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CULTO AL MILLONARIO Cuando el poder deja de disimular para quién gobierna. “Estamos trabajando para usted…, pero sólo si usted pertenece al 1% más rico”. Vivimos en la era de la noticia desechable. Todo dura exactamente lo mismo que tarda en aparecer el siguiente escándalo. Un portonazo reemplaza una...

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Lo que ha sucedido hoy en Argentina es contundente, hinchas de diversos equipos de fútbol, dejando cualquier asomo de rivalidad, para unirse bajo una misma camiseta: la de la defensa de sus viejos y viejas, de los jubilados de su país, a los que Milei busca arrebatarles sus derechos. Un pueblo multicolor que grita dignidad. Milei les ha enviado una y otra vez la represión, los gases, el abuso, solo por exigirle que no marchite lo que se han ganado con justicia por toda una vida de trabajo. Es el mismo camino que ha decidido recorrer la vieja política en Colombia, el de ir en contra del pueblo y sus intereses: ¿acaso no es eso lo que buscaban intentando tumbar la reforma pensional que contempla que más de 2 millones de adultos mayores tengan un bono para comer y vivir sus últimos años con tranquilidad?, ¿No es lo que persiguen ahora hundiendo una reforma laboral que restituye el reconocimiento completo de horas extras, festivos y dominicales y que establece que al joven aprendiz le paguen por su labor y que los contratos basura se reemplacen por contratos con garantías mínimas? ¿No es lo que intentan naufragando la salud como derecho y perpetuándola como negocio? En el fondo el objetivo de esa forma de poder es el mismo: favorecer a los favorecidos y joder a los jodidos. Es entonces ahora el momento de que sea cierto eso de que el interés común prima sobre el particular, un valor universal de la humanidad deshecho por la lógica de la falsa libertad que lleva a que el más fuerte sea más fuerte para que el débil se joda más. Todo lo contrario al mandado ciudadano y lo que ha salvado a la humanidad de sus momentos más difíciles. Colombia y su sociedad están ante un nuevo momento ineludible, el del camino hacia los mileis que borran toda conquista social o el de la oportunidad de más vida digna para la gente.

Camilo Romero

75,481 Aufrufe • vor 1 Jahr

UNA RADIOGRAFÍA DEL DESCONTENTO EN CALI: Vamos a los números: 📝 Según el RUNT para este 2025 el costo que paga usted de grúa por UN CARRO 🚘 inmovilizado es de $218.300; generalmente en una grúa cabe solo UN CARRO. Mientras que el costo de grúa por una motocicleta es de $199.300, en una grúa caben hasta 10 motos. (Incluso más). 💸💰 Este servicio es operado por el #CDAV, no por la secretaría de Secretaría de Movilidad de Cali de manera directa: de los ingresos que se cobran por grúas, un 75% SE LOS QUEDA EL #CDAV y solo un 25% van a la Alcaldía de Cali. Es decir, el esquema de cobrar por llenar un camión con 10 o 12 motos, NO BENEFICIA al conjunto de las y los Caleños, va a una entidad mixta a la cual no se conoce sus aportes ni beneficios a los conductores y en general, a la vida de las y los caleños. ¿Entonces por qué desde el 2024 la política del alcalde Alejandro Eder es aumentar los controles a motos? Eso es una respuesta que él y su equipo deberá responder, lo cierto es que a parte de estos servicios de grúas, patios, entre otros, por concepto de INFRACCIONES la alcaldía solo tiene derecho a un 56% de lo que usted paga de multas: y de ese 56% un gran porcentaje se ha ido a METROCALI MIO. Esa sería una razón de porqué duro contra los motociclistas y suave con todo lo que representa el #MIO y su esquema de operadores. ¿Cómo la gente no se va sentir impotente ante un esquema donde por cada registro automotor, el #CDAV se queda con un 60% de lo que usted paga y el 40% restante lo reparten para todos lados menos para una retribución al ciudadano? ¿La política de inmovilización de motocicletas en Cali tiene unas motivaciones perversas que alimentan los bolsillos de unos particulares? La respuesta nuevamente la tiene Alejandro Eder, las cifras están ahí y las conclusiones están a la vista.

Ana Erazo

47,002 Aufrufe • vor 1 Jahr

Hay una frase de Carlos Mazón que es muy relevante jurídica y políticamente: “No pedimos la declaración de emergencia nacional porque el presidente de mi partido me lo aconsejó”. Esa confesión es jurídicamente explosiva. Si el presidente de una comunidad autónoma admite que no pidió una medida de emergencia —que podía haber movilizado recursos estatales— por indicación política de su partido, lo que describe no es prudencia: es obediencia partidista en un contexto de crisis. Y surgen las preguntas obvias para la fiscalía: ¿Cuándo se produjo esa conversación con el presidente de su partido? ¿A qué hora? ¿Qué argumentos le dio exactamente su presidente para disuadirle? ¿Hubo contacto con algún representante del Gobierno central? ¿A qué hora? ¿Y cuándo, con quién y en qué términos se descartó formalmente la “emergencia nacional”? ¿A qué hora? Según Mazón, el gobierno le contestó que la solicitud de Emergencia no habría traído más efectivos ni habría acelerado los despliegues. Bien. Pero entonces, ¿Qué representante del gobierno le dijo esto? ¿A qué hora? Mazón afirma que “nos quisieron dejar solos por estrategia política”. ¿En qué se basa para sostener eso? ¿Tiene pruebas, comunicaciones, o es solo una sospecha útil para su relato partidista? Y aquí entra Feijóo. El líder del PP asegura que desde el 28 de octubre Mazón le informaba “en tiempo real” de que la situación era muy compleja, y que el 29 ya estaba perfectamente al tanto de todo. Entonces, señor Feijóo: ¿En qué momentos hablaron exactamente? ¿A qué horas? ¿Y qué decidió usted hacer tras recibir esa información? Porque lo que se deduce de todo esto no es una coordinación institucional en una emergencia critica, sino una estrategia política: no actuar para culpar al Gobierno. Y si no llega a ser por la jueza de Catarroja —que forzó la investigación de los hechos—, medio Gobierno central estaría hoy empantanado en el fango legal de la DANA, y no solo en el mediático. No hay mas preguntas señoría.

Ross

491,547 Aufrufe • vor 9 Monaten

No es odio ni venganza: es justicia. Y llegó la hora de rendir cuentas. Los conservadores insisten en repetir una narrativa gastada: que el gobierno de la Cuarta Transformación actúa por odio, por revancha, por persecución política. Se equivocan. Y no solo se equivocan: pretenden confundir al país colocándose en un lugar que no les corresponde —el de víctimas— cuando en realidad muchos de ellos han sido beneficiarios históricos de la impunidad. No hay odio cuando se aplica la ley. No hay venganza cuando se investiga el abuso. No hay persecución cuando se exige rendición de cuentas. Hay justicia. Durante décadas, México fue un país donde el poder protegía al poder. Donde robar desde arriba no tenía consecuencias. Donde la corrupción era sistema, no excepción. Donde los expedientes dormían, las carpetas se perdían y las madrugadas abrían cárceles para liberar culpables. Eso es lo que hoy está cambiando. Y a algunos les incomoda profundamente. La nueva etapa que vive el país —con una Suprema Corte que empieza a sacudirse inercias y con figuras como Ernestina Godoy actuando con determinación— no responde a caprichos ideológicos. Responde a algo mucho más simple y más profundo: el Estado de derecho empieza a operar para todos, no solo para los de abajo. Quienes hoy gritan “persecución” suelen ser los mismos que nunca hablaron de derechos cuando el saqueo era norma. Los mismos que callaron ante el despojo, el desvío, el enriquecimiento ilícito y la corrupción estructural. Los mismos que confundieron privilegio con legalidad. No se equivoquen: no son víctimas. Son sujetos obligados a rendir cuentas. Y sí, hay personas que están regresando a prisión. Y sí, habrá más que enfrentarán procesos. Y sí, caerán quienes durante años creyeron que nunca les tocaría. Eso no es odio. Eso es consecuencia. Quienes votamos por la Cuarta Transformación no lo hicimos para ver simulaciones ni pactos de impunidad. Lo hicimos con una esperanza clara y legítima: que la ley dejara de ser selectiva. Que no hubiera intocables. Que el poder dejara de blindarse a sí mismo. Hoy, ese anhelo empieza a tomar forma. Y por eso los gritos. Y por eso el nerviosismo. Y por eso la narrativa de “venganza”. Pero la justicia no pide permiso ni ofrece disculpas. La justicia llega. Investiga. Documenta. Procesa. Y quien nada debe, nada teme. Creyeron que seguirían libres sin rendir cuentas. Creyeron que el tiempo borraría los excesos. Creyeron que la impunidad era eterna. Se equivocaron. No es odio. No es revancha. No es persecución. Es justicia. Y llegó su hora. Posdata: Gracias, expresidente Andrés Manuel López Obrador. Porque abrir este camino no fue fácil. Porque enfrentar al sistema de privilegios tuvo costos. Porque sembró donde otros solo administraron ruinas. Lo que hoy empieza a dar frutos —la justicia, la rendición de cuentas, el fin de la impunidad— no nació de la nada. Nació de una decisión política valiente: poner al pueblo y a la ley por encima del poder. Dra. Artemisa López

MKZ 4T

11,763 Aufrufe • vor 7 Monaten

KAST Y SU METÁFORA Cuando la mentira necesita clases de literatura. En Ardiente Paciencia, la maravillosa novela de Antonio Skármeta llevada al cine como “IL Postino”, hay una escena tan simple como brillante: Mario Ruoppolo, un cartero humilde y entrañable, intenta comprender qué demonios es una metáfora. Escucha a Pablo Neruda hablar de poesía y queda fascinado con esa capacidad misteriosa de decir una cosa para expresar otra. El pobre Mario, hombre sencillo, confundido y sin demasiada formación, tarda en entender que la metáfora no es un engaño, sino una forma más bella de aproximarse a la verdad. Décadas después, en Chile, hemos asistido a una reinterpretación bastante más precaria de aquella lección literaria. El presidente José Antonio Kast decidió explicarle al país que su promesa de expulsar a 300 mil inmigrantes ilegales el 11 de marzo era, en realidad, una metáfora. Una figura literaria. Un recurso expresivo. Una licencia poética de campaña. Casi un homenaje involuntario a Neruda, aunque con menos poesía y más cinismo. La frase merece un lugar privilegiado en la historia universal del descaro político. Porque no estamos hablando de una expresión ambigua dicha al pasar. Kast hizo campaña con una cuenta regresiva diaria y obsesiva, diciéndoles a los inmigrantes que cada jornada era “un día menos” en Chile. No había metáfora alguna. Había un mensaje explícito, directo y calculado para provocar miedo, entusiasmo y aplausos. Pero ahora descubrimos que todo era simbólico. Figurativo. Alegórico. Una especie de performance lingüística que los ciudadanos, en su infinita torpeza, no supieron interpretar. La explicación presidencial tiene algo profundamente revelador: no intenta defender el incumplimiento; intenta ridiculizar a quienes creyeron en la promesa. La culpa no sería de quien mintió, sino de quienes fueron suficientemente ingenuos para pensar que hablaba en serio. Es una operación política elegante en su brutalidad: transformar la mentira en malentendido y la responsabilidad en exceso de credulidad ajena. Mario Ruoppolo no entendía las metáforas porque era un hombre simple. Kast parece no entenderlas por una razón mucho más inquietante: porque cree que cualquier falsedad puede convertirse retrospectivamente en recurso literario si se pronuncia con suficiente aplomo frente a una cámara. Una metáfora no consiste en decir “expulsaré 300 mil personas” para luego aclarar que nunca se quiso decir eso. Si así funcionara el lenguaje, los estafadores serían poetas y las campañas electorales concursos de surrealismo. Neruda utilizaba metáforas para ampliar el sentido de las cosas; ciertos políticos las usan para escapar de sus propias palabras. Y hay algo todavía más irónico en todo esto. Durante años, sectores de la derecha chilena acusaron a sus adversarios de relativismo, posverdad y manipulación lingüística. Venían a restaurar la seriedad, la honestidad brutal, el lenguaje directo. Nada de ambigüedades progresistas. Nada de dobles lecturas. Hasta que la realidad golpeó la puerta del Palacio de La Moneda y descubrimos que las promesas tampoco eran promesas: eran literatura experimental. Tal vez el presidente debería revisitar IL Postino. No por sensibilidad artística —virtud escasa en la política contemporánea— sino para entender algo elemental: las palabras importan. Sobre todo cuando quien las pronuncia aspira a gobernar un país. Porque cuando un candidato promete algo de manera explícita y luego sostiene que era una metáfora, no está demostrando sofisticación intelectual. Está confesando, sin vergüenza alguna, que jamás consideró obligatorio decir la verdad. Y quizá allí radique la tragedia moderna: Mario Ruoppolo confundía las metáforas con amorosa inocencia. En cambio, José Antonio Kast pretende confundir la mentira con metáfora, simplemente porque cree que la ciudadanía olvidará lo que escuchó, y si lo creyeron, es total y absolutamente problema de ellos. Mis Columnas

ReneX

23,395 Aufrufe • vor 2 Monaten

LA VERDADERA EMERGENCIA ES EL LENGUAJE Gobernar en gerundio, pensar en borrador. Cuando el poder conjuga mal los verbos, la realidad termina mal escrita. Hay gobiernos que tropiezan en la gestión, otros en la estrategia, algunos en la ética. Este, en cambio, tropieza —y con estrépito— en algo más primario: el lenguaje. Y cuando la palabra falla, no solo se erosiona la forma; se desnuda el fondo. Desde la irrupción de José Antonio Kast y su cohorte ministerial, hemos asistido a un fenómeno curioso: la progresiva degradación del discurso público. No se trata de una cuestión estética ni de elitismo retórico, como apresuradamente podrían caricaturizar algunos, sino de un problema funcional. Gobernar es, en esencia, comunicar. Y aquí, la comunicación no alcanza siquiera el umbral de lo aceptable. Lo que en un inicio pudo interpretarse como inexperiencia, hoy se revela como una constante estructural. Ministros con posgrados —al menos en el papel— que balbucean ideas inconexas; subsecretarios que convierten el exordio en un campo minado de muletillas; vocerías que parecen improvisaciones de sobremesa mal iluminada. La pobreza léxica es apenas la superficie de un problema más profundo: la incapacidad de articular pensamiento con claridad. Porque el lenguaje no es un adorno: es pensamiento en voz alta. Y cuando la sintaxis se desmorona, lo que cae no es sólo la frase, sino la idea misma. Escuchar a ciertas autoridades es asistir a una suerte de naufragio semántico, donde las palabras flotan sin dirección, sin ritmo, sin jerarquía. No hay cadencia, no hay intención, no hay estructura. Sólo ruido. En columnas anteriores —pienso particularmente en aquella dedicada a la vocera Mara Sedini— ya advertíamos esta tendencia: una retórica que abdica de toda aspiración a la precisión y se refugia en una falsa cercanía, como si la informalidad fuese sinónimo de autenticidad. Pero no lo es. Es, más bien, la coartada de la mediocridad. El caso del propio presidente Kast no es mejor, un exordio plano, simplón, facilista, un discurso poco elaborado y pobre en su contenido y técnica, en las antípodas de un estadista de verdad. No hay profundidad, no hay precisión ni conocimiento, menos agudeza ni exactitud. El caso del hoy diputado Orrego es patético, verbaliza mal, no modula y lo peor, no logra salir del mismo lugar común cada vez que habla. Hasta para insultar se requiere cierta lucidez diría el gran Schopenhauer. El problema no es que hablen “como la gente”. Es que hablan peor que la gente cuando la gente intenta hablar bien. Hay en ello una paradoja inquietante: quienes detentan el poder parecen haber renunciado a la responsabilidad de elevar el estándar del discurso público, optando en cambio por mimetizarse con su versión más precaria. Se dirá —y con algo de razón— que la gestión importa más que la elocuencia. Pero esta es una falsa dicotomía. La buena gestión necesita ser explicada, defendida, persuadida. Sin lenguaje, no hay política, hay administración muda. Y un gobierno que no sabe decir lo que hace, termina no sabiendo qué hacer. Lo más preocupante, sin embargo, no es el diagnóstico, sino el pronóstico. No hay señales de corrección. No hay autoconciencia. No hay, siquiera, incomodidad. Se habla mal con la tranquilidad de quien no percibe el error, de quien ha vivido siempre en un ecosistema donde la precariedad lingüística es norma y no excepción. Así, el problema deja de ser individual y se vuelve cultural. No estamos ante ministros que hablan mal, sino ante una élite que ha naturalizado hablar mal. Y cuando eso ocurre, la política pierde una de sus herramientas más nobles: la palabra como instrumento de construcción común. En definitiva, este gobierno no solo desafina: ha olvidado que existe una partitura. Y en ese olvido, cada intervención pública se convierte en una disonancia, en un ejercicio involuntario de descomposición. Porque cuando el lenguaje se empobrece, la política no tarda en seguirle el paso. Mis Columnas

ReneX

52,623 Aufrufe • vor 3 Monaten

Lo de Chalatenango lo sabemos bien: el "delito" de Gerson Orellana no fue estafar, fue ayudar al pobre y no dejarse sacar los ojos por los bancos tradicionales. Mientras la Fiscalía monta su show de camiones blindados, el pueblo humilde ya despertó y sabe que aquí hay gato encerrado. Aquí están las verdades que el oficialismo quiere tapar con su propaganda: ¿DÓNDE ESTÁN LAS VÍCTIMAS?: Han pasado más de 48 horas y NO HAY AFECTADOS. Si fuera una estafa, habría huelgas y gritos de la gente pidiendo su pisto; pero lo que hay es un departamento unido defendiendo a un hombre que sí le daba la mano al comerciante del mercado. ¡La única "víctima" aquí es la envidia de los bancos y los de cuello blanco! Aquí la envidia real viene de la banca usurera y de los nuevos de cuello blanco que están en el poder actualmente. No soportan que un empresario local ayude a la comunidad con intereses justos mientras ellos desangran al pueblo con tasas de hambre. Gerson hacía lo que los bancos no hacen: devolverle la mano al que trabaja. ¡Eso es lo que les arde! LA MENTIRA DEL FISCAL SOBRE LOS "NEGOCIOS REALES": Rodolfo Delgado dice que no había actividad económica real para justificar los pagos, pero miente en la cara del pueblo. Tienen en sus narices el IMPERIO YAJAIRA, con una flota de casi 200 BUSES que generan CASH DIARIO, además de una FUNERARIA y un SERVICIO DE TAXIS que operaban bajo su red empresarial, sumando más ingresos en efectivo cada día de negocios reales que mueven la economía de Chalate. ¡El dinero no caía del cielo, salía del trabajo de verdad! Gerson manejaba una flota real de casi 200 buses (146 ya operativos y más de 30 en camino) que recogen cash diario y mueven la economía de Chalate. Su flota de buses no solo cubría rutas locales en Chalatenango; también tenía unidades que viajaban hacia San Salvador, Ilobasco y zonas fronterizas, lo que ampliaba enormemente su volumen de ingresos diarios. LE TUVIERON MIEDO AL CRECIMIENTO: El verdadero "pecado" de Gerson fue que su imperio estaba creciendo tanto que iba a llegar a todos los rincones del país. Le tuvieron miedo a un sistema que sí funcionaba para la gente y que opacaba a la banca usurera y a los nuevos de cuello blanco que hoy se sienten dueños de El Salvador. EL "CRIMEN" DE NO SER UN BANCO USURERO: Los bancos están acostumbrados a sacarle los ojos al pueblo con sus intereses de hambre. Gerson hacía las cosas bien, ayudaba con intereses justos y devolvía el beneficio a la comunidad. Su "pecado" fue querer que el pobre prosperara fuera del sistema que los tiene ahorcados. ASALTO INSTITUCIONAL: ¿Por qué tanta prisa por llevarse el efectivo bajo fusiles? Porque el Gobierno está quebrado y necesita liquidez para tapar todos los hoyos donde han sacado. Están usando a la Fiscalía como cobrador de lujo para robarle el capital de trabajo a un empresario local que no es del "círculo de amigos". La movilización de hoy a las 3:00 p.m. no es solo una protesta, es el testimonio de que, tras más de 48 horas, no aparecen las víctimas que la Fiscalía anunció. Documentar esto es clave: un "fraude" sin afectados es, por definición, otra cosa. Pero hay un Dios de justicia del que nadie se salva.

Andy Gonzalez

50,405 Aufrufe • vor 4 Monaten

Se habla mucho del esquema de bandas. En mi opinión, si el gobierno obtiene un buen resultado el 26 de octubre, no hay que tocarlas. - Con un buen resultado y el apoyo del US Treasury, el mercado otorgaría total credibilidad al esquema de bandas, al mismo tiempo que colapsaría el riesgo país. - Esto permitiría una fuerte baja de la tasa de interés por aumento de la demanda de dinero y el arbitraje contra el techo de la banda. - El Tesoro debería comprar dólares con pesos del superávit fiscal para evitar que el tipo de cambio caiga por debajo de USD 1.370/1.400 (Neoconvertibilidad entre la banda y el Tesoro). - El BCRA y el Tesoro compraron más de USD 25.000 MM desde que asumió el gobierno. Intervinieron solo por una pequeña fracción de ese monto, aun bajo una altísima volatilidad electoral y con un Congreso que busca romper el orden fiscal. - A lo que voy es que la compra de dólares por parte del Tesoro no depende del nivel del tipo de cambio. No veo beneficios para los tenedores de deuda en eliminar las bandas. El TCRM (Tipo de Cambio Real Multilateral), hoy en 100, aumentó un 25% en lo que va del año. - La banda superior ajusta al 1% mensual, mientras que la inflación corre por debajo del 2%, incluso con el aumento del tipo de cambio y el fuerte impacto de la volatilidad electoral sobre la demanda de dinero. - Lo fundamental es mantener el superávit fiscal y el control de la cantidad de pesos en función de la demanda, que es lo que permite la continua baja de la inflación y de la deuda consolidada.

Federico Dominguez

19,851 Aufrufe • vor 10 Monaten

CARTA ABIERTA AL DIPUTADO Jorge Alessandri. Diputado Alessandri Señor Alessandri, Honorable diputado. Hay momentos en política en que una palabra revela más que un discurso entero. Usted logró uno de esos momentos. No fue un programa, ni un documento, ni siquiera una idea elaborada. Fue apenas un verbo. Pero qué verbo. “Lamer”. Con admirable franqueza —esa que a veces traiciona lo que otros prefieren disimular— usted explicó ante las cámaras de CNN Chile, que el presidente electo debía viajar a Estados Unidos a “lamer” las heridas que el gobierno saliente habría provocado en la relación con Donald Trump. Hay que reconocerle algo, diputado: su sinceridad. Porque en un país donde la diplomacia suele maquillarse con eufemismos como: recomponer relaciones, fortalecer vínculos, restablecer confianzas, usted optó por la crudeza semántica. No curar, no reparar, no dialogar. Simplemente, Lamer. El problema no es sólo el verbo. Es la escena que evoca. Porque las heridas se curan. Se limpian. Se vendan. Pero lamerlas introduce una imagen mucho más antigua y menos digna: la del vasallo medieval inclinado frente al señor feudal esperando su benevolencia. Quizás sin querer, usted ofreció una síntesis involuntaria de cierta tradición política: la de quienes hablan de soberanía con voz firme hacia adentro, pero descubren una flexibilidad casi acrobática cuando el poder verdadero habla inglés. No es un fenómeno nuevo. Basta observar el pequeño círculo de líderes que orbitan con vil entusiasmo alrededor de Trump: el argentino Javier Milei, el salvadoreño Nayib Bukele entre varios, y, según parece, ahora nuestro compatriota, el chileno José Antonio Kast. Una curiosa fraternidad política donde la admiración suele expresarse con más entusiasmo que la autonomía. Pero lo verdaderamente notable de su declaración honorable diputado, es que usted no intentó disimular nada. Al contrario, lo dijo con la naturalidad y destemplanza de quien describe una diligencia administrativa. Como si fuera perfectamente razonable que un país viaje a rendir pleitesía al poder de turno. Tal vez por eso sus palabras provocaron algo más que incomodidad: provocaron vergüenza. No tanto por la torpeza verbal —los deslices ocurren— sino por lo que revelan sobre cierta concepción del poder. Una donde la política exterior no consiste en representar con dignidad a un país, sino en asegurarse de que el amo esté satisfecho. Permítame entonces una sugerencia, diputado. Hace casi cinco siglos, el poeta español Alonso de Ercilla escribió La Araucana, esa gran epopeya que relató la guerra entre los conquistadores y los pueblos mapuches, exaltando el coraje de líderes como Lautaro y Caupolicán. En uno de sus versos más célebres describía así a esta tierra: “Chile, fértil provincia, y señalada en la región antártica famosa, de remotas naciones respetada por fuerte, principal y poderosa; la gente que produce es tan granada, tan soberbia, gallarda y belicosa, que no ha sido por rey jamás regida ni a extranjero dominio sometida.” Tal vez sería útil releer ese verso antes de volver a explicar cómo debe conducirse un país frente a una potencia extranjera. Porque, si algo enseñaba aquella epopeya, es que este territorio —al menos en el imaginario que nos formó— no se distinguía precisamente por su vocación de vasallaje. En cualquier caso, diputado, le agradecemos la lección involuntaria. Pocas veces una palabra ha descrito con tanta precisión una mentalidad política y la filosofía de un sector. La próxima vez que alguien pregunte cómo ciertas ideologías entienden la relación con el poder mundial, bastará recordar su intervención televisiva. Usted ya lo explicó con admirable claridad. “Lamer”. Atte., RX. Mis Columnas

ReneX

25,413 Aufrufe • vor 5 Monaten

🟥🦛 SECRETO A VOCES | El hipopótamo “tierno” de las redes y la tragedia real que el Estado dejó crecer. Por Rivardo Ruidiaz En Colombia tenemos una costumbre peligrosa: volver paisaje lo absurdo y convertir en chiste lo que ya es tragedia. Ahora las redes sociales se conmueven con el video de un hipopótamo bebé entrando a una vivienda en Puerto Triunfo, Antioquia, como si se tratara de una escena pintoresca, una rareza tropical, una travesura de la naturaleza digna de likes, risas y comentarios enternecidos. Pero en el Magdalena Medio esa imagen no causa ternura. Causa miedo. Y con toda razón. Porque allá la gente no está viendo un animal “curioso”. Está viendo una amenaza que el Estado dejó crecer durante años hasta volverla parte de la cotidianidad. Una amenaza que ya no se mueve solamente por ríos y ciénagas, sino que aparece en carreteras, barrios, fincas, patios y hasta en la puerta de las casas. Eso no es exótico. Eso es una señal de descontrol. Y aquí conviene decir algo que muchos en redes parecen ignorar: el mayor peligro casi nunca es la cría. El problema real es la madre. O los adultos cercanos. Un hipopótamo pequeño puede parecer torpe, desorientado, incluso indefenso. Pero basta con que alguien se acerque, lo intente espantar o simplemente invada su espacio para que el asunto se convierta en una escena de alto riesgo. Los hipopótamos no son mascotas salvajes ni estampas de safari. Son animales territoriales, pesados, impredecibles y potencialmente letales. Pero como en este país todo termina banalizado, hay quienes todavía miran este fenómeno con ojos de caricatura. Lo mismo pasa con la otra escena que circula: dos hipopótamos adultos peleando frente a una casa mientras sus habitantes se esconden adentro, esperando que la brutalidad no rompa la puerta ni les caiga encima. ¿Eso también les parece tierno? ¿Eso también es motivo de fascinación digital? No. Eso es la muestra de que el problema se salió de control hace rato. Lo más grave es que esta crisis no cayó del cielo ni apareció por sorpresa. Fue incubada con paciencia por la desidia del Estado, por la falta de decisiones de fondo, por el miedo a asumir costos políticos y por esa manía tan colombiana de patear los problemas hasta que exploten en la cara de la gente. Durante años se permitió que esta especie invasora se reprodujera sin freno, como si el país pudiera darse el lujo de seguir tratando un problema ambiental y de seguridad pública como si fuera una anécdota de la memoria narco. Y ahí está el resultado: comunidades enteras obligadas a convivir con animales de varias toneladas que rondan viviendas, cruzan vías y alteran ecosistemas completos. Porque no se trata solo del miedo de los pobladores, que ya sería suficiente. También se trata del daño ecológico. Estos animales no pertenecen a este ecosistema. No evolucionaron aquí. No tienen depredadores naturales aquí. No encajan aquí. Y precisamente por eso su presencia rompe equilibrios, altera cuerpos de agua, desplaza especies y empuja a la región a una distorsión ambiental que no admite más contemplación romántica. Pero claro, siempre aparecen los moralistas tardíos cuando se anuncian medidas drásticas. Que si es cruel. Que si es inhumano. Que si cómo se les ocurre. Y sí, suena duro. Suena brutal. Incomoda. Pero la pregunta de fondo no es si la decisión choca sensibilidades. La pregunta verdadera es otra: ¿qué pretendían? ¿Esperar a que el número de hipopótamos siguiera multiplicándose hasta que el Magdalena Medio terminara convertido en un territorio tomado por una especie invasora que nadie quiso controlar a tiempo? La crueldad no empezó ahora, con las medidas de control. La crueldad empezó cuando el Estado decidió no hacer nada serio durante años. Cuando dejó que el problema creciera. Cuando prefirió la evasión a la autoridad. Cuando permitió que la negligencia se convirtiera en política pública de facto. Hoy todo parece extremo porque todo se dejó pudrir demasiado. Esa es la verdad incómoda. Y en medio de esa verdad, los más expuestos siguen siendo los de siempre: los habitantes del territorio. No los opinadores de escritorio. No los ambientalistas de teclado. No los que comentan desde la distancia. Los que pagan esta irresponsabilidad son los campesinos, las familias ribereñas, los conductores, los pescadores, los niños, las comunidades que todos los días deben vivir con la posibilidad de encontrarse un animal salvaje, enorme y agresivo donde debería haber tranquilidad. Aquí no hay espacio para ingenuidades. El debate ético existe, claro. Pero ya no estamos en la etapa del debate cómodo. Estamos en la etapa de la emergencia. Y cuando un Estado deja que una crisis llegue hasta la puerta de las casas, ya no administra prevención: administra consecuencias. La próxima vez que alguien vea un hipopótamo bebé entrando a una vivienda y diga que la escena es “hermosa”, convendría recordarle que detrás de ese video hay una comunidad viviendo con miedo, un ecosistema deformado y un Estado que volvió a llegar tarde. Porque en el Magdalena Medio el hipopótamo no es una curiosidad viral. Es una amenaza real. Y lo más grave no es que haya entrado a una casa. Lo más grave es que Colombia dejó que este desastre se normalizara hasta convertir la negligencia en paisaje.

𝗦𝗘𝗖𝗥𝗘𝗧𝗢 𝘈 𝘝𝘖𝘊𝘌𝘚 𝗣𝗥𝗘𝗡𝗦𝗔

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