Todavía traigo el coraje atorado en el pecho por el accidente en los Arcos de Querétaro. Bueno, accidente no fue… porque cuando mezclas volante con alcohol, lo que manejas no es un auto: es un arma. Y la que la disparó tenía la conciencia tan perdida como las llaves de su dignidad. Hoy una joven perdió la vida por culpa de una persona que decidió que su diversión valía más que la vida de los demás. Eso no es mala suerte, no es un bache, no es culpa del gobierno. Así que no anden preguntando “¿dónde estaban las autoridades?”. Las autoridades no estaban sirviendo tragos ni empujando a nadie al coche. Claro, lo justo sería que la ley aplastara con todo su peso a quien arrebató un futuro, una familia, una historia que ya no se va a contar. Pero ya nos sabemos el final: Habrá lágrimas, cansancio, resignación. Y al rato alguien dirá: “¿De qué sirve tenerla en la cárcel? Eso no revive a nuestra hija.” Vendrá el cheque, el perdón forzado, el olvido. Y entonces la asesina —porque eso fue— volverá a casa, quizá diciendo “aprendí mi lección”. Pero la que no vuelve a casa es la chica que ya no está. Y no, no es culpa del gobierno. Es culpa de quien decide que su peda vale más que la vida ajena. Porque mientras eso no nos entre en la cabeza, la próxima tragedia ya va en primera, con la música a todo volumen y el volante en la mano equivocada. Y Querétaro, claro, seguirá igual: con su silla vacía, su familia rota, y su ciudad que todo lo olvida rapidito… como si no fuera con nosotros
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#MORENANoCabeEnQro Eric Gudiño Torres lleva desde el viernes atendiendo la contingencia, el regidor 𝑹𝒆𝒈𝒊𝒅𝒐𝒓 𝑭𝒆𝒓𝒏𝒂𝒏𝒅𝒐 𝑭𝒍𝒐𝒓𝒆𝒔 ha estado atacando desde redes. Y cuando se lo encuentran en el lugar de los hechos SE NIEGA A AYUDARLOS y los invita a “su oficina” desde donde cómodamente atiende.