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Darío Madrid

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Historia. Fotografía. Hispania, Spania, España 🇪🇸 ❌🇯🇪

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"- Es nuestro deseo que se erija una gran cruz en la torre más alta. - Habrá de verse desde el último rincón de la ciudad. GRANADA ES CRISTIANA Y TODOS DEBEN SABERLO." Conecta el altavoz. Hoy hace 534 años que los Reyes Católicos reconquistaron Granada.

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-¿Con qué derecho me cierra usted mi local? - ¡Qué escándalo! ¡Qué escándalo! He descubierto que aquí se juega. - Sus ganancias, señor. - Muchas gracias. ¡Todo el mundo fuera!

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"Una camioneta con republicanos socialistas..." En este vídeo, el socialista José Luis Corcuera cuenta cómo unos milicianos socialistas asesinaron a Marcelino Valentín Gamazo junto a tres de sus hijos. Había sido fiscal general de la Segunda República y había acusado a Largo Caballero, líder del PSOE. Su “delito” no fue otro que haber cumplido con su obligación: acusar a Francisco Largo Caballero de ser el máximo responsable del intento de golpe de Estado socialista de octubre de 1934. En aquel proceso, Gamazo solicitó para él 30 años de reclusión mayor por delito de rebelión militar, al considerar probado que había dirigido, coordinado y ordenado el levantamiento armado desde la clandestinidad. El juicio comenzó el 25 de noviembre de 1935 ante el Tribunal Supremo. Durante el interrogatorio, Largo Caballero sostuvo que había permanecido en su domicilio durante toda la insurrección y negó haber hecho llamamientos a la violencia, asegurando que sus discursos eran simples arengas retóricas. La hemeroteca demostraba lo contrario: existían múltiples intervenciones en las que llamaba abiertamente a apoderarse del poder por la fuerza y a emplear la violencia cuando la legalidad resultara insuficiente. Por la sala desfilaron numerosos testigos: algunos sostuvieron la tesis de la acusación, otros se retractaron alegando coacciones durante las declaraciones previas. El fiscal no cedió. Siguió afirmando que Largo Caballero dio instrucciones a las milicias socialistas, coordinó la sublevación en distintas provincias y autorizó el inicio de la insurrección mediante una fórmula telegráfica previamente pactada. La petición fiscal —treinta años de reclusión mayor— fue contundente. Sin embargo, el 30 de noviembre de 1935, solo cinco días después de finalizar la vista oral, el Tribunal Supremo dictó sentencia absolutoria. No vio probado que Largo Caballero hubiera intervenido directamente en la insurrección. Tan solo consideró acreditado que había incitado a la rebelión mediante discursos anteriores al 14 de abril de 1934, hechos que la Ley de Amnistía de abril de 1934 dejaba sin efecto. Como escribo en mi libro Mentiras desveladas y víctimas inocentes de la Guerra Civil, “le salvó la campana”. Ocho meses después llegó la venganza. Tras el estallido de la Guerra Civil en julio de 1936 y con el desplome de la legalidad republicana en la retaguardia, Gamazo se refugió con su familia en Rubielos Altos (Cuenca). El 5 de agosto de 1936, una camioneta de milicianos socialistas irrumpió en la finca familiar. Alegaron que el exfiscal debía “declarar” ante un tribunal, pero desde el primer instante se trataba de un secuestro con sentencia decidida de antemano. Se llevaron a Gamazo y a tres de sus hijos varones de 21, 20 y 17 años. Lo que siguió es uno de los episodios más atroces de la violencia política de 1936. Tras horas de torturas, los milicianos los condujeron a un olivar entre Tébar y El Picazo. Allí consumaron la ejecución con una crueldad calculada: primero asesinaron al hijo menor, luego al segundo y después al mayor, obligando al padre a presenciarlo todo. Solo entonces ejecutaron a Gamazo. Los cuerpos fueron arrojados a la cuneta y abandonados. Días después vecinos encontraron los cadáveres y los entregaron a la viuda, que quedó sola con los hijos pequeños. Yo también estoy a favor de recordar a las víctimas inocentes de ambos bandos.

Darío Madrid

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