfectamente prescindible. Usted en dictadura jamás habría podido ser diputado. Su caso es como un vegetariano inaugurando una carnicería o un pirómano postulando a jefe de bomberos. Pocas contradicciones políticas poseen semejante perfección estética. No se trata de discutir si durante diecisiete años se hicieron reformas o modificaciones. Hasta las dictaduras administran presupuestos. El pequeño inconveniente es que también hubo ejecuciones, desapariciones, torturas, exilio, censura y persecución política. Usted dice condenar las violaciones a los derechos humanos, pero inmediatamente intenta rescatar las “cosas buenas” como si las hubiese. Es una contabilidad moral sorprendente: como si los muertos pudieran anotarse en una columna y el crecimiento económico en otra, para después calcular el saldo. No funciona así. Los derechos humanos no son una nota al pie del balance nacional. Un Estado que tortura a una persona ya ha cruzado una frontera moral que ninguna carretera consigue pavimentar. Pero hay algo todavía más irónico. Usted dice valorar la libertad. Excelente. Pinochet prohibió partidos, persiguió opositores, censuró medios y gobernó sin elecciones competitivas durante todo su régimen. Admirar aquello en nombre de la libertad requiere una gimnasia intelectual formidable. Quizás por eso su capa produjo tanta conversación. No porque Chile padezca una intolerancia textil, sino porque los símbolos tienen significado. Vestirse evocando a un dictador y luego sorprenderse porque alguien recuerda la dictadura es como llegar vestido de payaso a un cumpleaños y reclamar que le pregunten por el circo. Lo verdaderamente preocupante, diputado, no es que usted tenga opiniones discutibles. Para eso precisamente existe la democracia. Lo grotesco es beneficiarse de ella mientras se romantiza a quien la destruyó. Usted puede ser pinochetista. La democracia que Pinochet negó a otros le concede incluso el derecho de admirarlo. Esa es precisamente su superioridad moral: permite que hasta sus detractores hablen, compitan, sean elegidos y ocupen un escaño. Y quizá allí reside la ironía definitiva. Augusto Pinochet cerró el Congreso el 11 de septiembre de 1973. Javier, ocupa usted hoy un asiento dentro de ese Congreso y desde allí reivindica aspectos del régimen que lo cerró. No sé si llamarlo contradicción, ingratitud democrática o simplemente una total idiotez. Pero hay que reconocerle algo, diputado: para defender una dictadura desde un Parlamento democrático se necesita una capa y no tener temor al ridículo. Atentamente, Un ciudadano que prefiere una democracia imperfecta donde usted pueda decir disparates, a una dictadura perfecta donde alguien pueda hacerlo callar. Mis Columnas

ReneX

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