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Ana Sayfaya Dön

121,047 görüntüleme • 12 gün önce •via X (Twitter)

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Benzer Videolar

ASÍ NO SE ALCANZA LA INDEPENDENCIA Hay gestos políticos que retratan mejor que mil discursos la desconexión de algunos dirigentes con la realidad. Resulta difícil tomarse en serio determinadas estrategias independentistas cuando sus representantes parecen más preocupados por escenificar agravios lingüísticos que por construir argumentos capaces de convencer a una mayoría social. La imagen resulta particularmente llamativa: una portavoz independentista dirigiéndose en un inglés vacilante al nuevo Papa, un pontífice norteamericano con raíces españolas y conocido por su aprecio, cariño y orgullo hacia la lengua española, para trasladarle que sería mal recibido en Cataluña si no se dirigiera a los ciudadanos en catalán. La escena, más propia de una parodia que de una acción diplomática, proyecta una sensación de provincianismo político difícil de ocultar. Porque el problema no es el catalán. El catalán es una lengua admirable, patrimonio cultural de España y de Europa, merecedora de protección, respeto y promoción. El problema aparece cuando una lengua deja de ser un vehículo de comunicación para convertirse en una herramienta de exclusión o en una exigencia identitaria, en malas manos. Ningún proyecto político serio puede aspirar a convencer al mundo imponiendo condiciones lingüísticas a quienes desean acercarse a sus ciudadanos. Mucho menos cuando la realidad social catalana es profundamente plural y bilingüe. Cataluña ha sido históricamente una tierra abierta, mestiza y acogedora, donde conviven identidades, culturas y formas de entender la propia pertenencia. La paradoja es evidente: mientras el Papa pretende dirigirse al mayor número posible de personas en una de las lenguas más habladas del planeta, algunos dirigentes parecen empeñados en levantar nuevas fronteras simbólicas. Y cuando una causa política sustituye la persuasión por la imposición, suele empezar a perder la batalla de la opinión pública. Las naciones no se construyen corrigiendo idiomas ajenos ni dictando cómo deben expresarse los demás. Se construyen generando admiración, atrayendo voluntades y sumando apoyos. Todo lo demás son gestos para consumo interno que provocan más sonrojo que adhesiones. Por eso, escenas como esta no fortalecen el independentismo. Lo empequeñecen. Porque quien aspira a ser escuchado en el mundo debería empezar por hablar el lenguaje universal de la inteligencia, la cortesía y el sentido común. Así no se alcanza la independencia. Así se alcanza el ridículo.

Juan Lebrón - Cuenta Personal -

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