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14 años difundiendo el aliancismo con pasión y objetividad. • Libro La Revancha del Pueblo, pedidos al DM.

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¿TARJETA ROJA EN LA COMISIÓN O PALETA VERDE Y SUMISIÓN? Las infracciones al reglamento cometidas por los futbolistas de Universitario; Jairo Concha, Caín Fara y el director técnico Javier Rabanal tras el partido ante Sporting Cristal, es la muestra perfecta de lo que siempre sancionan con dureza la FPF y la Liga 1: insultos al público, provocación directa y retos que incitan peligrosamente a la violencia. Ante el video que se ha viralizado en redes sociales, el Reglamento Único de Justicia de la FPF (RUJ-FPF) no deja espacio para la creatividad interpretativa. Los tres merecen sanciones severas, sobre todo, porque nada de esto es nuevo, la propia Comisión ya ha sancionado conductas menos intensas y graves, con suspensiones altas (hasta desproporcionadas) y multas, por tanto, es una OBLIGACIÓN que esta vez se cumpla el reglamento como corresponde. ¿Esta vez habrá igualdad de trato… o un reglamento crema “a la carta” como en los últimos años? Porque el video es claro, Concha, Fara y Rabanal insultan y desafían a pelear a los hinchas desde el campo, por eso la discusión no es si hay infracción, sino que tan firme será la sanción. Porque si en unos casos el estándar es alto y en otros se vuelve elástico, el mensaje es simple: el reglamento depende de quién esté al frente. Y el fútbol peruano ya conoce demasiado bien lo que pasa cuando la vara cambia de altura, sobre todo con los equipos “paleta verde”. Sería curioso que, justo cuando hay un video en HD, la sanción se vuelva borrosa.

¿TARJETA ROJA EN LA COMISIÓN O PALETA VERDE Y SUMISIÓN? Las infracciones al reglamento cometidas por los futbolistas de Universitario; Jairo Concha, Caín Fara y el director técnico Javier Rabanal tras el partido ante Sporting Cristal, es la muestra perfecta de lo que siempre sancionan con dureza la FPF y la Liga 1: insultos al público, provocación directa y retos que incitan peligrosamente a la violencia. Ante el video que se ha viralizado en redes sociales, el Reglamento Único de Justicia de la FPF (RUJ-FPF) no deja espacio para la creatividad interpretativa. Los tres merecen sanciones severas, sobre todo, porque nada de esto es nuevo, la propia Comisión ya ha sancionado conductas menos intensas y graves, con suspensiones altas (hasta desproporcionadas) y multas, por tanto, es una OBLIGACIÓN que esta vez se cumpla el reglamento como corresponde. ¿Esta vez habrá igualdad de trato… o un reglamento crema “a la carta” como en los últimos años? Porque el video es claro, Concha, Fara y Rabanal insultan y desafían a pelear a los hinchas desde el campo, por eso la discusión no es si hay infracción, sino que tan firme será la sanción. Porque si en unos casos el estándar es alto y en otros se vuelve elástico, el mensaje es simple: el reglamento depende de quién esté al frente. Y el fútbol peruano ya conoce demasiado bien lo que pasa cuando la vara cambia de altura, sobre todo con los equipos “paleta verde”. Sería curioso que, justo cuando hay un video en HD, la sanción se vuelva borrosa.

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El periodismo deportivo: una vez más Ayer comentábamos sobre el rol de la prensa deportiva en el devenir del fútbol peruano, especialmente en lo que respecta a Alianza Lima. Con cierto asombro, advertimos que muchos usuarios aún albergaban dudas sobre la veracidad de nuestras palabras: pedían ejemplos. Pues bien, debemos agradecer al buen Alan Diez por dejarnos en bandeja una magnífica escenificación de la podredumbre periodística a la que hacíamos referencia. El extracto citado pertenece a un reel del programa Vamos al VAR —en el que también participan Jesús Arias y Pedro García—. El video dura apenas unos minutos y, aun así, nos regaló una patinada digna de estudio. Esta se refiere al legítimo tetracampeonato aliancista (tan manoseado por seudoperiodistas como Diez), cuando el conductor afirma que “no hay oficialmente un tetracampeonato ni de la U ni de Alianza”, para luego cerrar la idea calificándolo como parte de la “historia engorrosa” del fútbol peruano. Para empezar, el tetracampeonato de Alianza Lima existe y es oficial. Como se ha demostrado hasta el hartazgo, todas las resoluciones del ente organizador del torneo (la Liga de Lima) y del ente regulador (la propia FPF), emitidas en la misma época de los hechos, dan por sentada la existencia del hito y, en consecuencia, su legitimidad. Que posteriormente —debido a errores en publicaciones no resolutivas y carentes de rigor académico (como los famosos libros de la FPF y ADFP), y hoy por una negativa casi enfermiza de las autoridades a corregir algo tan sencillo de enmendar— se considere a Universitario como campeón de 1934 es otro debate. Lo cierto es que Alianza Lima cuenta con toda la documentación que acredita su tetracampeonato, mientras que Universitario no posee resolución alguna que lo proclame campeón de aquel torneo. En efecto, lo que el señor Diez denomina “tema engorroso de la historia del fútbol peruano” es, en realidad, algo muy fácil de comprender con la simple lectura de documentos ya existentes —sin necesidad siquiera de recurrir a una hemeroteca, aunque no estaría de más, sobre todo antes de emitir este tipo de opiniones— y con un uso mínimo de la razón. Si hay algo verdaderamente engorroso, en todo caso, es la manera en que Universitario, a base de mentiras y prepotencia, ha logrado convencerse a sí mismo y a buena parte de la prensa moderna de que es el legítimo campeón de 1934, sin un solo documento resolutivo que lo sustente. Pero, claro, investigar eso quizá le resulte demasiado “engorroso” al señor Diez. Por eso, cuando desde la tribuna mediática se banaliza un hecho histórico debidamente acreditado y se lo despacha como una “historia engorrosa”, no estamos ante una simple opinión equivocada, sino ante una forma de irresponsabilidad profesional. El periodismo deportivo no está para acomodar relatos ni para reforzar mitos convenientes, sino para contrastar hechos y explicar la verdad, aunque incomode. Pero eso sería mucho pedir, ¿verdad?

El periodismo deportivo: una vez más Ayer comentábamos sobre el rol de la prensa deportiva en el devenir del fútbol peruano, especialmente en lo que respecta a Alianza Lima. Con cierto asombro, advertimos que muchos usuarios aún albergaban dudas sobre la veracidad de nuestras palabras: pedían ejemplos. Pues bien, debemos agradecer al buen Alan Diez por dejarnos en bandeja una magnífica escenificación de la podredumbre periodística a la que hacíamos referencia. El extracto citado pertenece a un reel del programa Vamos al VAR —en el que también participan Jesús Arias y Pedro García—. El video dura apenas unos minutos y, aun así, nos regaló una patinada digna de estudio. Esta se refiere al legítimo tetracampeonato aliancista (tan manoseado por seudoperiodistas como Diez), cuando el conductor afirma que “no hay oficialmente un tetracampeonato ni de la U ni de Alianza”, para luego cerrar la idea calificándolo como parte de la “historia engorrosa” del fútbol peruano. Para empezar, el tetracampeonato de Alianza Lima existe y es oficial. Como se ha demostrado hasta el hartazgo, todas las resoluciones del ente organizador del torneo (la Liga de Lima) y del ente regulador (la propia FPF), emitidas en la misma época de los hechos, dan por sentada la existencia del hito y, en consecuencia, su legitimidad. Que posteriormente —debido a errores en publicaciones no resolutivas y carentes de rigor académico (como los famosos libros de la FPF y ADFP), y hoy por una negativa casi enfermiza de las autoridades a corregir algo tan sencillo de enmendar— se considere a Universitario como campeón de 1934 es otro debate. Lo cierto es que Alianza Lima cuenta con toda la documentación que acredita su tetracampeonato, mientras que Universitario no posee resolución alguna que lo proclame campeón de aquel torneo. En efecto, lo que el señor Diez denomina “tema engorroso de la historia del fútbol peruano” es, en realidad, algo muy fácil de comprender con la simple lectura de documentos ya existentes —sin necesidad siquiera de recurrir a una hemeroteca, aunque no estaría de más, sobre todo antes de emitir este tipo de opiniones— y con un uso mínimo de la razón. Si hay algo verdaderamente engorroso, en todo caso, es la manera en que Universitario, a base de mentiras y prepotencia, ha logrado convencerse a sí mismo y a buena parte de la prensa moderna de que es el legítimo campeón de 1934, sin un solo documento resolutivo que lo sustente. Pero, claro, investigar eso quizá le resulte demasiado “engorroso” al señor Diez. Por eso, cuando desde la tribuna mediática se banaliza un hecho histórico debidamente acreditado y se lo despacha como una “historia engorrosa”, no estamos ante una simple opinión equivocada, sino ante una forma de irresponsabilidad profesional. El periodismo deportivo no está para acomodar relatos ni para reforzar mitos convenientes, sino para contrastar hechos y explicar la verdad, aunque incomode. Pero eso sería mucho pedir, ¿verdad?

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