
Pedro Torrijos
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💡 Cuento historias. 📖CATEDRAL DE ESCOMBROS, ya en librerías.
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Voy en un vuelo de Iberia camino a Buenos Aires. Al principio, el avión sobrevuela el Estrecho de Gibraltar, y me he dado cuenta de que no es nada. Lo que separa Europa de África no es nada; apenas un trazo de agua, una línea turquesa vista desde el aire. No es nada, y a la vez es tanto. Desde la ventanilla parece una grieta mínima, un accidente menor entre dos continentes que casi podrían tocarse. Pero basta recordar lo que esa distancia ha significado: migraciones, naufragios, fronteras invisibles, guerras, comercio, mitos, huidas, retornos. Pocos kilómetros que contienen siglos. No se ha inventado —tal vez nunca se pueda inventar— una escala que mida eso. Que entienda que lo que parece una franja azul es, en realidad, una distancia sideral, no por lo que separa, sino por todo lo que pesa entre un lado y otro.
Pedro Torrijos1,709,315 görüntüleme • 8 ay önce

En el apagón no funcionaron los semáforos de TODO el país y, aun así, apenas hubo accidentes. Como si condujésemos mejor *sin* semáforos. ¿Sabéis por qué? Por una fuerza invisible que gobierna TODOS NUESTROS MOVIMIENTOS: la psicología de la percepción. Esto os va a molar 🧵⤵️
Pedro Torrijos2,800,339 görüntüleme • 1 yıl önce

Esto que tengo delante es una Fanta canadiense, y tiene este color, que la miras y dices, qué fantasía. Y efectivamente, qué fantasía, porque porque la Fanta viene de la palabra "fantasía" y NACIÓ EN LA ALEMANIA NAZI, en serio. Esta es la historia: En 1940, con la guerra en marcha, el bloqueo corta el suministro del jarabe de Coca-Cola a las plantas embotelladoras que la marca tenía en Alemania. Lógico, no era plan de andar surtiendo de Coca-Cola al Tercer Reich. El tipo que llevaba Coca-Cola en Alemania, un alemán al frente de la filial llamado Max Keith, se ve sin producto y dice, vale, no tenemos Coca-Cola, pues habrá que inventarse un refresco nuevo con lo que haya por aquí. Y lo que había en una Alemania en guerra era suero de queso, pulpa de manzana sobrante de la sidra, restos de cosas. Y con eso montó una bebida con sabor a vete tú a saber qué. Se la dio a probar a uno de sus ayudantes, y el hombre le pegó un trago y soltó, "das ist Fantasie", esto es una fantasía. Y no lo decía fantasía de buena, lo decía de cosa imaginaria, irreal, a saber de dónde ha salido esto. Pero el nombre les gustó, le recortaron la cola a la palabra y se quedó en Fanta. La cosa funcionó, y en la posguerra la casa madre de Atlanta decide fabricarla también. Se abren tres ramas. La asiática, que va a su bola. La europea. Y la americana, ojo, no la de Estados Unidos sino la de todo el continente. La europea fue caminando por un montón de regulaciones hasta hoy, y por eso tiene ese color parecido al del zumo de naranja de verdad, y además lleva un porcentaje de zumo, un 8% en España, un 12% en Italia. En cambio este color neón que tengo en la mano tiene que ver con la decisión de un tipo en Atlanta, a principios de los 50, que decidió que la Fanta ya no sería color naranja, sino el ideal platónico del color de una naranja. El naranja que él tenía en la cabeza, a saber cuál. A lo mejor una sanguina de Georgia, a lo mejor una naranja que solo existía en su mente. El caso es que ese color más oscuro, un punto de neón, es el que se replica en Estados Unidos, en Canadá y en casi todo el continente americano. Y un último detalle. En Estados Unidos no hay ninguna regulación sobre el porcentaje de zumo, que es del 0%. Aquí en Canadá creo que es un 0.5%, pero más por quedar bien que por obligación, no están obligados a nada. En Europa sí obligan, y tampoco es que sea mucho. Un 8% en España, pero al menos hay naranja dentro. Aquí lo único naranja es el recuerdo.
Pedro Torrijos132,436 görüntüleme • 25 gün önce

La obra de Antoni Gaudí se conoce sobre todo por su formidable imagen exterior: curvas, mosaicos, formas voluptuosas que definieron el Modernisme. Pero, ¿y si os dijera que en realidad lo más importante está en lo que no se ve? Esta es la historia: Gaudí repetía que él era el último maestro de obra del Gótico, y casi le creías. Pero mentía, o se mentía a sí mismo. ¿Por qué? Pues porque el Gótico sostiene la piedra desde fuera. La apuntala con arbotantes y pináculos, todo un aparato externo que explica que la estructura no se aguanta sola. Gaudí hacía lo contrario. Metía el cálculo dentro de la forma, donde no se ve. Para hacerlo usaba la maqueta polifunicular, que esencialmente eran cuerdas colgadas del techo, saquitos de perdigones atados a hilos. La gravedad tirando hacia abajo, dibujando sola la curva que un peso describe cuando pende de dos puntos. Una catenaria, la forma autoportante perfecta, un arco que copia a una cadena colgada e invertida, que no necesita que nadie lo sujete porque la geometría ya es la estructura. En la cripta de la Colònia Güell montó el modelo entero así, una maraña de cuerdas y plomo pendiendo del techo del taller. Lo fotografiaba, le daba la vuelta a la imagen y lo que colgaba en tracción quedaba de pie en compresión pura. Un ordenador de gravedad resolviendo a mano lo que hoy haría un complejísimo programa informático. Esa curva está en todas partes una vez sabes mirarla: en los arcos del desván de la Casa Milà, esa hilera de costillas de ballena que sostiene la azotea de las chimeneas, en los pórticos inclinados del Parc Güell, columnas que se tuercen siguiendo la línea exacta por donde baja la carga, en los pilares de la Casa Batlló, que se ensanchan como huesos. Gaudí calculaba con las curvas, no decoraba con ellas. La forma voluptuosa que todo el mundo fotografía es, por debajo, puro cálculo. Y no miraba hacia atrás, hacia el Gótico, miraba a un sitio donde todavía no había nadie. Porque esa misma catenaria invertida es la que Eero Saarinen levantaría en San Luis medio siglo después. 200 metros de acero que parecen el futuro y que obedecen a la ley de los saquitos de perdigones del taller barcelonés donde trabajaba. Toda su obra está ahí, en la idea de que la forma nace de su inverso. De que para construir algo primero hay que darle la vuelta. Cuelgas para que se sostenga en pie. Grabas en hueco para que salga en relieve. Por eso, cuando en la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre acaban de emitir una colección de monedas para conmemorar el centenario de la muerte de Gaudí, he pensado que esta era la mejor manera de contarlo. Porque así es como se acuña una moneda: grabando un hueco para que la forma emerja. Siete monedas, en oro y en plata, donde la Sagrada Família, el Parc Güell y la Casa Milà caben en unos centímetros de metal. El troquel trabaja el negativo, la moneda devuelve el positivo.
Pedro Torrijos85,174 görüntüleme • 1 ay önce

Estoy en Toronto, y esto que tengo detrás es un castillo medieval. Sí, un castillo medieval, con sus torres, sus almenas, sus pasadizos secretos y un túnel de 240 metros. Se llama Casa Loma y lo construyó un solo hombre para vivir en él, pero solo vivió 10 años. La historia es esta: El castillo se llama Casa Loma. Así, en español. Viene del inglés Hill House, la casa de la colina, la casa en la loma, pero le quitaron los artículos y lo dejaron en seco, Casa Loma, y así es como se conoce. Evidentemente, el castillo no es medieval de verdad. Tiene ciento y pocos años y lo construyó a principios del siglo XX un tipo llamado Henry Pellatt, uno de los primeros magnates de la electricidad, que levantó una central hidroeléctrica en las cataratas del Niágara. ¿Y por qué a este hombre se le ocurrió la idea hoy tan loca de plantar un castillo medieval en Toronto? Pues porque estaba obsesionado, fascinado con el romanticismo decimonónico de los castillos. Y especialmente con Escocia. De hecho, el modelo de Casa Loma es el castillo de Balmoral, el de la reina Victoria, en el que está inspirado.
Pedro Torrijos47,455 görüntüleme • 24 gün önce

Estoy en la Plaza de Mayo, en Buenos Aires. Esa de ahí es la Pirámide de Mayo, y al fondo, la Casa Rosada, el palacio presidencial. Como espacio urbano, la plaza tiene la escala característica de las ciudades latinoamericanas: abierta, axial, con una proporción que organiza la vida pública. Pero su verdadera importancia va mucho más allá de lo urbanístico. Porque este es el lugar donde se reunían, y aún se reúnen, las Madres de Plaza de Mayo: las madres de las personas desaparecidas durante la dictadura de Videla, entre 1976 y 1983. Y cuando se dice desaparecidas, se dice con todo su peso. Significa que fueron detenidas y nunca más se supo de ellas. Ni cuerpos, ni juicios, ni respuestas.
Pedro Torrijos377,052 görüntüleme • 8 ay önce

En 1978, una estudiante universitaria descubrió que uno de los rascacielos más altos de Nueva York se había construido cometiendo un catastrófico error estructural. ⚡ LA TORMENTA DE CRISTAL ya está en todas las librerías, y este es el TRÁILER ⚡ (Me dais un RT y un LIKE? ❤️)
Pedro Torrijos1,545,738 görüntüleme • 3 yıl önce

Estoy en Toronto, invitado por Iberia, delante del Sharp Centre for Design, de la OCAD, la Universidad de Ontario de Arte y Diseño. Y lo ves y dices, hostia, qué fumada. El edificio ahí flotando encima de otro edificio, sin tocarlo. Y sí, es una fumada, pero tiene una historia detrás, y la historia es mejor que la fumada. La movida es esta. Cuando a la OCAD la convirtieron en universidad, se les quedaron pequeñas las instalaciones y tenían que construir. Y lo único que tenían para hacerlo era una especie de parking delante. Así que, idealmente, iban a levantar ahí un edificio normal de cuatro o cinco plantas y a otra cosa. Pero qué pasa. Pasa que los vecinos de enfrente, esos edificios de ladrillo del fondo, tenían unas vistas estupendas del Grange Park, este parque tan bonito que tengo justo detrás. Y un bloque en el parking se las tapaba.
Pedro Torrijos34,534 görüntüleme • 26 gün önce

QUE SE HA QUEDADO A 11 CM DEL RECORD DEL MUNDO DE EDWARDS. QUE ESTO ES UNA BARBARIDAD
Pedro Torrijos698,873 görüntüleme • 2 yıl önce

En 1940, Leonard Coatsworth se acercó con su coche al novísimo puente de Tacoma Narrows, en el estado de Washington. Se encontró con esto, porque ESTO ES UNA FILMACIÓN REAL. Y aún así, comenzó a atravesarlo. En #LaBrasaTorrijos redux, el galope y el colapso. 🧵⤵️
Pedro Torrijos663,223 görüntüleme • 2 yıl önce

En este video estoy en Viena, en la Michaelerplatz, y este edificio que tengo detrás es donde empezó todo. Aquí nació la arquitectura moderna. Se terminó en 1909, hace más de un siglo, y es obra de Adolf Loos. Lo verdaderamente revolucionario no era su forma ni su función, sino su ausencia: fue el primer edificio del mundo sin decoración. Nada de molduras, guirnaldas, relieves o florituras. Solo piedra, proporción y ventanas. Hoy se lo conoce como la Looshaus, la “Casa de Loos”, y tiene el más alto grado de protección patrimonial en Austria —y, siendo honestos, debería tenerlo en el planeta entero—. Pero en su momento fue detestado. Lo llamaron “un montón de estiércol”. El emperador Francisco José, que vivía justo enfrente, decía que era tan feo que prefería correr las cortinas para no tener que verlo desde el Hofburg.
Pedro Torrijos262,642 görüntüleme • 9 ay önce

Estoy en Stortorget, la plaza central de Gamla Stan, el casco medieval de Estocolmo. Hoy hay mercadillo navideño, con luces y turistas, pero bajo toda esta postal hubo, hace siglos, bastante menos encanto. En esta plaza tuvo lugar la Boda Roja original: Como sabréis por las novelas de George R. R. Martin y la serie Juego de Tronos, la Boda Roja es uno de los episodios más traumáticos de la historia. Martin lo escribió inspirándose en varios hechos históricos, uno de ellos fue el "Baño de Sangre de Estocolmo" de 1520. Ese año, el rey Cristián II de Dinamarca conquistó Suecia y, para celebrarlo, organizó una gran coronación en el casco antiguo de Estocolmo. Tres días de fiesta, banquetes, vino caliente, diplomacia y buen rollo oficial. Hasta que, al tercer día, Cristián ordenó cerrar todas las puertas de la ciudad vieja. Entonces empezó la matanza.
Pedro Torrijos157,012 görüntüleme • 7 ay önce

Cuando Napoleón fue a Egipto, su objetivo era derrotar a los británicos. No lo consiguió, pero su expedición hizo algo mucho más importante: definió la manera en que representamos —y comprendemos— esa parte del mundo. ¿Por qué? Esta es la historia: En 1798, Napoleón Bonaparte, al mando de un ejército de 40.000 hombres, desembarcó en Alejandría para frenar la expansión británica hacia la India. Allí, casi sin proponérselo, los franceses dejaron un legado más profundo y duradero, porque junto a los miles de soldados que cruzaron el Mediterráneo viajaba un contingente insólito para una operación bélica: unos 160 científicos, ingenieros, dibujantes, naturalistas, arquitectos e ilustradores. Se llamó Commission des Sciences et des Arts y convirtió la ocupación en una expedición de conocimiento. Sus investigaciones cristalizaron en la monumental Description de l’Égypte, publicada a partir de 1809. Una obra enciclopédica que desplegaba grabados minuciosos donde las pirámides emergían en soledad y los templos aparecían limpios, aislados, casi ceremoniales. Esa visión —científica en método pero romántica en estética— fijó un imaginario que Europa adoptó con entusiasmo: un Egipto monumental y silencioso, separado de la vida moderna. Inauguró una manera de mirar Egipto que condicionaría cómo Occidente lo describiría y lo entendería hasta hoy. Porque cuando llegaron las primeras fotografías, a mediados del siglo XIX, los fotógrafos ya estaban condicionados por esos grabados. Repitieron encuadres, distancias y paisajes despejados, reforzando la imagen de un país detenido en el tiempo. Ese molde visual ha sobrevivido dos siglos. Hoy, incluso con móviles, seguimos retratando las pirámides como si estuvieran perdidas en el desierto, ignorando que a pocos metros se extiende una metrópolis de casi diez millones de habitantes. Preferimos el exotismo de postal, la ilusión de una antigüedad pura. La paradoja es que la campaña de Napoleón fracasó, pero su mirada triunfó. Fue aquella expedición científica —más que la militar— la que realmente conquistó Egipto en la imaginación occidental. Porque esa pulsión por capturar el conocimiento, por describir el mundo, también modeló el mundo. Lo hizo Piranesi con sus Vistas de Roma de mediados del XVIII, donde combinaba precisión arqueológica e imaginación. Esas estampas anticipaban la fotografía de viaje y definirían la imagen que aún se tiene de la Roma monumental. Lo hicieron Diderot y d’Alembert en su monumental Enciclopedia. El primer intento del ser humano por explicar todos los ámbitos de la realidad. Incluso hoy, cuando disponemos de medios tecnológicos para capturar con fidelidad esa realidad, seguimos intentando describirla con nuevas miradas. Como la instalación Tulips, de la artista Anna Ridler, que ha alimentado una Inteligencia Artificial con mil fotografías de tulipanes perfectamente clasificadas para intentar encontrar cual es el modelo automático que define una flor. O lo que ha hecho Davide Quayola con su instalación Storms, que parece un video de los acantilados de Cornualles pero, en realidad, es una composición digital que no imita la naturaleza, sino que la traduce en vectores, intensidades y flujos de color. Una representación algorítmica y abstracta de la realidad. Todas estas imágenes y todo este conocimiento forman parte de la exposición “El sueño de la razón. Del Siglo de las Luces a la inteligencia artificial”, que está abierta hasta el 5 de abril en el Espacio Fundación Telefónica de Madrid (Espacio Fundación Telefónica) y que, de verdad, os recomiendo visitar porque es un viaje que os va a cambiar la manera de entender nuestro mundo.
Pedro Torrijos130,725 görüntüleme • 7 ay önce

Estoy en Buenos Aires, en una tarde lluviosa de primavera, frente a uno de esos edificios que condensan medio siglo de arquitectura en una sola esquina: el Banco de Londres y América del Sur, hoy Banco Hipotecario. Una de las obras fundamentales del siglo XX y, sin duda, una de las más asombrosas del brutalismo. Se terminó en 1966 y es obra del Estudio SEPRA junto a Clorindo Testa, que no solo tenía talento: también uno de los mejores nombres de la historia de la arquitectura. Clorindo Testa. Hay nombres que suenan a estilo y este es uno de ellos.
Pedro Torrijos108,058 görüntüleme • 8 ay önce

Esto que tengo detrás es Marina City, las famosas torres con forma de mazorca de maíz que son un icono de Chicago. Por su silueta inconfundible, pero también por la historia singular que las hizo posibles. Quién puso el dinero fue el sindicato de bedeles y ascensoristas de Chicago. Sí, el sindicato. Ese detalle, por sí solo, habla del poder que tenían las organizaciones laborales en la ciudad de mediados del siglo XX, en un país donde los suburbios ya empezaban a vaciar el corazón de las urbes. Porque lo que perseguían no era un simple negocio inmobiliario: querían frenar la sangría de clase media que, tras la Segunda Guerra Mundial, había abandonado los centros para instalarse en chalets con jardín en las afueras. Cada familia que se iba a los suburbios significaba menos ascensores, menos porterías, menos trabajo. Así que el sindicato decidió levantar dos torres que fuesen una especie de ciudad vertical: apartamentos, garajes, supermercado, incluso un teatro. Una propuesta de lujo accesible que hiciera atractivo seguir viviendo en el centro de Chicago.
Pedro Torrijos123,318 görüntüleme • 9 ay önce