
Édisson
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Cuando uno de verdad quiere aprender, está dispuesto a desaprender. Está dispuesto a reaprender lo que aprendió mal.
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Lo voy a decir abiertamente: “El Mencho” era, en los hechos, un agente estadounidense, y el Cártel de Jalisco opera como una fuerza de disrupción funcional a los intereses de Estados Unidos en suelo mexicano. Es decir, no son simplemente narcotraficantes; son paramilitares y mercenarios al servicio de Estados Unidos. Es imposible que narcotraficantes puedan trasladarse a Ucrania, entrenar con grupos neonazis bajo el amparo y la vigilancia de la OTAN, o recibir armamento distribuido directamente —y no mediante intermediarios o armerías en Estados Unidos— hacia cárteles en México sin algún tipo de respaldo o tolerancia estructural. Más aún cuando se habla de vínculos con entrenamientos impartidos por kaibiles, fuerzas especiales colombianas o incluso en instalaciones como Fort Bragg o Fort Benning. ¿De verdad se sostiene la idea de que el narcotráfico es completamente autónomo, que surge espontáneamente y opera al margen de las dinámicas de poder global? Evidentemente no. Todo es mantenido por EEUU. El narcotráfico, al igual que el terrorismo, es funcional al imperio. —Palabras del gran Christian Nader
Édisson489,637 views • 3 months ago

¿Quién es realmente el narcotraficante? Cada vez que se habla del narcotráfico en México, la conversación suele caer en los mismos lugares: los capos, los lujos, los corridos, las balaceras. Todo gira alrededor de las figuras visibles. Mientras discutimos sobre capos y terrorismo, rara vez nos detenemos a preguntar quién diseñó realmente este negocio. ¿Por qué una economía ilegal que mueve cantidades enormes de dinero termina siempre operando en los mismos territorios y de la misma manera? La gente piensa que es un rasgo cultural, que es un defecto moral de nuestros países en América. O que es así, porque sí, y qué le vamos a hacer. Pero esas explicaciones son muy pobres. Son las explicaciones que los dueños del negocio han logrado instalar en nuestra sociedad. Si uno se aleja un poco del presente y observa el siglo XIX, encuentra algo revelador: el narcotráfico, como industria global, lo inventó el Reino Unido🇬🇧. La primera gran narcotraficante fue la reina Victoria; no fue Pablo Escobar. El Imperio británico inundó China con opio producido en la India colonizada. Fue una operación comercial, política y militar al mismo tiempo. El opio circulaba porque había una estructura imperial que lo empujaba con un objetivo muy claro: quebrantar a China, que se resistía a abrirse al “libre mercado” británico. La droga fue un arma de guerra para doblegar a una población y mantener a todo un país en un siglo de humillación. Ese modelo —el narcotráfico como engranaje comercial, político y militar— Estados Unidos🇺🇸 lo heredó y lo perfeccionó. Desde la Segunda Guerra Mundial, Washington entendió que el narcotráfico podía ser una herramienta útil para desestabilizar gobiernos incómodos, financiar operaciones encubiertas, armar grupos paramilitares y también controlar a su propia población. No es casualidad que en los años cuarenta, cuando Estados Unidos necesitaba opio para sus guerras, pidiera al gobierno mexicano permiso para sembrar amapola en las montañas de Sinaloa, Durango y Chihuahua. El famoso Triángulo Dorado del noroeste mexicano no lo inventaron los narcos locales: lo impulsó el gobierno estadounidense. Básicamente, desde esa época México funciona como “huerta” de amapola de Estados Unidos. Miremos, por ejemplo, lo que ocurrió en el sudeste asiático durante la Guerra de Vietnam. Allí, la CIA montó una aerolínea llamada Air America que, oficialmente, servía para operaciones de inteligencia y abastecimiento. En los hechos, era una fachada para mover opio y heroína producidos en la región que abarca Laos, Myanmar y Tailandia. Esa droga servía para financiar a las fuerzas anticomunistas locales, y los excedentes se distribuían por otros canales. Cuando los remanentes del Kuomintang —el ejército nacionalista chino derrotado por los comunistas— fueron reubicados en esa zona, se convirtieron en socios de la CIA en el negocio. Esa misma lógica se repitió décadas después en Afganistán. Cuando Estados Unidos invadió el país en 2001, lo primero que hicieron las tropas no fue destruir los cultivos de amapola, sino protegerlos. Durante el breve periodo en que los talibanes controlaron el territorio, la producción de opio había caído drásticamente. Con la llegada de Estados Unidos, volvió a dispararse. El opio afgano sirvió para financiar a señores de la guerra aliados, y las ganancias terminaron engrosando las arcas de multinacionales farmacéuticas que, años después, se convirtieron en las mayores productoras de opioides legales que desataron otra crisis de adicciones, esta vez dentro de Estados Unidos. Entonces, ¿quién es realmente el narcotraficante? Estados Unidos es que quien entrena, arma y financia a los grupos criminales narcotraficantes; pero también es el mismo que después dice combatirlos. El cártel de Los Zetas, por ejemplo, fue entrenado por fuerzas especiales de Estados Unidos en bases como Fort Bragg y Fort Benning. Y el cártel Los Mata Zetas, que después se convirtió en el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), fue adiestrado por los kaibiles guatemaltecos, que a su vez habían sido formados por instructores estadounidenses. El lema del CJNG es el mismo que usaban los kaibiles: “si avanzo, sígueme; si me detengo, apriétame; si retrocedo, mátame”. Incluso más recientemente, se ha documentado que narcotraficantes mexicanos viajaron a Ucrania para recibir entrenamiento de guerra por parte de mercenarios vinculados a empresas como Blackwater. ¿Ya van entendiendo? El negocio del narcotráfico no es un desborde de la criminalidad local: es una industria militarizada que opera con la lógica de los ejércitos irregulares. Y esa lógica tiene un propósito muy concreto: generar caos controlado en territorios estratégicos. Cuando se habla de quién distribuye la droga dentro de Estados Unidos, suele decirse que es un misterio. Ya lo dijo, de forma mordaz, Andrés Manuel: “Allá no hay narcotráfico ni laboratorios. Allá no hay carteles. Allá es por telepatía que se distribuye. No hay mafias”. La verdad es que debería poderse rastrear y, si no se hace, es porque hay protección criminal desde el mismo gobierno gringo. El dinero del narcotráfico no se queda en las sierras de Sinaloa ni en los laboratorios de Jalisco. Sube hasta los bancos más grandes del mundo. HSBC, Citigroup y otras instituciones financieras han sido señaladas por lavar dinero del narco durante décadas. Pero cuando se intenta investigar en serio, siempre hay alguien que cierra la puerta. De hecho, ha habido gobiernos en Estados Unidos que llegaron al poder con dinero del narcotráfico. Un dato que se puede rastrear en las trayectorias de figuras como Bill Clinton, desde sus años como gobernador de Arkansas, o Donald Trump, cuyos casinos en Atlantic City y hoteles en Panamá fueron señalados durante años como nodos de lavado de dinero. Sheldon Adelson, uno de los grandes donantes de Trump, construyó su fortuna en el negocio de los casinos, un sector donde el lavado de dinero del narco es parte del paisaje cotidiano. Para Estados Unidos el narcotráfico es también una herramienta de control social. La llamada guerra contra las drogas, inaugurada por Richard Nixon en 1971, nunca fue realmente una guerra contra las sustancias. Fue una guerra contra ciertos sectores de la población: el movimiento antibélico, los hippies y la comunidad afrodescendiente. Se trataba de criminalizar selectivamente, de llenar las cárceles con cuerpos específicos, mientras en Wall Street los yuppies de los ochenta consumían cocaína sin mayor problema. Ronald Reagan profundizó esa doble moral: discursos moralizantes contra la droga, mientras la CIA distribuía heroína en barrios negros y latinos de Los Ángeles y San Francisco. Hoy, cuando se detiene a un capo como el Mencho, el discurso oficial celebra la "cooperación bilateral" y la "inteligencia compartida entre EEUU y México. Pero la narrativa que realmente nos están intentando calar es que México no puede controlar su territorio, que el gobierno mexicano está involucrado con el narco y que los ciudadanos estadounidenses están en peligro. Esa triple narrativa prepara el terreno para algo más: presiones arancelarias, injerencia militar o intervención directa. Tenemos que madurar, entender que el narcotráfico no es solo un negocio de drogas. Es también una palanca gringa para acceder a recursos estratégicos. México tiene las reservas de plata más grandes del planeta, además de litio e hidrocarburos. En un contexto en el que Estados Unidos busca consolidar su control sobre el continente, la desestabilización de territorios ricos en minerales es parte de su manual. La misma lógica que opera en Venezuela con el petróleo, o en el llamado triángulo del litio en Sudamérica, se aplica en México. El narcotraficante es Estados Unidos. Eso tiene sustento histórico. Hoy el narcotráfico no existe a pesar de Estados Unidos. Existe porque Estados Unidos lo ha usado, lo ha financiado, lo ha protegido y lo ha integrado a su maquinaria de poder durante más de un siglo. Mientras no entendamos eso, seguiremos discutiendo sobre capos y violencia desbordada, ignorando —con total impunidad— la premisa central: El narco es el gringo. Nos lo cuenta Christian Nader
Édisson379,879 views • 3 months ago

No pueden continuar su día, sin ver este vídeo. Sí, China 🇨🇳 montó un show, pero no es el circo vacío de EEUU 🇺🇸, que bombardea una lancha para justificar su despliegue frente a Venezuela 🇻🇪 y vender el cuento de la “lucha contra narcos” y “Maduro es un narco”. Lo de China es otra cosa: un spoiler de lo que viene, fuerza real que parece ciencia ficción. China no es marketing: será el justiciero del maldito imperio en decadencia.
Édisson464,434 views • 9 months ago

¿Entienden de qué se trata todo esto? Estamos frente a un imperio en decadencia: Estados Unidos. 🇺🇸 Y nuestro justiciero histórico ya tiene nombre: China. 🇨🇳 A este ritmo, China dejará a EEUU en el abismo. Lo ha superado en prácticamente todos los campos: infraestructura, industria, tecnología, comercio y diplomacia. Y lo ha hecho sin declarar una sola guerra. En paz. Pero el imperialismo no se rinde sin violencia. Estados Unidos necesita una guerra contra China, pero no puede permitirse que sea una guerra contra China, Rusia e Irán al mismo tiempo. A Rusia🇷🇺 la enfrenta en Ucrania🇺🇦. Con Irán lleva décadas preparando el terreno, y ahora empieza a recoger los frutos: aislamiento regional, sanciones, demonización mediática. Irán 🇮🇷 está prácticamente solo en Asia Occidental. Apenas cuenta con el apoyo de Yemen🇾🇪, y poco más. Washington sabe que debe detenerlo antes de que tenga armamento nuclear. Si Irán se vuelve una potencia atómica como Corea del Norte🇰🇵, ya no habrá forma de doblegarlo sin consecuencias catastróficas. Pero Irán ha resistido. Solo. Bajo sanciones. Bajo amenazas. Su pueblo ha demostrado dignidad y soberanía como pocos. Quizás su error estratégico ha sido el respeto religioso por la no proliferación nuclear. Esa ética ha postergado su defensa. Y hoy paga el precio, siendo víctima directa de los ataques del Estado sionista🇮🇱. A largo plazo, Irán podría convertirse en una China del Asia Occidental. Pero para ello necesita estabilidad. Y por eso, Estados Unidos está dispuesto a sacrificar a Israel si con ello arrastra a Irán a la guerra. Porque el imperialismo no tiene aliados. Tiene herramientas. Y las desecha cuando ya no sirven. Una guerra en este momento sería devastadora para el pueblo iraní. Más aún contra el brazo armado del colonialismo: Israel, el perro sionista, cruel y cobarde, que ataca a poblaciones civiles como lo ha hecho con Palestina durante décadas. Es fácil exigir que Irán entre en guerra. Como si fuera un videojuego. Pero no lo es. Estamos hablando de vidas humanas, de sufrimiento, de retroceso civilizatorio. Irán, pese a su poder, ha demostrado una enorme paciencia estratégica, precisamente para evitar eso. Es fácil exigirle al pueblo iraní que enfrente solo a los asesinos del mundo, mientras nosotros, en nuestras propias naciones, ni siquiera hemos tenido el coraje de expulsar a los embajadores de Israel. Aun así, hoy, la dignidad de la humanidad está con Irán. Y ojalá China, Rusia o Corea del Norte, no lo abandonen. Porque más temprano que tarde, EE.UU. los enfrentará a todos. Y entonces, será mejor tener a Irán vivo, fuerte y al lado.
Édisson480,759 views • 1 year ago

Ni se les ocurra difundir esta denuncia del sacerdote católico Ramiro Arango Escobar, sobre Edmundo González: Don Edmundo González, "el matacuras", se alineó con los intereses estadounidenses en El Salvador en la década de 1980. Apoyó a los Escuadrones de la Muerte, responsables de asesinar a luchadores sociales y a seis sacerdotes jesuitas, incluido Monseñor Romero.
Édisson376,472 views • 1 year ago

Voy a decir algo que probablemente enfurezca a muchos, pero aun así lo voy a decir: La República Islámica de Irán, y Ali Jamenei, son más cristianos —en el sentido original del cristianismo— que muchos de los cristianos que viven hoy en Occidente. Sé que la frase suena provocadora. Pero solo suena escandalosa porque en Occidente hemos olvidado algo esencial del cristianismo primitivo: la centralidad del martirio. El cristianismo nace con un mártir. Jesús de Nazaret. Y su muerte no fue un accidente ni una tragedia inesperada. Fue algo consciente, asumido y aceptado. Jesús sabía perfectamente lo que iba a ocurrir. Pudo evitarlo. Pudo huir. Pudo esconderse. Pero no lo hizo. Ese es el significado original del martirio: una muerte asumida conscientemente por fidelidad a una verdad o a un pueblo. Por eso, cuando observamos ciertos acontecimientos en Irán desde esa perspectiva, lo que vemos se parece sorprendentemente a esa lógica. Ali Jamenei sabía perfectamente que su vida estaba amenazada. Podía haberse protegido. Podía haberse refugiado en un búnker. Podía haberse aislado. Pero su respuesta fue otra. Dijo algo profundamente simbólico: si los 92 millones de iraníes no pueden refugiarse en un búnker, él tampoco lo haría. Y murió en sus actividades normales, en su vida cotidiana, junto a su familia. Desde la lógica occidental secularizada esto parece incomprensible. Pero desde la lógica religiosa del martirio es perfectamente inteligible. Porque en el chiismo el martirio no es una tragedia absurda. Es una categoría espiritual central. El ejemplo fundacional del chiismo es Huséin ibn Alí, nieto del profeta Mahoma, que murió en la batalla de Karbala en el año 680. Huséin sabía que iba a morir. Sabía que la batalla estaba perdida antes de comenzar. Y aun así fue. Porque su muerte no era simplemente militar: era simbólica, moral y espiritual. Ese acontecimiento —Karbala— es para el chiismo lo que la crucifixión es para el cristianismo. Por eso, aunque muchos en Occidente no lo sepan, el chiismo comparte con el cristianismo algo muy profundo: una teología del sacrificio y del martirio. De hecho, teológicamente el chiismo tiene más similitudes estructurales con el catolicismo y la ortodoxia que con el islam suní. Tiene una jerarquía religiosa. Tiene figuras espirituales comparables a los santos. Tiene una tradición de martirio central. Y tiene una narrativa de sacrificio moral frente a la injusticia. Pero hay algo que suele sorprender aún más a quienes desconocen el islam: Jesús ocupa un lugar central dentro del islam. Para los musulmanes, Jesús —Isa— es uno de los grandes profetas y además el Mesías. Después de Mahoma, es una de las figuras más importantes de toda la tradición islámica. En el chiismo, además, existe la figura del Mahdi, el imán oculto que regresará al final de los tiempos. Y según la tradición chií, cuando el Mahdi regrese lo hará acompañado por Jesús. Sí. Jesús regresará junto al Mahdi. Ese detalle, por sí solo, rompe completamente la caricatura que suele construirse en Occidente sobre el islam. Porque el islam no aparece en la historia como una religión completamente ajena al cristianismo. Históricamente, surge dentro del mismo universo religioso. Comparte con el cristianismo la tradición abrahámica, la herencia bíblica y gran parte de su imaginario espiritual. De hecho, cuando el islam apareció en el siglo VII, muchos en el mundo bizantino pensaron inicialmente que se trataba simplemente de una nueva corriente cristiana. No era exactamente así. Pero tampoco era una ruptura absoluta. El islam es, en muchos sentidos, una continuación histórica de las religiones abrahámicas, influida por el judaísmo, el cristianismo, el mandeísmo y también por la antigua tradición religiosa persa: el zoroastrismo. Por eso la idea occidental de que Irán representa una civilización completamente ajena al cristianismo es, en gran medida, un producto del desconocimiento. Y también de la propaganda. Porque en Irán existen millones de cristianos. Y cuando cristianos mueren en Palestina o en Irán bajo agresiones sionistas, muchas autoridades religiosas chiíes los reconocen igualmente como mártires. Para el chiismo, el martirio no pertenece exclusivamente a una religión. Pertenece a quienes mueren por justicia, por su pueblo o por su fe. Y esa lógica es profundamente familiar para cualquiera que conozca la historia del cristianismo primitivo. —Estas palabras las escuché de la boca de Christian Nader, pero las sentí como si fueran mías.
Édisson62,236 views • 3 months ago
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Nadie debería hablar de lo que sucede en Ucrania sin ver esto: 1/4 El 2 de mayo del 2014 ucronazis asesinaron en masa a ciudadanos de Odessa que protestaban contra el golpe de Estado. Los quemaron vivos, y a los que se lanzaron por las ventanas, los remataron en el piso.
Édisson458,246 views • 3 years ago

El Reino Unido🇬🇧 fue el primer gran narcotraficante del sistema mundial moderno. En el siglo XIX, China🇨🇳 no era un país atrasado ni aislado. Era un mundo completo. Producía lo que consumía, comerciaba con Asia, tenía estructuras propias y no necesitaba integrarse al sistema económico europeo. No dependía de Occidente. Ahí entra el Reino Unido, pionero del libre mercado armado. Llegó a las costas chinas con barcos de guerra y una exigencia simple: China debía abrirse, comprar productos británicos y someterse a las reglas del comercio occidental. Pekín respondió que no. No por soberbia, sino porque no lo necesitaba. El imperio británico no aceptó la negativa. Si China no compraba voluntariamente, había que forzarla. El instrumento elegido fue el opio. Desde la India británica y otras colonias, Londres inundó China de droga. El objetivo era claro: provocar adicción masiva, desestabilizar la sociedad y romper el equilibrio económico interno. El libre mercado entró a China en forma de narcotráfico. Cuando el gobierno chino confiscó los cargamentos y arrojó el opio al mar, el Reino Unido reaccionó con furia. Alegó que China había violado el “derecho al comercio”. Para el imperio, vender droga era un derecho sagrado. La reina Victoria, máxima autoridad del primer Estado narcotraficante de la historia, ignoró las protestas chinas y respondió con cañones. Así comenzaron las Guerras del Opio. China fue bombardeada, derrotada y obligada a firmar tratados humillantes. Hong Kong fue robado en ese contexto. El mensaje era claro: "quien no se somete al mercado occidental será castigado". La agresión no terminó ahí. A finales del siglo XIX, cuando la población china se rebeló contra décadas de saqueo y humillación —el levantamiento de los Bóxer—, Occidente respondió con una invasión multinacional. Tropas británicas, francesas, estadounidenses, rusas y japonesas marcharon sobre Pekín, incendiaron la ciudad y saquearon el Palacio de Verano. El saqueo fue dirigido por un británico, heredero de una familia célebre por robar también los mármoles del Partenón. El Reino Unido confirmaba su doble especialidad histórica: ladrón y narcotraficante. Todo fue justificado con el mismo argumento: China no se abría al mundo, no respetaba el libre mercado, amenazaba el equilibrio global. Doscientos años después, el discurso cambió de forma, pero no de fondo. China se abrió al mercado mundial. Se industrializó. Aprendió. Innovó. Hoy produce tecnología, transporte, energía, bienes complejos. Compite y gana. Y ahora Occidente —especialmente Estados Unidos🇺🇸, heredero político y económico del imperio británico— ya no acusa a China de cerrarse, sino de haberse abierto demasiado. El problema es evidente: Estados Unidos ya no tiene la capacidad industrial para competir. No produce lo que consume. Vive de la deuda, la especulación, el privilegio monetario y la sangre de los pueblos. Frente a una China productiva, queda expuesto como lo que es: un gigante genocida cada vez más hueco. Por acá la clase, con el profe Christian Nader:
Édisson65,920 views • 4 months ago

Parece que, por fin, China🇨🇳 intervino en favor de Irán y eso habría llevado a Estados Unidos a abortar un ataque que parecía inminente. Te lo cuenta Christian Nader. El espacio aéreo iraní había sido cerrado, los primeros jets y drones estadounidenses ya se movían desde bases en la región y varias instalaciones comenzaban a ser desalojadas, cuando de pronto los cielos quedaron vacíos y aparecieron en radar aeronaves de la República Popular China. Minutos después, los aviones estadounidenses se replegaron hacia la península arábiga. A esto se sumó la negativa de Turquía, Egipto, Arabia Saudí y Qatar a permitir el uso de su espacio aéreo para un ataque, reduciendo drásticamente las opciones de Washington. Todo indica que Pekín entendió que no podía permitirse la caída de Irán —clave para la arquitectura de seguridad euroasiática, los BRICS y el equilibrio regional—, aunque el riesgo no ha desaparecido: el escenario sigue abierto y podría cambiar de un momento a otro.
Édisson68,763 views • 4 months ago

Así me recibió Chile. 🇨🇱 Conocía la xenofobia, pero nunca la había vivido en carne propia.
Édisson148,274 views • 1 year ago

Se le cayó la máscara a Occidente que alardeaban de preocuparse por los derechos de las mujeres y sancionar países por ello. En Palestina, Israel asesinó 9.000 mujeres en 5 meses, y no tiene una sola sanción, embargo o bloqueo por parte de EEUU, UK, o UE. Despierta mundo.
Édisson258,912 views • 2 years ago

Hace rato quería decirles esto, pero ya Diego Ruzzarin ☭ lo hizo por mí: "Cuando tú dices "el régimen iraní", prácticamente ya ganó la CIA. Le estás haciendo el trabajo a Trump. Cada vez que dices “el régimen iraní”, “el régimen venezolano”, “el régimen cubano”, el régimen —no sé, lo que tú quieras—, cada vez que tú usas esas palabras, tú estás trabajando para la CIA, pero gratis, porque eres un idiota, porque eres un inútil. Estás trabajando gratis para ellos, gratis. Por lo menos cobra, cabrón."
Édisson29,071 views • 2 months ago

Les dejo una ENORME VERDAD que resume Diego Ruzzarin ☭. ENORME. La libertad de los Estados, el cumplimiento de los contratos, el respeto a la soberanía y a la autodeterminación de los pueblos —eso que llaman "derecho internacional"— existe solo para atrapar a los débiles. Para los fuertes, el derecho internacional no aplica. Si tienes fuerza, haces lo que se te da la gana. Los fuertes hacen lo que pueden y los débiles toleran lo que les toca. Ese es todo el "derecho internacional". Lo demás es fantasía liberal para bobos. C.C.: Gustavo Petro🇨🇴, Claudia Sheinbaum Pardo🇲🇽, Lula🇧🇷
Édisson58,405 views • 5 months ago

¿Ya se nos olvido por qué los gringos están cometiendo tantas estupideces contra Irán? "Hay 3 millones de archivos, 180 mil fotos y 2 mil videos documentando abuso sexual, canibalismo, tráfico de personas, grabaciones, tortura, asesinato y muerte; niños y niñas de 13, 14 y 15 años en los archivos de Jeffrey Epstein, de los cuales llevamos un gran total de cero arrestos. Cero. Cero personas han sido arrestadas. Cero." Diego Ruzzarin ☭
Édisson26,574 views • 2 months ago

Ve, Diego Ruzzarin ☭ nos explica ese adefesio que llaman "democracia" en Estados Unidos: "Estados Unidos tiene 435 personas en el Congreso. Todos los que están en negro y rojo reciben dinero de Israel. Sólo los que están en azul y verde no reciben dinero de Israel. O sea, de los 435 miembros del Congreso, 324 representa los intereses del lobby sionista. (...) Marx tenía razón, y no es por querer citar a Marx todo el puto tiempo, pero es que si, la realidad constantemente le da la razón a Marx, pues lean a Marx. No sé quién más recomendarles."
Édisson22,008 views • 2 months ago

Uno de los blancos legítimos dentro de la respuesta de la República Islámica de Irán ha sido Baréin. 🇧🇭 Y esto requiere una explicación, porque fuera de la región casi nadie entiende qué es realmente Baréin. Baréin es una pequeña isla en el Golfo Pérsico gobernada por la dinastía Al Jalifa. Esa dinastía es suní. El problema —o más bien la contradicción política fundamental del país— es que aproximadamente entre el 70 y el 75 % de la población de Baréin es chií. Es decir: una minoría suní gobierna a una mayoría chií. Y no lo hace porque haya ganado elecciones o porque exista una legitimidad democrática sólida. Lo hace porque históricamente fue sostenida por el Imperio británico, cuando Baréin era una colonia o protectorados de Londres. Cuando el imperio británico se retiró formalmente del Golfo, ese sostén pasó a manos de Washington. Hoy Baréin es un régimen sectario y profundamente represivo con su propia población. Esa población, sin derechos, lleva décadas soportando una dinastía que la subyuga. Para ellos, las bases militares estadounidenses no representan protección, sino el sostén externo de sus opresores. Por eso la población celebra los ataques de Irán contra instalaciones militares de EEUU en la región. A esa estructura hay que añadir otro elemento típico de las petromonarquías del Golfo: las superélites expatriadas. Ejecutivos, inversionistas, rentistas globales que circulan entre Emiratos Árabes Unidos, Catar, Kuwait o el propio Baréin. Una capa social completamente desligada de la población local, pero que funciona como base económica y política de esos regímenes. En otras palabras: una minoría gobernante, parásita, sostenida por potencias occidentales y rodeada de élites globales, administra un país donde la mayoría de la población pertenece a otra confesión religiosa y a otros intereses geopolíticos. Y ese país, además, no es cualquier punto geográfico. En la antigüedad, Baréin era identificado con Dilmun. Para los sumerios y los acadios —es decir, para las civilizaciones mesopotámicas— Dilmun era un lugar especial, casi mítico. Un territorio asociado a la fertilidad, al origen de la vida, a la idea de un jardín primordial. De ahí viene, de hecho, la genealogía de una imagen que siglos más tarde reaparece en otras tradiciones: la del jardín del Edén. Los mesopotámicos situaban ese jardín más hacia el sur de la región del Golfo, en la península arábiga. Con el tiempo, cuando esas mitologías se reconfiguran en otras tradiciones religiosas —incluida la tradición bíblica— el imaginario del Edén se reinterpreta y se desplaza, pero su raíz está en esas cosmologías mesopotámicas. Ese lugar —con esa carga histórica y simbólica— es hoy gobernado por la dinastía Al Jalifa. Para que nos hagamos una idea, en medio de la crisis actual ni siquiera está claro dónde se encuentra el reyezuelo Hamad bin Isa Al Jalifa. No se sabe si sigue en el país, si salió precipitadamente o si se encuentra refugiado en Arabia Saudí u otro territorio aliado. La situación misma ya dice mucho sobre la fragilidad del régimen. Muchos de los regimenes que Washington ha ayudado a construir en la región carecen de legitimidad política real. No se sostienen sobre consensos sociales profundos, sino sobre estructuras de seguridad, alianzas militares y protección externa. Eso incluye a las petromonarquías agrupadas en el Consejo de Cooperación del Golfo. Pero además hay otro problema: la dependencia estructural. Durante décadas estos Estados han recibido enormes ingresos petroleros y han sido aliados privilegiados de Occidente. Aun así, muchas de estas economías siguen dependiendo de una sola cosa: los hidrocarburos. No han diversificado seriamente su base productiva. Entonces ocurre algo curioso cuando entran en una lógica de confrontación con Irán. Si EEUU y el sionismo atacan a la República Islámica bombardeando instalaciones petroleras, eléctricas o incluso nucleares, la respuesta simétrica de Irán puede dirigirse contra infraestructuras militares críticas del bloque contrario: del ente sionista o de sus aliados regionales. Aquí aparece una vulnerabilidad enorme que rara vez se menciona fuera de la región: el mayor problema para Arabia Saudí no es necesariamente que sus hidrocarburos no puedan salir al mercado durante un periodo. El mayor problema es otro. El agua. Gran parte del abastecimiento de agua de Arabia Saudí depende de plantas desalinizadoras. Si esas plantas se vieran dañadas, el país podría enfrentar una crisis hídrica en cuestión de días. En una semana la situación sería extremadamente crítica. Y esto ocurre por una razón sencilla: el modelo de vida que sostienen las élites del Golfo depende completamente de esas infraestructuras. Porque agua en la península arábiga sí existe. Hay manantiales en zonas montañosas. Por ejemplo en Omán. También en algunos emiratos montañosos de los Emiratos Árabes Unidos. Y en el noroeste de Arabia Saudí, donde hay regiones montañosas en las que incluso se han registrado nevadas. Es decir: agua hay para las poblaciones locales. Lo que no hay es suficiente agua para sostener el estilo de vida extremadamente derrochador, obseno, de la cúpula saudí y de las élites económicas occidentales que orbitan alrededor de lugares como Dubái, Abu Dabi, Doha, Manama o incluso Kuwait. Ese modelo urbano artificial —hecho de rascacielos, consumo energético descomunal y turismo de lujo— depende de infraestructuras muy frágiles. Por eso, cuando se habla de escaladas militares en la región, la cuestión del agua se vuelve inmediatamente estratégica. Y en ese contexto, la capacidad de respuesta de Irán genera un profundo temor en las monarquías tiránicas, que ven amenazada la comodidad y los privilegios sobre los que sostienen su poder. Más aún cuando las poblaciones que mantienen sometidas podrían, en cualquier momento, voltear la mesa y hacer caer por el suelo el festín del que hoy disfrutan. —Lo reapasamos con Christian Nader.
Édisson30,814 views • 3 months ago