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Exponiendo a la élite pedófila y la corrupción judicial. CASO BAR ESPAÑA y sus conexiones. Protege a los niños. https://t.co/2dPEYn2eWd

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🚨THE INDUSTRY OF SNUFF FILMS. Compilation of multiple videos regarding the evil industry of snuff films.
19:18

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🚨La Cinta de Bjorn: la oscuridad que Scotland Yard no pudo borrar. En los archivos policiales británicos de los años noventa existe una cinta que todavía hoy genera escalofríos entre quienes la han visto. La llaman “La Cinta de Bjorn”. No es una leyenda de internet ni una historia de terror inventada. Es un video real, grabado a finales de los ochenta o principios de los noventa, en el que un niño —al que la policía británica apodó “Bjorn” porque nunca lograron identificar su identidad real— sufre abusos extremos y tortura sistemática. Scotland Yard obtuvo una copia. La analizó. Liberó fotogramas al documental The Boy Business de 1997. Y aun así, ni la víctima ni los hombres que la filmaron han sido identificados públicamente hasta el día de hoy. La cinta circuló durante años entre redes de pedófilos de toda Europa Occidental. Era un producto más dentro de un mercado clandestino que funcionaba con una frialdad empresarial. El escenario de esta historia es Ámsterdam a finales de los años ochenta y principios de los noventa. Allí se instaló un grupo de británicos que convirtió la ciudad en un centro de explotación infantil organizado. Alquilaban locales en la calle Spuistraat, montaban burdeles con nombres como Gay Palace o Boys Club 21 y traficaban niños. Primero trajeron menores sin hogar de las calles de Londres. Después, cuando cayó el bloque soviético, empezaron a importar niños de Europa del Este, muchos de ellos de apenas diez u once años. Uno de los nombres que aparece de forma recurrente en las investigaciones es el de Warwick Spinks. Un londinense que no solo abusaba de los niños, sino que los vendía a burdeles y participaba en la producción de material de abuso. En 1995 fue detenido en Hastings (Reino Unido). Lo condenaron por secuestrar a dos niños sin hogar de las calles de Londres, violarlos (uno de ellos bajo amenaza de cuchillo) y vender a uno de ellos directamente a un burdel en Ámsterdam. Cumplió parte de su pena de cinco años y, al salir, huyó. Estuvo prófugo quince años, usando identidades falsas, hasta que en 2012 la policía checa lo detuvo en Praga y lo extraditó al Reino Unido. Las investigaciones policiales, especialmente la Operación Framework de Scotland Yard y el trabajo periodístico de Nick Davies en The Guardian, destaparon un panorama mucho más amplio. Informantes hablaron de videos de tortura extrema que se vendían por miles de libras. Algunos mencionaban incluso la existencia de grabaciones de asesinatos —las llamadas “snuff tapes”—, aunque la policía nunca pudo confirmar de forma concluyente la existencia de esas cintas de muerte. Lo que sí quedó demostrado fue la existencia de una red estructurada que combinaba tráfico de menores, prostitución forzada y producción de pornografía infantil. La Cinta de Bjorn es solo una pieza de ese rompecabezas. Representa lo peor de lo que puede ocurrir cuando una red criminal opera con impunidad durante años: niños desaparecidos, víctimas que nunca son identificadas y perpetradores que, en muchos casos, logran escapar durante décadas.Hoy, casi treinta años después, la cinta sigue siendo un símbolo de lo que las autoridades lograron ver… y de todo lo que probablemente nunca llegaron a descubrir. La historia de Warwick Spinks y de la red de Ámsterdam nos recuerda que la explotación infantil organizada no es solo un problema del pasado. Es un recordatorio incómodo de que la impunidad tiene memoria larga y de que la justicia, cuando llega, suele llegar tarde. La oscuridad de la Cinta de Bjorn no desaparece solo porque pase el tiempo. Solo desaparece cuando se sigue hablando de ella.
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🚨La Cinta de Bjorn: la oscuridad que Scotland Yard no pudo borrar. En los archivos policiales británicos de los años noventa existe una cinta que todavía hoy genera escalofríos entre quienes la han visto. La llaman “La Cinta de Bjorn”. No es una leyenda de internet ni una historia de terror inventada. Es un video real, grabado a finales de los ochenta o principios de los noventa, en el que un niño —al que la policía británica apodó “Bjorn” porque nunca lograron identificar su identidad real— sufre abusos extremos y tortura sistemática. Scotland Yard obtuvo una copia. La analizó. Liberó fotogramas al documental The Boy Business de 1997. Y aun así, ni la víctima ni los hombres que la filmaron han sido identificados públicamente hasta el día de hoy. La cinta circuló durante años entre redes de pedófilos de toda Europa Occidental. Era un producto más dentro de un mercado clandestino que funcionaba con una frialdad empresarial. El escenario de esta historia es Ámsterdam a finales de los años ochenta y principios de los noventa. Allí se instaló un grupo de británicos que convirtió la ciudad en un centro de explotación infantil organizado. Alquilaban locales en la calle Spuistraat, montaban burdeles con nombres como Gay Palace o Boys Club 21 y traficaban niños. Primero trajeron menores sin hogar de las calles de Londres. Después, cuando cayó el bloque soviético, empezaron a importar niños de Europa del Este, muchos de ellos de apenas diez u once años. Uno de los nombres que aparece de forma recurrente en las investigaciones es el de Warwick Spinks. Un londinense que no solo abusaba de los niños, sino que los vendía a burdeles y participaba en la producción de material de abuso. En 1995 fue detenido en Hastings (Reino Unido). Lo condenaron por secuestrar a dos niños sin hogar de las calles de Londres, violarlos (uno de ellos bajo amenaza de cuchillo) y vender a uno de ellos directamente a un burdel en Ámsterdam. Cumplió parte de su pena de cinco años y, al salir, huyó. Estuvo prófugo quince años, usando identidades falsas, hasta que en 2012 la policía checa lo detuvo en Praga y lo extraditó al Reino Unido. Las investigaciones policiales, especialmente la Operación Framework de Scotland Yard y el trabajo periodístico de Nick Davies en The Guardian, destaparon un panorama mucho más amplio. Informantes hablaron de videos de tortura extrema que se vendían por miles de libras. Algunos mencionaban incluso la existencia de grabaciones de asesinatos —las llamadas “snuff tapes”—, aunque la policía nunca pudo confirmar de forma concluyente la existencia de esas cintas de muerte. Lo que sí quedó demostrado fue la existencia de una red estructurada que combinaba tráfico de menores, prostitución forzada y producción de pornografía infantil. La Cinta de Bjorn es solo una pieza de ese rompecabezas. Representa lo peor de lo que puede ocurrir cuando una red criminal opera con impunidad durante años: niños desaparecidos, víctimas que nunca son identificadas y perpetradores que, en muchos casos, logran escapar durante décadas.Hoy, casi treinta años después, la cinta sigue siendo un símbolo de lo que las autoridades lograron ver… y de todo lo que probablemente nunca llegaron a descubrir. La historia de Warwick Spinks y de la red de Ámsterdam nos recuerda que la explotación infantil organizada no es solo un problema del pasado. Es un recordatorio incómodo de que la impunidad tiene memoria larga y de que la justicia, cuando llega, suele llegar tarde. La oscuridad de la Cinta de Bjorn no desaparece solo porque pase el tiempo. Solo desaparece cuando se sigue hablando de ella.

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Daniel García Fernández, conocido como «Dani el Payaso», fue detenido en Castellón en noviembre de 1999. Fue condenado como autor y distribuidor de pornografía infantil, por corrupción de menores, agresiones sexuales y delitos continuados de abusos sexuales. En el momento de su detención tenía 26 años. Los hechos que se le imputaron se produjeron entre 1996 y 1999. El Ministerio Fiscal solicitaba una pena de 37 años de prisión. Actualmente se encuentra en libertad. Los agentes le incautaron numerosas cintas de vídeo con abundante contenido de pornografía infantil. Muchas de ellas fueron filmadas en el Bar España de Benicarló, en la masía Mas del Coll de Rosell, en la Residencia de Menores Baix Maestrat de Vinaròs y en otros lugares. El sargento González Calviño formó parte de la investigación del caso de «Dani el Payaso». Visualizó las cintas de vídeo de pornografía infantil que se incautaron en noviembre de 1999. En esas fechas mantuvo varias entrevistas con Reinaldo Colás y doña Francisca Pons Amat en las dependencias de la Policía Judicial de la Audiencia Provincial de Castellón. Les preguntó en varias ocasiones sobre el contenido de las cintas y su posible relación con los niños filmados en el Bar España, en concreto las niñas Támara y Aída, hijas de Reinaldo Colás, y Eric García Vidal, nieto de Francisca Pons. El sargento González Calviño afirmó de forma encubridora que dicho material pedófilo no tenía relación con las Diligencias de Investigación Penal n.º 32/99, cuando posteriormente se ha comprobado que sí existía relación y que entre el material incautado a Daniel Fernández García había filmaciones realizadas en el Bar España de Benicarló. Según las noticias publicadas en el periódico Mediterráneo, el fiscal indicó que existía otro procedimiento abierto para identificar al distribuidor de la pornografía infantil que Daniel Fernández García tenía almacenada en su ordenador. «Dani el Payaso» ha sido reconocido y denunciado nuevamente por varios niños víctimas de abusos sexuales que interpusieron denuncias en los Juzgados de Vinaroz. Los denunciantes reconocieron que Dani el Payaso abusaba sexualmente de los menores y formaba parte activa de la red de pederastas que operaba en la provincia de Castellón, siendo el encargado de la distribución de copias de los vídeos en dicha provincia. Además, se le sitúa en el Bar España vendiendo armas a los mismos clientes. Escrito presentado el 11 de abril de 2006. José Luis Peteiro Periz, letrado designado por las víctimas y sus representantes legales (doña Ana Ferreres Prats y don Domingo Maura Comes, así como don Santiago Moreno Rius y don Javier Reyes Cogolludo), presentó un escrito el 11 de abril de 2006 ante el Juzgado de Instrucción n.º 2 de Vinaroz, en el marco de las Diligencias Previas 703/00, en el que exponía lo siguiente: Que esta parte ha tenido conocimiento de la existencia de varias filmaciones de vídeo en las que aparecen varios niños que fueron filmados en el Bar España de Benicarló y en la masía Mas del Coll de Rosell, y que han denunciado los abusos sexuales cometidos por una red de pederastas que operaba en la provincia de Castellón. Que, dada la urgencia y por tratarse de piezas de convicción del presente proceso, se solicita que se remita exhorto a la Sección 3.ª de la Audiencia Provincial de Castellón (Rollo 16/00, Diligencias Previas n.º 1.215/1999, del Juzgado n.º 5 de Castellón), a fin de que se remitan las filmaciones para ser visualizadas, al aparecer en ellas varios niños denunciantes de los hechos con fines pornográficos. En el suplico solicitaba: Que se tenga por presentado este escrito y, dada la urgencia, se remita exhorto a la Sección 3.ª de la Audiencia Provincial de Castellón para que, a su vez, remita las piezas de convicción (filmaciones de vídeo) en las que aparecen las víctimas denunciantes en este procedimiento, filmadas por el acusado y condenado Daniel Jesús Fernández García, para ser visualizadas en presencia del secretario del juzgado. ⚠️En este enlace puedes encontrar todos los documentos:

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