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Alberto Sierra

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○ Ciudadano | Impertinente | Malpensante | ♛♚♝♞♜ |

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○ Detrás de un encapuchado no hay un hombre pidiendo derechos, hay un delincuente dañando los derechos de otros …

○ Detrás de un encapuchado no hay un hombre pidiendo derechos, hay un delincuente dañando los derechos de otros …

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○ Hay que reconocerles el talento para convertir una protesta en una cruzada, una cacerola en símbolo de resistencia y la oposición política en una supuesta rebelión. Hoy el nombre es “desobediencia civil”.

○ Hay que reconocerles el talento para convertir una protesta en una cruzada, una cacerola en símbolo de resistencia y la oposición política en una supuesta rebelión. Hoy el nombre es “desobediencia civil”.

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○ Dice Cepeda que NO renuncia al Senado: No hay ética que valga cuando se combina salario, influencia legislativa y campaña electoral; es un uso descarado del Estado para beneficio propio. Su discurso de defensa de los derechos y la moralidad pública choca con su práctica: Iván Cepeda Castro predica integridad mientras explota la curul que debería ser un servicio a la ciudadanía. Cualquier defensa de esto es simplemente un intento de maquillar la corrupción de intenciones con legalidad.

○ Dice Cepeda que NO renuncia al Senado: No hay ética que valga cuando se combina salario, influencia legislativa y campaña electoral; es un uso descarado del Estado para beneficio propio. Su discurso de defensa de los derechos y la moralidad pública choca con su práctica: Iván Cepeda Castro predica integridad mientras explota la curul que debería ser un servicio a la ciudadanía. Cualquier defensa de esto es simplemente un intento de maquillar la corrupción de intenciones con legalidad.

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○ ¿En qué momento la solidaridad de la empresa privada se convirtió en “limosna”?

○ ¿En qué momento la solidaridad de la empresa privada se convirtió en “limosna”?

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○ Sabia usted que: Iván Cepeda Castro nunca integró la delegación oficial del Gobierno en La Habana. No representaba al Estado colombiano en la mesa de negociación. Sin embargo, quien hoy agradece públicamente su papel durante el proceso no es un negociador del Gobierno, ni una institución del Estado. Es el guerrillero de las FARC alias Timochenko. Y después dicen que todo era un invento.

○ Sabia usted que: Iván Cepeda Castro nunca integró la delegación oficial del Gobierno en La Habana. No representaba al Estado colombiano en la mesa de negociación. Sin embargo, quien hoy agradece públicamente su papel durante el proceso no es un negociador del Gobierno, ni una institución del Estado. Es el guerrillero de las FARC alias Timochenko. Y después dicen que todo era un invento.

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○ Lo de Héctor Riveros es intelectualmente perezoso. No porque critique a Abelardo De La Espriella la crítica es legítima y necesaria sino porque decide no hacerlo en el terreno donde se supone que se mueve un analista político: los hechos. Decir que alguien es “capaz de cualquier cosa” es no decir nada. Es una frase inflable. Sirve para todo y no prueba nada. Es el comodín del comentarista cuando no quiere o no puede formular una objeción verificable. ¿Capaz de qué? ¿Sobre la base de qué antecedente? ¿En virtud de qué conducta comprobada? Si no se sostiene en hechos, lo que queda es chisme político, no un análisis serio. Y en política, el chisme disfrazado de análisis es la manera elegante de sembrar cizaña. HECTOR RIVEROS no refuta una tesis, no desmonta un argumento, no exhibe una contradicción. Sugiere que en un debate podría haber un acto histriónico, incluso agresivo. Es decir: desplaza la discusión del plano racional al plano conductual. No combate ideas; problematiza temperamentos. Eso tiene un efecto claro: si el debate es intenso, ya estará “explicado”. Si es áspero, ya habrá sido advertido. Es la trampa narrativa que prepara al espectador antes del conflicto. Pero la democracia no se protege infantilizando al electorado con advertencias teatrales. Se fortalece con contraste argumental. Si un candidato es inconsistente, demuéstrese. Si es demagogo, expóngase. Si es jurídicamente frágil, desármese su discurso. El resto no es análisis: es ficción disfrazada de crítica. Y hay algo más grave: en un país que conoce demasiado bien la violencia política, sugerir agresiones hipotéticas como parte del comentario habitual banaliza aquello que debería tratarse con precisión y seriedad. El análisis serio exige datos, no presentimientos. Exige antecedentes, no sospechas. Exige pruebas, no atmósferas. Criticar es saludable. Insinuar sin evidencia es otra cosa. La política colombiana ya tiene suficiente ruido. Sobran esos analistas políticos que cambian el argumento por la conjetura.

○ Lo de Héctor Riveros es intelectualmente perezoso. No porque critique a Abelardo De La Espriella la crítica es legítima y necesaria sino porque decide no hacerlo en el terreno donde se supone que se mueve un analista político: los hechos. Decir que alguien es “capaz de cualquier cosa” es no decir nada. Es una frase inflable. Sirve para todo y no prueba nada. Es el comodín del comentarista cuando no quiere o no puede formular una objeción verificable. ¿Capaz de qué? ¿Sobre la base de qué antecedente? ¿En virtud de qué conducta comprobada? Si no se sostiene en hechos, lo que queda es chisme político, no un análisis serio. Y en política, el chisme disfrazado de análisis es la manera elegante de sembrar cizaña. HECTOR RIVEROS no refuta una tesis, no desmonta un argumento, no exhibe una contradicción. Sugiere que en un debate podría haber un acto histriónico, incluso agresivo. Es decir: desplaza la discusión del plano racional al plano conductual. No combate ideas; problematiza temperamentos. Eso tiene un efecto claro: si el debate es intenso, ya estará “explicado”. Si es áspero, ya habrá sido advertido. Es la trampa narrativa que prepara al espectador antes del conflicto. Pero la democracia no se protege infantilizando al electorado con advertencias teatrales. Se fortalece con contraste argumental. Si un candidato es inconsistente, demuéstrese. Si es demagogo, expóngase. Si es jurídicamente frágil, desármese su discurso. El resto no es análisis: es ficción disfrazada de crítica. Y hay algo más grave: en un país que conoce demasiado bien la violencia política, sugerir agresiones hipotéticas como parte del comentario habitual banaliza aquello que debería tratarse con precisión y seriedad. El análisis serio exige datos, no presentimientos. Exige antecedentes, no sospechas. Exige pruebas, no atmósferas. Criticar es saludable. Insinuar sin evidencia es otra cosa. La política colombiana ya tiene suficiente ruido. Sobran esos analistas políticos que cambian el argumento por la conjetura.

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○ Un aspirante a la Casa de Nariño que defiende a la Primera Línea no está interpretando el pasado; está anunciando cómo entiende el poder. La justicia ha hablado de tortura, concierto para delinquir, incendios, ataques a civiles y violencia organizada. Cepeda responde con relativización moral y épica política. Donde hay sentencias, él ve símbolos. Donde hay víctimas, él ve causa. No es ingenuidad. Es cálculo. Convertir el delito en protesta y a los violentos en actores políticos no es un error de diagnóstico, es una arquitectura de impunidad. Quien normaliza la violencia antes de gobernar la legitima cuando gobierna. Iván Cepeda Castro no aspira a presidir una democracia liberal, con ley y límites. Aspira a administrar un relato donde la violencia es aceptable si apunta en la dirección correcta. Eso no es un proyecto de país. Es una advertencia. Y las advertencias, cuando se ignoran, suelen cobrarse después con intereses.

○ Un aspirante a la Casa de Nariño que defiende a la Primera Línea no está interpretando el pasado; está anunciando cómo entiende el poder. La justicia ha hablado de tortura, concierto para delinquir, incendios, ataques a civiles y violencia organizada. Cepeda responde con relativización moral y épica política. Donde hay sentencias, él ve símbolos. Donde hay víctimas, él ve causa. No es ingenuidad. Es cálculo. Convertir el delito en protesta y a los violentos en actores políticos no es un error de diagnóstico, es una arquitectura de impunidad. Quien normaliza la violencia antes de gobernar la legitima cuando gobierna. Iván Cepeda Castro no aspira a presidir una democracia liberal, con ley y límites. Aspira a administrar un relato donde la violencia es aceptable si apunta en la dirección correcta. Eso no es un proyecto de país. Es una advertencia. Y las advertencias, cuando se ignoran, suelen cobrarse después con intereses.

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○ Un aspirante a la Casa de Nariño que defiende a la Primera Línea no está interpretando el pasado; está anunciando cómo entiende el poder. La justicia ha hablado de tortura, concierto para delinquir, incendios, ataques a civiles y violencia organizada. Cepeda responde con relativización moral y épica política. Donde hay sentencias, él ve símbolos. Donde hay víctimas, él ve causa. No es ingenuidad. Es cálculo. Convertir el delito en protesta y a los violentos en actores políticos no es un error de diagnóstico, es una arquitectura de impunidad. Quien normaliza la violencia antes de gobernar la legitima cuando gobierna. Iván Cepeda Castro no aspira a presidir una democracia liberal, con ley y límites. Aspira a administrar un relato donde la violencia es aceptable si apunta en la dirección correcta. Eso no es un proyecto de país. Es una advertencia. Y las advertencias, cuando se ignoran, suelen cobrarse después con intereses.

○ Un aspirante a la Casa de Nariño que defiende a la Primera Línea no está interpretando el pasado; está anunciando cómo entiende el poder. La justicia ha hablado de tortura, concierto para delinquir, incendios, ataques a civiles y violencia organizada. Cepeda responde con relativización moral y épica política. Donde hay sentencias, él ve símbolos. Donde hay víctimas, él ve causa. No es ingenuidad. Es cálculo. Convertir el delito en protesta y a los violentos en actores políticos no es un error de diagnóstico, es una arquitectura de impunidad. Quien normaliza la violencia antes de gobernar la legitima cuando gobierna. Iván Cepeda Castro no aspira a presidir una democracia liberal, con ley y límites. Aspira a administrar un relato donde la violencia es aceptable si apunta en la dirección correcta. Eso no es un proyecto de país. Es una advertencia. Y las advertencias, cuando se ignoran, suelen cobrarse después con intereses.

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📍 El problema no es defender a los palestinos. El problema es olvidar a los israelíes. Vi completo el discurso de Benjamin Netanyahu ante la ONU. Mientras decenas de delegados abandonaban la sala, Netanyahu siguió hablando. No pidió permiso. No bajó la voz. No negoció la existencia de Israel. Y tenia razones. Desde el 7 de octubre de 2023, el mundo parece haber aprendido una curiosa manera de contar esta guerra. Hamas asesinó a unas 1.200 personas y secuestró a 251. Después llegó la respuesta israelí. Y entonces ocurrió lo conveniente: el origen de la guerra comenzó a desaparecer del relato. El problema no es protestar por Gaza. Es protestar por Gaza mientras se olvida a Hamas. No es defender los derechos palestinos. Es defenderlos mientras se niegan esos mismos derechos a los israelíes. El problema tampoco es combatir la islamofobia. Es hacerlo mientras se tolera el antisemitismo. Ni defender los derechos humanos. Es decidir que algunos seres humanos merecen una indignación mucho mayor que otros. Y mientras Israel recibe interminables lecciones de democracia, Irán reprime a su población y otros regímenes persiguen minorías, encarcelan opositores y restringen libertades. La indignación selectiva también es una posición política. Se puede discutir a Netanyahu. Se puede cuestionar su gobierno. Pero en la ONU hizo algo que muchos dirigentes han olvidado: defendió la existencia de su país sin pedir disculpas por ella. Israel no necesita permiso para existir. Mucho menos para defenderse.

Alberto Sierra

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📍 Mi lectura sobre la convocatoria de Iván Cepeda para el 14 de octubre: 1. Cepeda mezcla deterioro económico, pérdida de derechos, amenazas a la democracia y crímenes de Estado. Cuatro acusaciones de enorme gravedad, sin identificar en su mensaje las decisiones concretas ni los hechos que permitan sostenerlas. 2. Convierte un estatuto antiterrorista todavía en trámite de preparación en una amenaza de prácticas dictatoriales. El debate debe darse sobre sus artículos, las facultades que concede y los controles que establece, no sobre escenarios extremos presentados sin explicar el vínculo jurídico que los haría posibles. 3. Afirma que las decisiones económicas del Gobierno lesionan a la mayoría de los colombianos, pero no identifica una sola medida ni explica sus efectos. Invoca a millones de personas sin aportar en su mensaje un argumento económico que sostenga la afirmación. 4. Hablar de crímenes de Estado no es un recurso retórico cualquiera. Es una acusación extrema que exige identificar conductas, responsables y hechos. Cepeda la introduce sin desarrollar ninguno de esos elementos. 5. La convocatoria busca reunir el descontento alrededor de una misma narrativa: el Gobierno como amenaza y la calle como mecanismo de resistencia. Así, la discusión deja de concentrarse en las decisiones específicas y se desplaza hacia una confrontación política entre democracia y autoritarismo. Conclusión. Iván Cepeda Castro presenta una sucesión de advertencias graves, confunde el riesgo con el hecho, la denuncia con su sustento y la consigna con el argumento. Una convocatoria puede movilizar ciudadanos; eso no convierte sus afirmaciones en hechos demostrados. La oposición tiene derecho a cuestionar al Gobierno. Sus acusaciones, sin embargo, no adquieren validez por la gravedad con que se formulan.

Alberto Sierra

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