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Ex-embajador de Israel en Chile y Panamá

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Las Comunidad Palestina me acusa de ‘intervenir en asuntos internos de Chile’. El antisemitismo no es un asunto interno y siempre será un asunto de atención para Israel y para otros países. Por algo el Departamento de Estado de EEUU creó una Oficina Especial para el Monitoreo y Combate del Antisemitismo en todo el mundo. El problema no es alertar sobre el antisemitismo, sino guardar silencio. Hablando de antisemitismo, justo la semana pasada publiqué un artículo en El Mercurio invitando a Chile a sumarse a la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA), un foro global voluntario y no vinculante que ya cuenta con la adhesión de 35 países democráticos que avalan los DDHH. Esta invitación fue rechazada por el presidente de la Comunidad Palestina y la directora del Centro de Información Palestina, ambos preocupados porque se podrían frenar las críticas a Israel. Esta preocupación no tiene sustancia, porque la IHRA no pone ningún límite para criticar a Israel como a cualquier otro país del mundo. Criticar sí, pero discriminar y manipular la historia es otra cosa. Por ejemplo, comparar la guerra de Israel para desmantelar la infraestructura terrorista de Hamás con la persecución nazi y el exterminio de los judíos en el Holocausto, es una aberración. Si alguien tiene cuestionamientos a las operaciones de Israel contra Hamás, es legítimo, pero Gaza no es Auschwitz. ¿Qué es Hamas? Hamas, un grupo terrorista abiertamente antisemita. La carta fundacional de Hamas dice en artículo 7: “Cuando el judío se esconda detrás de las rocas y los árboles, las rocas y los árboles dirán: 'Oh musulmanes, oh Abdullah, hay un judío detrás de mí, ven y mátalo”. Lamentablemente, en Chile, Hamás cuenta con el apoyo del presidente de la Comunidad Palestina, Maurice Khamis Massu, quien declaró: "Ahora, yo con Hamas, absolutamente lo apoyo, porque Hamas es un movimiento de resistencia". En este caso, la palabra ‘resistencia’ es un eufemismo para la aniquilación de Israel. Estar a favor de la creación de un estado palestino no es antisemita, pero propiciar que ese estado surja borrando a Israel del mapa, sí lo es. La masacre de 7 octubre de 2023 dio inicio a ataques contra Israel desde siete frentes, liderados por el régimen fundamentalista de Irán y sus proxies, con la finalidad de eliminar a Israel. El presidente de la Comunidad Palestina alude al tamaño de su comunidad como argumento para no sumarse a IHRA. El hecho que en Chile vivan alrededor de 150.000 descendientes de palestinos no puede usarse para legitimar el antisemitismo. Por otra parte, la directora del Centro de Información Palestina argumenta que “los judíos gozan de los mismos derechos que todos los chilenos”. Es cierto, pero en Chile los discursos de odio contra los judíos se han traducido en amenazas, vandalizaciones y agresiones contra sinagogas, escuelas y eventos culturales, situaciones que no se repiten contra ninguna otra minoría religiosa o social. La historia nos ha mostrado que los judíos están amenazados en forma e intensidad particulares, lo que hace 80 años llevó al exterminio de un tercio del Pueblo Judío. Los inventos lingüísticos de “palestinofobia” y “arabofobia” no lograrán acallar la preocupación verdadera del mundo democrático por el terrorismo palestino y del islam radical. Resulta difícil de comprender que chilenos cristianos, por mucho que sean de origen palestino, promuevan campañas que cuestionan el derecho de Israel a existir, alineándose así con la visión más radical del islam.

Las Comunidad Palestina me acusa de ‘intervenir en asuntos internos de Chile’. El antisemitismo no es un asunto interno y siempre será un asunto de atención para Israel y para otros países. Por algo el Departamento de Estado de EEUU creó una Oficina Especial para el Monitoreo y Combate del Antisemitismo en todo el mundo. El problema no es alertar sobre el antisemitismo, sino guardar silencio. Hablando de antisemitismo, justo la semana pasada publiqué un artículo en El Mercurio invitando a Chile a sumarse a la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA), un foro global voluntario y no vinculante que ya cuenta con la adhesión de 35 países democráticos que avalan los DDHH. Esta invitación fue rechazada por el presidente de la Comunidad Palestina y la directora del Centro de Información Palestina, ambos preocupados porque se podrían frenar las críticas a Israel. Esta preocupación no tiene sustancia, porque la IHRA no pone ningún límite para criticar a Israel como a cualquier otro país del mundo. Criticar sí, pero discriminar y manipular la historia es otra cosa. Por ejemplo, comparar la guerra de Israel para desmantelar la infraestructura terrorista de Hamás con la persecución nazi y el exterminio de los judíos en el Holocausto, es una aberración. Si alguien tiene cuestionamientos a las operaciones de Israel contra Hamás, es legítimo, pero Gaza no es Auschwitz. ¿Qué es Hamas? Hamas, un grupo terrorista abiertamente antisemita. La carta fundacional de Hamas dice en artículo 7: “Cuando el judío se esconda detrás de las rocas y los árboles, las rocas y los árboles dirán: 'Oh musulmanes, oh Abdullah, hay un judío detrás de mí, ven y mátalo”. Lamentablemente, en Chile, Hamás cuenta con el apoyo del presidente de la Comunidad Palestina, Maurice Khamis Massu, quien declaró: "Ahora, yo con Hamas, absolutamente lo apoyo, porque Hamas es un movimiento de resistencia". En este caso, la palabra ‘resistencia’ es un eufemismo para la aniquilación de Israel. Estar a favor de la creación de un estado palestino no es antisemita, pero propiciar que ese estado surja borrando a Israel del mapa, sí lo es. La masacre de 7 octubre de 2023 dio inicio a ataques contra Israel desde siete frentes, liderados por el régimen fundamentalista de Irán y sus proxies, con la finalidad de eliminar a Israel. El presidente de la Comunidad Palestina alude al tamaño de su comunidad como argumento para no sumarse a IHRA. El hecho que en Chile vivan alrededor de 150.000 descendientes de palestinos no puede usarse para legitimar el antisemitismo. Por otra parte, la directora del Centro de Información Palestina argumenta que “los judíos gozan de los mismos derechos que todos los chilenos”. Es cierto, pero en Chile los discursos de odio contra los judíos se han traducido en amenazas, vandalizaciones y agresiones contra sinagogas, escuelas y eventos culturales, situaciones que no se repiten contra ninguna otra minoría religiosa o social. La historia nos ha mostrado que los judíos están amenazados en forma e intensidad particulares, lo que hace 80 años llevó al exterminio de un tercio del Pueblo Judío. Los inventos lingüísticos de “palestinofobia” y “arabofobia” no lograrán acallar la preocupación verdadera del mundo democrático por el terrorismo palestino y del islam radical. Resulta difícil de comprender que chilenos cristianos, por mucho que sean de origen palestino, promuevan campañas que cuestionan el derecho de Israel a existir, alineándose así con la visión más radical del islam.

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Cuando tienes pereza intelectual pero tienes que escribir una columna, una solución es hacer comparaciones absurdas, acusaciones falsas y evitar mencionar cualquier dato que no coincida con tu falsa tesis, incluso si estos son de conocimiento público. Y añadir un título llamativo, aun mejor. Es lo que ha hecho Daniel Matamala en su columna "La solución final" en LT hoy 26/7. Comenzamos con la omisión deliberada sobre quienes comenzaron la guerra el 7/10 y las atrocidades que los palestinos han cometido, incluido decapitaciones y violaciones grupales, todo esto con la intención declarada de lograr una solución final similar a la original, aquella de Wannsee. ANIQUILAR a Israel es la versión moderna de la planteada en 1942. Los palestinos de Hamás no actuan solos, tiene el apoyo de Irán, Hezbolá, Hutíes y otros grupos del islam radical cuyo leitmotiv es la destrucción de Israel (y después el occidente). Estos grupos ven en la aniquilación de Israel y los judíos su objeto principal y la única razón por la que no han podido cumplir su propósito, fue nuestra capacidad de defendernos en siete frentes. Esta es la verdadera solución final, que Matamala ignora y la que nosotros logramos evitar. Durante esta guerra defensiva, que no sólo no iniciamos, no quisimos ni queremos, y en la que tampoco hemos escogido el terreno de batalla (zona urbana densamente poblada), han muerto según Hamas alrededor de 60.000 personas, al menos la mitad de ellos terroristas palestinos armados, y el resto son, como en todas las guerras, víctimas civiles. Por supuesto que cada víctima civil inocente es una tragedia, punto. La pregunta es; ¿cómo se puede evitar víctimas civiles cuando tu enemigo instala su infraestructura terrorista dentro de la población civil y además se esconde detrás de ella? Nuestro interés es que no haya ni una víctima civil, ni una, porque nuestro valor principal es respetar la vida humana. Así, el único que goza de esta triste situación es Hamas, que, por supuesto se regocija de las víctimas israelíes, pero también de los suyos propios, pues aumentar los muertos solo es considerado parte de un 'sacrificio humano' para una causa mayor, la 'guerra santa' contra el mundo civilizado. En Gaza existe una situación inédita. Hamas quiere causar una hambruna entre su propia gente y así generar críticas falsas a Israel, como ha hecho Matamala. En definitiva, una cosa es clara, la gente de Gaza está pasando una tragedia terrible y quienes los llevaron a esta situación la pueden terminar de inmediato: Hamás debe liberar a los secuestrados, frenar el uso de los gazatíes como escudos humanos y el robo de la comida para poder utilizar su hambre como una estrategia para atacar a Israel. Mientras tanto Israel, Estados Unidos y diferentes organizaciones de forma conjunta siguen preocupándose y ocupándose de cómo mejorar la situación de los civiles en Gaza. Eso es en lo que falla Matamala, predica unos valores vacíos, pues en la práctica son los mismos líderes de Hamas los verdaderos genocidas que utilizan el hambre de su propia población para que después algunos, cayendo en la trampa, culpen a Israel. Hamas tiene la opción de terminar la guerra, a diferencia de los judíos durante el Holocausto, que ojalá hubieran tenido una opción. Contrariamente a las narrativas que promueve Matamala, NO HAY LÍMITE en el número de camiones de ayuda humanitaria que pueden ingresar a Gaza, como muestra el video abajo.

Gil Artzyeli 🇮🇱-🇨🇴🇪🇦🇲🇽🇺🇲🇵🇦🇨🇱-🇮🇱

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