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Alan Daitch

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🤖Te explico sobre IA, Tech y Startups sin humo. 🚀Fundé y vendí Digodat. Ex Google Top Contributor.

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El otro día tenía que pasarle unos archivos a un teléfono viejo, que anda mal de internet Ahí fue cuando me acordé de un reloj de 1994: el Data Link, que hicieron Timex y Microsoft juntos. Tiene un sensor óptico arriba del vidrio y funcionaba así: lo acercabas al monitor, que parpadeaba en barras de luz y en veinte segundos tenías setenta números de teléfono adentro. Me encontré con un usuario que hizo exactamente esto con Claude Code: la pantalla dibuja el archivo como una ráfaga de 60 códigos QR por segundo y el celular lo filma con la cámara y lo rearma. Y el QR es lo mejor que hay para esto, porque nació justamente para que lo lean mal: torcido, con reflejo, a media luz. Ni siquiera hace falta agarrarlos todos: cada uno lleva una mezcla de varios pedazos del archivo, así que con los que enganchás se despeja el resto solo, con un sistema de ecuaciones. El tema es que, para poder leer los QRs, había que entrar a una página de internet que era justamente lo que quería evitar, así que le di el código a mi Claude Code y le pedí que lo convierta en una app de Android. Después de media hora, me lo solucionó, pero además se dio cuenta de que la cámara del celular es un desastre, así que me armó la configuración del emisor para poder definir cuántos QR salen por segundo y qué tan denso es cada uno. Un par de pruebas para encontrar el punto justo y listo! Me quedó en 255 bytes por QR, más o menos un tuit, así que un PDF de una carilla entra en veinte segundos. Ya me puedo transferir archivos chiquitos desde la compu a mi celular viejo sin ningún tipo de conexión: una maravilla. Te dejo el sitio acá abajo y el código en mi github como siempre. ¡Que lo disfrutes!

El otro día tenía que pasarle unos archivos a un teléfono viejo, que anda mal de internet Ahí fue cuando me acordé de un reloj de 1994: el Data Link, que hicieron Timex y Microsoft juntos. Tiene un sensor óptico arriba del vidrio y funcionaba así: lo acercabas al monitor, que parpadeaba en barras de luz y en veinte segundos tenías setenta números de teléfono adentro. Me encontré con un usuario que hizo exactamente esto con Claude Code: la pantalla dibuja el archivo como una ráfaga de 60 códigos QR por segundo y el celular lo filma con la cámara y lo rearma. Y el QR es lo mejor que hay para esto, porque nació justamente para que lo lean mal: torcido, con reflejo, a media luz. Ni siquiera hace falta agarrarlos todos: cada uno lleva una mezcla de varios pedazos del archivo, así que con los que enganchás se despeja el resto solo, con un sistema de ecuaciones. El tema es que, para poder leer los QRs, había que entrar a una página de internet que era justamente lo que quería evitar, así que le di el código a mi Claude Code y le pedí que lo convierta en una app de Android. Después de media hora, me lo solucionó, pero además se dio cuenta de que la cámara del celular es un desastre, así que me armó la configuración del emisor para poder definir cuántos QR salen por segundo y qué tan denso es cada uno. Un par de pruebas para encontrar el punto justo y listo! Me quedó en 255 bytes por QR, más o menos un tuit, así que un PDF de una carilla entra en veinte segundos. Ya me puedo transferir archivos chiquitos desde la compu a mi celular viejo sin ningún tipo de conexión: una maravilla. Te dejo el sitio acá abajo y el código en mi github como siempre. ¡Que lo disfrutes!

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El último trimestre desplegué Microsoft Copilot para 4.000 colaboradores. 30 dólares por licencia por mes. 1,4 millones de dólares anuales. Lo bauticé “transformación digital”. Al directorio le encantó el concepto. Lo aprobaron en once minutos. Nadie preguntó qué iba a hacer en la práctica. Incluido yo. Le comuniqué a toda la organización que íbamos a “potenciar la productividad por 10”. No es un número real. Pero suena perfectamente defendible. Desde RR. HH. preguntaron cómo íbamos a medir ese 10x. Respondí que íbamos a “articular un marco de métricas apoyado en dashboards de performance”. No hubo más preguntas. Tres meses después revisé los reportes de adopción. 47 personas lo habían abierto. 12 lo habían usado más de una vez. Una de ellas era yo. Lo usé para resumir un mail que podía haber leído en 30 segundos. Tardó 45. Más el tiempo de corregir las alucinaciones. Pero lo declaré un “piloto exitoso”. Éxito significa que el piloto no fracasó de manera evidente. El CFO pidió claridad sobre el retorno de la inversión. Le mostré un gráfico. El gráfico iba hacia arriba y a la derecha. Medía “nivel de madurez en capacidades de IA”. La métrica no existe. La definí yo. Asintió satisfecho. Hoy somos una organización “AI-ready”. No sé exactamente qué implica. Pero figura en la presentación para inversores. Un desarrollador senior preguntó por qué no evaluamos Claude o ChatGPT. Le expliqué que necesitábamos “estándares de seguridad enterprise”. Preguntó qué estándares. Respondí “cumplimiento normativo”. Preguntó de cuál normativa. Dije “transversal”. Me miró con escepticismo. Le agendé una “conversación de alineamiento de carrera”. No volvió a preguntar. Microsoft envió un equipo para desarrollar un caso de éxito. Querían posicionarnos como referencia. Les dije que “liberamos 40.000 horas de capacidad productiva”. Ese número salió de multiplicar la dotación por un supuesto razonable. No lo auditaron. Nunca lo hacen. Ahora aparecemos en la web de Microsoft. “Empresa global acelera su productividad en 40.000 horas gracias a Copilot”. El CEO lo compartió en LinkedIn. Sumó 3.000 likes. Jamás usó Copilot. Ningún miembro del C-level lo hizo. Tenemos una excepción formal. “El foco estratégico requiere minimizar fricciones digitales”. Esa política la redacté yo. Las licencias se renuevan el mes próximo. Estoy solicitando una ampliación. 5.000 licencias adicionales. Todavía no usamos las primeras 4.000. Pero esta vez vamos a “impulsar la adopción organizacional”. Adopción significa capacitación obligatoria. Capacitación significa un webinar de 45 minutos que nadie va a mirar. Pero la finalización va a quedar registrada. La finalización es un KPI. Los KPIs viven en dashboards. Los dashboards viven en presentaciones al directorio. Las presentaciones al directorio aceleran carreras. Voy a ser SVP en Q3. Todavía no sé bien qué hace Copilot. Pero tengo claro para qué sirve. Sirve para demostrar que estamos “invirtiendo estratégicamente en IA”. Invertir es gastar. Gastar es compromiso. Compromiso es visión de futuro. El futuro es lo que yo diga que es. Mientras el gráfico siga subiendo hacia la derecha. Créditos: texto original de Peter Girnus 🦅

Alan Daitch

369,515 görüntüleme • 7 ay önce

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Si querés que tu hijo te salga jugador de fútbol, tenelo en enero. Y no, no estoy hablando de astrología. Mirá esto: analicé a los 3.232 argentinos que juegan de manera profesional en 686 clubes, y más del triple nació en enero que en diciembre. Qué raro, pensé. Seguro nace mucha más gente en enero. Pero no. Todos los meses nace más o menos la misma cantidad de personas. Entonces me topé con un estudio canadiense de 1985. Analizaron jugadores profesionales de hockey y encontraron el mismo patrón rarísimo: hay muchísimos más nacidos a principio de año que al final. Así fue como descubrieron el efecto de la edad relativa. ¿Cómo se explica? Simple. Cuando sos pibe y te anotan en las inferiores, te meten en la categoría de tu año. Pero acá está el tema. Si naciste en enero, estás compitiendo con los de diciembre. Once meses de diferencia no parecen mucho, pero cuando tenés cinco años es como comparar un chihuahua con un pastor alemán. ¿Y qué ven los técnicos? Que el de enero juega mejor. Obvio: si es casi un año más grande. Le dan más cancha, más entrenamientos, y a su vez el chico se entusiasma mucho más. Mientras que el de diciembre, pobrecito, está ahí tratando de seguir el ritmo, pero no puede. No porque sea peor, sino porque es más chico. Como lo ven flojo, no lo entrenan tanto, se aburre, y termina como yo, jugando en la compu. Obviamente, a medida que crecen, esa diferencia ya no importa tanto. Pero para ese momento, el de enero ya entrenó miles de horas más. Y el otro ya está haciendo otra cosa. Obvio que el talento importa. Pero a veces la suerte tiene un rol mucho más grande del que nos gusta admitir en las oportunidades que nos da la vida. Y si yo tuviera un club, ¿sabés qué haría? Cambiaría el corte a julio. Estaría reclutando muchísimos talentos que el resto deja pasar por una simple falla del sistema. Hasta entonces, acordate: si querés que tu hijo sea jugador de fútbol, tenelo en enero.

Alan Daitch

274,616 görüntüleme • 8 ay önce

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El último trimestre le puse a 4.000 empleados una cuota mínima de uso de inteligencia artificial. Cada uno tiene que gastar tokens todos los meses. La bauticé "cultura de adopción aumentada". A los accionistas les encantó el concepto. La acción subió 7%. Nadie preguntó qué iban a producir esos tokens. Incluido yo. Le comuniqué a toda la organización que así íbamos camino a ser "AI Ready". Nadie sabe bien qué significa. Pero suena perfectamente defendible. Desde RR. HH. preguntaron cómo íbamos a saber cuándo lo habíamos logrado. Respondí que "un jurado de agentes de Claude, GPT y Gemini lo determinará". No hubo más preguntas. 3 meses después, abrí el ranking de uso. El consumo había explotado a miles de dólares por persona. Billones de tokens. Después, miré en qué se gastaba. Recetas de milanesas. Mails para la suegra. Un señor de finanzas que pidió 300 veces un cuento para dormir a la hija. Una de las cuentas con más consumo era la mía. La usé para redactar reportes largos y complejos. Logramos liderar la tabla de posiciones. Lo declaré "adopción ejemplar". Adopción ejemplar significa que gastamos más que nadie. El CFO pidió claridad sobre el retorno. Le mostré un gráfico. El gráfico era exponencial. Medía "Índice de Madurez en IA". La métrica no existe. Asintió satisfecho. Alguien me reenvió un estudio. Decía que por cada dólar en IA, 82 centavos se van en arreglar lo que rompe. Lo cerré. Los estudios que bajan la curva no se reenvían. Un desarrollador senior preguntó por qué medíamos tokens y no resultados. Le expliqué que lo importante es "incentivar la experimentación en etapa embrionaria". Preguntó embrión de qué. Respondí "de superinteligencia". Preguntó cómo se vuelve superinteligente alguien resumiendo un mail. Lo despedí bajo la categoría "reemplazado por IA". A los accionistas les encanta esa etiqueta. Anthropic mandó un equipo para armar un caso de éxito. Querían mostrarnos como referencia. Les dije que habíamos "reemplazado tareas equivalentes a 15.000 humanos". Ese número salió de mi número preferido, multiplicado por mil. No lo auditaron. Hoy estamos en su web. "Esta empresa acaba de matar a 2.000 startups". El CEO lo compartió en LinkedIn. Sumó 4.000 likes. 3.900 eran de agentes de IA nuestros. El precio de la acción subió 12%. La cuota se actualiza el mes próximo. Estoy pidiendo duplicarla. Esta vez, vamos a "profundizar la adopción". Profundizar la adopción significa subir la cuota. Subir la cuota significa más consumo. Más consumo significa un número más grande. El número vive en un dashboard. El dashboard vive en una presentación. La presentación acelera carreras. Voy a ser CEO en Q3. Todavía no sé si la IA nos hace mejores. Pero sé para qué sirve el tablero. Sirve para demostrar que estamos "invirtiendo estratégicamente en IA". Invertir es gastar. Gastar es compromiso. Compromiso es visión. Visión es futuro. El futuro es lo que diga el precio de la acción. Y el precio siempre sube.

Alan Daitch

20,070 görüntüleme • 1 ay önce