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Hablemos de cuando 'Manifestar' o decretar algo mediante el poder de las palabras sale mal. En 1984, George Michael sacó 'Last Christmas' cuya canción decía: "La ultima navidad te di mi corazón". Años después, en el 2016, moriría de una falla cardiaca, al dia siguiente de navidad.

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Un día como hoy, 25 de diciembre, murió George Michael, la voz de Wham, el dúo británico que convirtió el pop ligero en una confesión íntima. Tenía 53 años. Murió en Navidad, como si su propia canción más famosa hubiera decidido cerrarle el círculo. George Michael no fue solo un cantante exitoso. Fue, sobre todo, un hombre en conflicto consigo mismo y con el mundo. Desde joven convivió con tensiones políticas -una educación cercana a ideas de izquierda, una rebeldía contra el orden establecido- y con una industria que lo quería sonriente. Él no lo era. El éxito le llegó demasiado pronto y el exceso apareció. Las drogas fueron una muleta constante: cocaína, marihuanaby calmantes usados como anestesia. Varias detenciones, encontronazos con la policía, episodios públicos de deterioro. El talento le daba segundas oportunidades. El cuerpo, no. En lo personal, asumió muy joven que era homosexual viviendo su identidad con la mezcla de orgullo y fragilidad con la que vivió. Y, sin embargo, escribió “Last Christmas”. Una canción luminosa, casi ingenua, que suena cada diciembre en millones de lugares donde nadie piensa en la soledad que la engendró. Navidad, para George Michael, no era solo celebración: era memoria, pérdida, repetición. El amor dado, el amor roto, el corazón entregado “la Navidad pasada”. Su muerte, precisamente en Navidad, no fue poética. Fue coherente. El exceso no mata de golpe: desgasta, insiste, cobra cuotas pequeñas hasta quedarse con todo. George Michael no murió joven por falta de talento, sino por demasiado silencio interior, demasiado ruido químico, demasiada huida. Hoy su voz sigue sonando. Pero su historia queda como advertencia: El brillo no salva, el éxito no cura, y el exceso -tarde o temprano- siempre pasa factura.

Ricardo De Spirito Balbuena.

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