
Anécdotas Inquietas
@anecdotasinquie • 4,491 subscribers
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LA VECINDAD Hola, me llamo Carmen, soy de la ciudad de Toluca, tengo 19 años. Y te voy a contar mi experiencia. Hace tiempo, cuando vivía en casa de mis padres, tuve una experiencia bastante interesante que a la fecha no logro quitar de mi cabeza. Mis padres tenían unos cuartos en una casa que teníamos en obra negra, donde todavía no podíamos poner el aplanado. Mi padre era una persona que se dedicaba a la construcción, era albañil y mi madre era ama de casa. Cuando mi padre terminó de construir las partes de arriba de la casa, decidió que iba a construir tres cuartos para rentarlos a la gente en general y así podernos ayudar con el dinero de esas rentas. Todo iba bien, incluso estábamos muy entusiasmados. Era una construcción. Le comenté, en ese momento tenía mi pareja, con el cual ya me había juntado y vivía con mis padres, y del cual ya teníamos un hijo. Mi hijo pequeñito, de 1 año. Él trabajaba en una fábrica, una fábrica donde hacían tuppers, y yo me quedaba con mi mamá en la casa, ayudando en lo que se pudiera. Debo confesar que desde muy niña siempre fui acosada por la mayoría de los hombres que vivían por la colonia, ya que nací con muchas virtudes físicas. Y tarde o temprano iba a pasar, terminé siendo novia de un chavo que vivía por mi cuadra y terminó por embarazarme y hacerme un bebé. Bueno, todo iba bien en transición, todo transcurría con normalidad hasta que un día empezaron a rentar estos cuartos. Estos cuartos que eran bastante sombríos, fríos, porque mi padre los había rentado con las peores condiciones posibles, me imagino, y no porque quisiera, sino porque no había dinero, solo tenían luz, pero no tenían el aplanado, estaban los tabiques. Tenían agua, sí, pero tenían que compartir un baño. Entonces recuerdo que iba gente y al ver el costo de la habitación, pues nunca decía nada porque era muy económica. Los primeros en llegar fueron una parejita de un señor y una mujer más joven. Estuvieron ahí unos 6 meses y luego se fueron. Al irse ellos llegó un señor solo, que también duró muy poco, duró 2 meses y se fue. Y ahora está un matrimonio pequeñito, muy humilde, que viven en ese cuarto. Y ahí ya llevan 1 año. Realmente lo que te quiero contar es lo siguiente. Toda la vida siempre pensé que nunca me daría importancia o jamás fallaría a una pareja con la cual yo me casara, porque nunca imaginé que se me fueran a presentar situaciones en las cuales nunca pude tener el control. Recuerdo que era un sábado y llegó un señor ya viejo, como de unos 70 años, y era muy grande, delgado, con su cabeza toda blanca por las canas, moreno. Llegó, se presentó ante la puerta y decía que le habían recomendado un cuarto ahí, cuánto costaba y que se lo podían enseñar. Recuerdo que ese día no estaba nadie, solamente estábamos mi novio y yo, o bueno, una persona con la que vivo. Y él decidió enseñarle el cuarto. Yo sinceramente salí a enseñar el cuarto para ver que todo se hiciera bien, para poderle decir a mi mamá y a mi papá que habíamos enseñado el cuarto. Recuerdo que salí con una bata blanca y unas chanclas, la bata blanca me llegaba arriba de la rodilla. Debo confesar que ese día jamás me imaginé muchas cosas que vi. Recuerdo que el señor muy amablemente me dijo que me pasara primero y que subiera la escalera y comencé a subir la escalera, volteé a verlo para decirle que era por la parte de arriba y noté que me venía viendo por debajo de la falda. Entonces lo que hice fue agarrar la falda y pegármela a la pierna, y dejarlo pasar. A lo cual me respondió que no, que siguiera, con una sonrisa. Mi novio iba enfrente. Entonces yo le dije que pudiera pasar para que lo viera. El señor de principio dijo que era un cuarto, que estaba en muy malas condiciones, pero que no tenía dinero para pagar otra cosa mejor. Mi novio le dijo el costo de la habitación y en eso terminó. Cuando mi novio terminó de darle los informes del departamento, yo noté cómo el señor me volteaba a ver y me decía que si no había mucha delincuencia por ahí, le dije, pues que estábamos en una zona peligrosa, que siempre había habido. Entonces le dije que si le gustaba, que ahí estaba el departamento. Le dimos nuestro número de teléfono y él nos hablaría cuando estuviera más interesado o demás. Recuerdo que era un jueves, estábamos comiendo todos en familia y sonó el teléfono de la casa. Cuando estaba mi papá, él dijo que quién era, al parecer era el señor, el señor Francisco. Recuerdo su nombre, que hablaba para el departamento, que sí lo iba a ocupar después de haber ido a pedir informes. Recuerdo que me levanté, me puse nerviosa, no sé por qué. Le dije a mi padre que el señor no me había dado confianza. Mi novio me dijo que tampoco le había dado confianza. A lo que mi padre dijo, ¿por qué? Y dijo mi novio que porque ya se veía muy grande y no sabía de dónde iba a sacar el dinero para pagar. Y yo le dije que igual por lo mismo, pero yo muy en el fondo sabía que era por aquella situación al subir la escalera, que noté que me estaba viendo donde llevaba mi bata. Una cosa llevó a la otra y tomamos la decisión de verlo el sábado y el señor llegó con una mochila y una cobija agarrada del brazo. Él decía que se iba a quedar, que no tenía dónde quedarse, a lo que mi padre respondió que tenía un viejo colchón guardado que se lo iba a prestar. Y le dimos el colchón y el señor lo subió por la escalera y se quedó ahí. Esa misma noche, hay una ventanita que está en mi cuarto que da al pasillo por donde sube la escalera. Recuerdo que me acababa de bañar, me estaba secando el cabello. Y yo siempre me seco el cabello poniéndome la toalla de secado y me la amarro como si fuera un vestido. Me estaba secando el cabello cuando volteé hacia atrás y noté que el señor Francisco estaba pasando por la ventana y volteó a verme. Y me dijo, buenas tardes. Yo le contesté, buenas tardes, intentando cerrar la cortina. Y no sé cómo me volteó a ver de arriba abajo. Es muy incómodo. Le comenté a mi novio que ese señor no me agradaba mucho porque era muy impertinente. Y mi novio me dijo que cuál era el problema, que si él me había hecho algo y le dije que no, pero que no me gustaba la forma en que me miraba. Entonces él se levantó y me dijo, sabes qué, mañana que lo vea voy a hablar con él. Y le contesté que estaba bien, porque me sentía muy incómoda. Ese día en la mañana, mi novio se levantó y dijo, bueno, antes de irme a trabajar voy a hablar con él. Y recuerdo que lo encontró en el patio donde había unos lavaderos y le dijo lo que me había pasado, que no me mirara de esa manera y que me dejara tranquila. El señor contestó, yo nunca le he hecho nada a su esposa, de hecho, solo la vi una vez que fue el día que me enseñaron el departamento y nunca más la vi, pero yo sabía que era mentira, que el viejo estaba mintiendo. Mi esposo vino a mí y me dijo que ya había hablado con el señor y que todo estaba bien, que si me hacía o decía algo se lo dijera. Entonces él se fue. Más tarde, mi mamá me mandó por las tortillas y unas verduras que se ocuparían para la comida, y con la desgracia de ese día me lo encontré de nuevo al viejo ese del cuarto, pasé por un lado sin saludarlo ni verlo y me dijo el muy descarado cuando pasé, qué ricas estás, mi mamacita, mira nomás qué culo te cargas putita. Volteé y le dije, qué le pasa, viejo grosero, le voy a decir a mi marido y él cínicamente solo se rio. Estaba muy enojada y me fui del lugar. Me dije a mí misma, en la noche se lo diré a mi esposo. Cuando regresaba de la tienda tenía que pasar por el baño de los inquilinos y para mi suerte el viejo Francisco estaba en el baño, se escuchaba el agua caer, parecía que se estaba bañando. Pasé lento para que no se diera cuenta que estaba ahí, al pasar por el baño noté que estaba abierta la puertita de madera del baño, no sé por qué volteé y el viejo estaba bañándose, miré y me tapé los ojos y me pasé rápido, pero era demasiado tarde, mis ojos ya habían visto todo, literalmente todo. Aquel viejo estaba enjabonando su cabello como Adán, y pero vi así abajo y lo que vi fue muy, como les digo, muy grande, era enorme, jamás había visto algo así, tan grueso y largo , no sé, no podía pensar con claridad. Sentí algo que jamás había sentido, comencé a sentirme muy mujer, tanto así que me metí a bañar por segunda vez y no dejaba de ver esa imagen. Más tarde, cuando todos estábamos comiendo, mi marido llegó y quería decirle lo que el viejo me dijo, pero no sé, no pude. Estaba metiendo una ropa del niño y el viejo se me acercó por atrás y me dijo al oído, te vi que me estabas espiando, perra..., sé que se te antojó me tomo la mano y me la puso en su verga la tenia paradisima muy dura pero la quite rápidamente . Me volteé y le di una cachetada y me fui corriendo... me alteré muchísimo entonces... ESPERA LA SEGUNDA PARTE . CONTINURA...
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