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Salvador Castillo

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"En Querétaro pueden pasar cosas, pero no nos agarrarán con los brazos cruzados", Mauricio Kuri Semanas de mucha #violencia, muchos #muertos, a plena luz del día o en lugares públicos, hay #balaceras y #masacres. La situación ya rebasó a la autoridad, hay incompetencia #Queretaro

"En Querétaro pueden pasar cosas, pero no nos agarrarán con los brazos cruzados", Mauricio Kuri Semanas de mucha #violencia, muchos #muertos, a plena luz del día o en lugares públicos, hay #balaceras y #masacres. La situación ya rebasó a la autoridad, hay incompetencia #Queretaro

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#Opinión Agustín Dorantes, no se ayuda #Dorantes #queretaro #elecciones2027 #plazadearmas #PAN Quien no está dispuesto a ser “sirviente” de su ciudad difícilmente puede presumir que quiere ser su líder, y Dorantes no lo entiende. En la más reciente entrega de Contrafuego, de Sergio Arturo Venegas, director del periódico Plaza de Armas, el senador Agustín Dorantes (Agustín Dorantes) fue puesto contra las cuerdas con una pregunta directa: ¿alcaldía o Senado? El #legislador optó por la elusión pero tropezó con su analogía. Reconoció que la capital queretana es “un toro bravo”, sí, pero acto seguido dejó claro que él no quiere ser el torero que se juegue el pellejo en el ruedo municipal. Pero escuchen sus propias palabras, porque dicen mucho: la alcaldía exige “estar en el día a día”, “resolver los baches”, “estar en la calle”, “ser la sirvienta de la ciudad”. Frase textual. Sirvienta. Con todo el peso peyorativo que arrastra la expresión y donde, al parecer, confunde el servicio público con servidumbre. Dorantes no lo dijo con desprecio explícito, pero la carga simbólica es demoledora: para él, ser alcalde de Querétaro es limpiar, atender, sudar el día a día. Algo, casi doméstico. Algo que, según su lógica, distrae de “responsabilidades mayores”. Y aquí viene el quiebre. El senador defiende su curul federal argumentando que el Senado implica “una gran responsabilidad, no solamente con Querétaro, sino con el país”. Perfecto. Pero segundos después remata que, en realidad, donde más se incide en la calidad de vida de la gente es en la gubernatura. O sea: ni alcaldía (demasiado terreno) ni Senado (demasiado lejano). La verdadera aspiración asoma, casi sin querer, en su capricho. Dorantes no está eligiendo entre dos batallas; está descartando la más incómoda para dejar la puerta abierta a la que más seduce. El argumento de los “dos últimos alcaldes que buscaron ser gobernadores” (Manuel González Valle y Roberto Loyola) y que, según él, pusieron en riesgo la capital, resulta particularmente cínico. En lugar de proponer cómo un alcalde podría compatibilizar su responsabilidad local con ambiciones estatales, Dorantes usa el precedente como coartada para no entrar al ruedo. Es la clásica lógica del político que quiere el poder sin el precio: reconoce la dureza del cargo, pero se reserva el derecho de no asumirlo. Porque esa es la cuestión de fondo. En México, y muy especialmente en Querétaro, la calidad de vida se juega en los baches, en el alumbrado, en la recolección de basura, en el transporte público, en la seguridad de colonia. No en los discursos grandilocuentes del Senado ni siquiera en las grandes definiciones de política estatal. Quien no está dispuesto a ser “sirviente” de su ciudad difícilmente puede presumir que quiere ser su líder. Gobernar no es solo incidir desde arriba; es resolver desde abajo. Y Dorantes, con toda claridad, prefiere incidir desde la altura. O mejor dicho, desde su capricho. No se trata de exigirle lealtad y compromiso. Se trata de exigirle coherencia. Si la capital es un toro bravo, como él mismo admite, entonces la pregunta legítima es otra: ¿por qué un senador de la República, con supuesta experiencia y plataforma, le tiene tanto miedo a torearlo? ¿O es que, simplemente, prefiere aplaudir desde la barrera mientras otro se lleva las cornadas? La política mexicana está llena de aspirantes a gobernadores que primero desdeñan la trinchera municipal. O cómo otro político de su partido que desdeñó el Senado porque "era para viejitos". Dorantes acaba de sumarse a la lista de tropiezos políticos con elegancia retórica, pero con claridad meridiana. Un senador que se quiere jugar su futuro político sin tablas, sin coherencia, y sin plan b. Porque su único interés es llegar a despachar desde Palacio de Gobierno, y no esta mal que aspire, lo malo es que los electores vuelvan a las urnas para elegir "al menos peor en la boleta". Video de Plaza de Armas

Salvador Castillo

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