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Ana Sayfaya Dön

EL PERRO SÁNCHEZ (PROGRAMA DE MANU SÁNCHEZ) Lo verdaderamente interesante del nuevo programa de RTVE no es que Manu Sánchez o Manuel Carrasco defiendan la inmigración masiva. Lo verdaderamente interesante es quién transmite el mensaje. Porque las grandes transformaciones sociales nunca se presentan directamente como proyectos políticos. Se presentan...

155,458 görüntüleme • 2 ay önce •via X (Twitter)

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Benzer Videolar

Es muy importante que este vídeo se distribuya masivamente, porque demuestra —con personajes que saben de lo que hablan— el problema que tenemos con las redes sociales. Iker y su señora tienen una hija de 14 años. Le han preguntado qué le parece que Pedro Sánchez quiera limitar el acceso a las redes sociales a los menores de 16 años. Iker dice que ha alucinado con el informe de la niña. Resulta que hay una "corriente" poco favorable a Pedro Sánchez. Se ha quedado muy sorprendido con el informe. Como si le extrañara, se le nota que está orgulloso de la criatura. Luego sale la señora de Jiménez añadiendo que en las redes que la criatura consume —y remarca: "siempre con supervisión"— Pedro Sánchez sale mal parado, porque la mayoría de la gente de su edad quiere votar a VOX. También se "sorprende". Y ese es precisamente el problema: que se "sorprendan" en lugar de preocuparse. Que chavales de 14 años quieran votar a la ultraderecha debería encender todas las alarmas, no provocar un «oh, que listos son los niños». Porque lo que están describiendo es el resultado directo de cómo funcionan los algoritmos de las redes sociales. Esa "corriente" que tanto sorprende a Iker y señora no surge por generación espontánea. Es el producto de plataformas diseñadas para maximizar engagement, no para educar ni informar. Los algoritmos detectan qué contenido genera más interacción —rabia, indignación, miedo— y lo amplifican sin piedad. Y aquí está la clave: el discurso de ultraderecha es combustible premium para estos algoritmos. ¿Por qué? Porque funciona con narrativas simples, enemigos claros y soluciones inmediatas. "Los inmigrantes son el problema", "la ideología de género destruye la familia", "los políticos progresistas te quieren quitar la libertad". Son mensajes que no requieren matices, que generan indignación instantánea y que invitan a compartir, comentar, enfadarse. El algoritmo no distingue entre verdad y mentira: solo mide cuánto tiempo te mantiene pegado a la pantalla. Por el contrario, el discurso progresista suele requerir contexto, datos, análisis de sistemas complejos. Explicar por qué la desigualdad es estructural, por qué los derechos de las minorías importan, o por qué el cambio climático exige transformaciones profundas... todo eso necesita tiempo, paciencia y predisposición a la reflexión y un pensamiento critico. No genera el chute de dopamina que necesita el algoritmo. Es aburrido para la métrica, aunque sea esencial para la democracia. La ultraderecha lo ha entendido perfectamente. Sus mensajes están diseñados para el formato: vídeos cortos, frases contundentes, agresivas, faltonas, insultos, menosprecio, envueltos en memes virales, bulos, exageraciones, enemigos fáciles de identificar. Mientras los progresistas intentan explicar, ellos señalan. Y señalar siempre es más rápido que explicar. Si una adolescente de 14 años empieza a consumir contenido crítico con Sánchez, el algoritmo no le va a ofrecer matices ni análisis ponderados: le va a servir vídeos cada vez más radicales, clips editados fuera de contexto, bulos disfrazados de "información que no te cuentan", y perfiles que presentan la ultraderecha como la única voz valiente frente al sistema. Y lo hará porque ese contenido retiene más, genera más clics, provoca más shares. El negocio no es ideológico: es emocional. Lo grave no es que Iker y su mujer descubran que su hija tiene opiniones políticas. Lo grave es que celebren la supervisión parental mientras describen, sin darse cuenta, un proceso de radicalización en tiempo real. Porque decir "siempre con supervisión" mientras tu hija te cuenta que su generación quiere votar a VOX es como vigilar que tu hija se ponga el cinturón de seguridad... mientras conduce hacia un precipicio. La sorpresa de los Jiménez revela algo peor que la ingenuidad: revela la normalización de burbujas informativas tóxicas. Han asumido que las redes sociales son un espacio neutro donde su hija "se informa", cuando en realidad son máquinas de ingeniería emocional diseñadas para convertir curiosidad en convicción, y convicción en identidad tribal. Lo que está en juego no es solo qué partido vote esa adolescente en el futuro. Es qué valores va a interiorizar. Porque el discurso de ultraderecha que circula por redes no es solo anti-Sánchez: es anti-feminista (disfrazado de "sentido común"), anti-inmigración (disfrazado de "seguridad"), anti-ecologista (disfrazado de "realismo"), anti-diversidad (disfrazado de "defensa de la tradición"). Cada vídeo, cada meme, cada comentario va construyendo un marco mental donde la empatía es debilidad, la solidaridad es ingenuidad, y cualquier intento de transformación social es una amenaza. Frente a eso, los valores progresistas —igualdad, justicia social, sostenibilidad, derechos humanos— quedan relegados a "lo políticamente correcto", algo que te imponen desde arriba. Y cuando un adolescente percibe que le están imponiendo algo, su reacción natural es rebelarse. La ultraderecha ha conseguido venderse como la rebeldía, cuando en realidad defiende el statu quo de siempre: jerarquías, privilegios, exclusión. Y aquí está el quid de la cuestión: limitar el acceso a las redes no soluciona nada si no entendemos qué está pasando dentro de ellas. Prohibir TikTok a los menores de 16 años sin explicarles cómo funcionan los algoritmos es como quitarles el móvil sin enseñarles por qué les están manipulando. A los 16 años y un día, volverán a meterse en el mismo ecosistema tóxico, pero sin haber desarrollado ningún anticuerpo crítico. El verdadero problema no es que una niña de 14 años tenga opiniones políticas. El problema es que esas opiniones no son suyas: son el subproducto de un modelo de negocio que monetiza la polarización. Y lo más inquietante es que sus padres, en lugar de preguntarse cómo ha llegado su hija a esas conclusiones, dicen que se sorprenden, pero realmente están orgullosos de la niña, sin ser conscientes de que están hablando de los valores de su hija de 14 años, no si su hija prefiere el reguetón al jazz. Aquí los que alucinamos somos la mayoría con Iker y su Señora y de los amigos de la niña. Por cierto ¿seguro que la niña con 14 años ya sabe que las pensiones no son sostenibles y que Sánchez nos roba con los impuestos, y tiene un poster de Abascal a caballo en plan curro Jiménez? Pues eso.

Ross

89,122 görüntüleme • 6 ay önce

🚨 LAS MEDIAS VERDADES TAMBIÉN PUEDEN MANIPULAR. Ahora que Claudia Sheinbaum Pardo ya muestra su postura crítica hacia las redes… Frente a la presidente, el psicólogo social Jonathan Haidt presentó sus argumentos sobre el impacto de los celulares y las redes sociales en niños y adolescentes. Y aquí empieza el problema: Nadie niega que el uso excesivo de pantallas pueda generar problemas de concentración, sueño o hábitos de estudio. El debate es válido. Pero una cosa es hablar de los riesgos de la tecnología y otra presentar casos particulares como si fueran una realidad mundial. Se afirmó que “las democracias del mundo” están quitando los teléfonos inteligentes de las escuelas y elevando a 16 años la edad mínima para abrir cuentas en redes sociales. Pero la realidad es más compleja. No existe una política mundial única ni coordinada. Australia aprobó una de las medidas más estrictas y polémicas al restringir el acceso de menores de 16 años a redes sociales. Otros países han aplicado diferentes restricciones al uso de celulares en escuelas, pero eso no significa que exista una misma política adoptada por todas las democracias. Convertir casos específicos en una supuesta tendencia mundial uniforme es exagerar. También se afirmó que los celulares, tabletas y computadoras son una de las razones por las que los resultados educativos están disminuyendo en todo el mundo. Ahí también hay que ser precisos. La crisis educativa no tiene una sola causa. La pandemia, los rezagos escolares, los métodos de enseñanza, la preparación docente, el entorno familiar y las condiciones sociales también influyen. Después se presenta como gran éxito que una medida redujo el uso de celulares en adolescentes un 30% en seis meses. Pero una pregunta es obligada: ¿Reducir el uso de un dispositivo demuestra por sí solo que mejoró el aprendizaje? No necesariamente. La ciencia debe servir para tomar mejores decisiones, no para construir conclusiones más grandes que la evidencia disponible. El uso responsable de la tecnología en niños es un tema que merece atención. Pero las políticas públicas no deben basarse en frases impactantes ni en ejemplos aislados presentados como una realidad mundial. Presidente Claudia Sheinbaum Pardo, la pregunta es sencilla: ¿Las decisiones educativas en México se tomarán con análisis completo y evidencia seria… o con discursos que mezclan verdades, exageraciones y medias verdades? Porque proteger a los niños no significa dejar de pensar críticamente.

José Díaz

15,485 görüntüleme • 7 gün önce